Las chicas en el Lago

Un viejo tenía un lago en su finca. Después de mucho tiempo, decide ir a ver si estaba todo en orden. Tomó un cesto para aprovechar el paseo y traer unas frutas por el camino…

Al aproximarse al lago, escuchó voces animadas. Vio un grupo de mujeres bañándose, completamente desnudas.

Al verlo, todas se fueron a la parte más honda del lago, manteniendo solamente la cabeza fuera del agua.

Una de las mujeres gritó: ¡No saldremos mientras usted no se aleje!

El viejo respondió: ¡Yo no vengo hasta aquí para verlas nadar o salir desnudas del lago!
Levantando el cesto, les dijo: Estoy aquí para alimentar al cocodrilo….

MORALEJA: Edad, experiencia y oficio, siempre triunfarán sobre la juventud y el entusiasmo.

MC

Los Nazis en la Antartida

Mitos y leyendas del Tercer Reich

La Antártica, (el polo sur), con sus 14 millones de Km2 sigue siendo el continente más enigmático y poco conocido de nuestro planeta. El hallazgo de un enorme lago de agua dulce, emplazado por debajo de la espesa cubierta de hielo de la Antártica Oriental, ha sorprendido a los científicos de todo el mundo.

La Antártica es cuatro veces mas grande que los Estados Unidos, tiene el continente mas cercano que es Sudamérica (La tierra de Fuego) a 3000 Km., su altitud máxima es de 5.000 metros (la mayor del planeta) es el mas antiguo continente compuesto en su mayoría de altas montañas recubiertas de hielo y grandes lagos interiores, es fácil esconder una base sin ser descubierta jamás y mas aun si es subterránea fuera del alcance de los satélites espía, además de que la Antártica hoy en día solo ha sido explorada una mínima parte.

Por lo que se refiere a la Antártica, es importante la utilización que de ella hicieron los navíos de la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine). Durante la Segunda Guerra Mundial estaba sin cartografiar y resulta que los lobos de mar al mando del Almirante Dönitz sabían de la existencia de las grutas antárticas donde un navío se podía cobijar sin ningún problema, llevar a cabo reparaciones, descansar la tripulación y estar tranquilamente sin riesgo alguno a ser localizados.

Pero los planes del Tercer Reich y las actividades de la Kriegsmarine respecto del territorio antártico iban mucho más lejos: los alemanes reclamaron la soberanía sobre un enorme territorio antártico al que denominaron “Neuschwabenland” (Nueva Suabia, en español). En éste territorio construyeron varias bases permanentes, siendo la principal la denominada como “Neuberlin” (Nuevo Berlín).

No por casualidad el Almirante Dönitz, que estaba al mando de la flota de submarinos del Tercer Reich, había declarado durante la guerra lleno de orgullo:

Die deutsche U-Boot Flotte ist stolz darauf, daß sie für den Führer in einem anderen Teil der Welt ein Shangri-La gebaut hat, eine uneinnehmbare Festung“, cuya traducción fiel es:

“La flota alemana de submarinos está orgullosa de haber construido para el Führer, en otra parte del mundo, un Shangri-La, una fortaleza inexpugnable”.

Introducción

Una de las expediciones antárticas menos conocidas es la de los alemanes que, a bordo de una nave llamada Schwabenland, estuvieron en el continente blanco entre el 17 de diciembre de 1938 y el 12 de abril de 1939, unos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.  Esta expedición visitó la parte occidental del territorio que actualmente se conoce como la Tierra de la Reina Maud (Fig. 1).

La expedición surgió de la preocupación del gobierno alemán por el futuro de la industria ballenera nacional.  En esa época, la caza de ballenas era una actividad importante que suministraba aceite, lubricantes, glicerina (para producir la nitroglicerina usada en explosivos), margarina y otros artículos de primera necesidad (Lüdecke 2004: 75; Mills 2003: 552). Alemania invertía mucho en esta industria y su flota ballenera estaba integrada por cincuenta buques cazadores y siete buques factoría, los cuales produjeron 492 532 barriles de aceite en la temporada ballenera de 1938 – 1939.La flota operaba frente a la costa de la Tierra de la Reina Maud, que había sido descubierta por balleneros noruegos (Christensen 1935, 1939), pero todavía no se la conocía oficialmente por dicho nombre. Este territorio se había reclamado en nombre de Noruega, pero sin un anuncio oficial por medio de una proclama real (Mills 2003). El gobierno alemán lamentó no encontrarse en la misma situación en lo referente al Atlántico Sur, en donde Gran Bretaña imponía su derecho de cobrar derechos altos por las concesiones balleneras e imponía restricciones sobre esta actividad. Por lo tanto, se planificó una expedición secreta para reclamar un área de la Antártida para Alemania y buscar allí un lugar adecuado para una base de la flota ballenera alemana (Lüdecke 2004; Mills 2003).

La expedición fue autorizada por Herman Goering como parte del plan alemán de desarrollo económico de cuatro años.  Entre los objetivos que se admitieron públicamente se encontraba la continuación de los estudios científicos iniciados anteriormente en ese siglo por Erich von Drygalski, aproximadamente a los 90° E, y por Wilhelm Filchner en el Mar de Weddell.

Pero también tenía algunos objetivos militares secretos. En el viaje de regreso, tendría la misión de investigar si las aisladas islas brasileñas Trinidade y Martín Vaz, ubicadas a prácticamente 1000 km al este de Victoria en Brasil, eran adecuadas para el desembarco de la Armada Alemana, especialmente para los submarinos (Lüdecke 2004:81). Además, según Mills (2003: 552), Goering deseaba saber más sobre cualquier oportunidad estratégica que pudiera ofrecer el Atlántico, y también aprender sobre el funcionamiento de los aviones a bajas temperaturas, conocimiento que demostraría ser útil durante la invasión alemana a la Unión Soviética.

Se planeó una serie de expediciones. La primera, en el período 1938–1939, iba a trazar mapas de la región por aire con fines de descubrimiento y exploración antes de presentar reclamos territoriales o decidir en dónde ubicar una base ballenera.  La expedición logró, en gran parte gracias al buen tiempo, sobrevolar el territorio entre los 5° O y los  15° E y pudo utilizar fotografía aérea oblicua para trazar mapas de un área de unos 250 000 km2 entre los 11° O y los 20° E aproximadamente, zona a la que denominaron NeuSchwabenland (Brunk 1986: mapa 3; Mills 2003). En esta área descubrieron una nueva cadena montañosa de más 800 km de extensión y 3000 m de altura a unos 200 km de la costa (Ritscher 1942).

1xx

Fig. 1. La Tierra de la Reina Maud, las montañas Mühlig-Hofmann y otras, la ubicación de la base Maudheim de la Expedición Antártica Noruego Británico Sueca de 1949 – 52, y las ubicaciones de las actuales bases nacionales. Un recuadro muestra el sitio de la Tierra de la Reina Maud en la Antártida. Las cotas se muestran a intervalos de 500 metros. El sombreado indica las plataformas de hielo a lo largo de la costa. Los afloramientos rocosos se representan en colores plenos. (Cortesía de Stein Tronstad, Norwegian Polar Institute).

Los noruegos no habían visto estas montañas nuevas cuando exploraron y fotografiaron el borde frente a la Tierra de la Reina Maud desde el aire durante la expedición del Norvegia de 1929. Sin embargo, habían descubierto las Montañas Sør Rondane 200 km tierra adentro cerca de los 26° E, el 6 de febrero de 1937 (Christensen, 1939).

Las expediciones alemanas de seguimiento planificadas para 1939–1940 y 1940–1941, que podrían haber conducido a la construcción de una base si el reconocimiento hubiera sido exitoso, no se pudieron llevar a cabo por el estallido de la guerra (Lüdecke 2004: 86–89). Los autores no pudieron hallar ningún documento alemán que indique que la actividad alemana continuó en la Tierra de la Reina Maud después de la expedición del Schwabenland y durante la Segunda Guerra Mundial (ver también Lüdecke 2004). De hecho, no hubo actividad alemana oficial en la Antártida hasta después de 1959, cuando los primeros alemanes pisaron la Tierra de la Reina Maud con la expedición rusa al Oasis Schirmacher (Gernandt 1984).

Por el contrario, los británicos tuvieron presencia en la Antártida durante la guerra. Como parte de sus aspiraciones coloniales, Gran Bretaña reclamó el segmento de la Antártida ubicado entre las longitudes 20° y 80° O, que incluye la Península Antártica y prácticamente todas las islas circundantes, las Shetland del Sur, Orcadas del Sur, Sandwich y Georgias del Sur, cuyo conjunto se hizo conocido como Islas Malvinas y sus Dependencias; las Islas Malvinas eran las colonia británica más cercana (Fuchs 1982: 20).   La posesión formal de estos territorios se promulgó por Carta Patente en 1908 (enmendada en 1917). Entre 1925 y 1947, Argentina reclamó prácticamente la misma región, al igual que Chile en 1940 (Fuchs 1982: 20–21).

Teniendo en cuenta que, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Argentina y Chile mantenían buenas relaciones con Alemania, Gran Bretaña decidió, durante la guerra, que necesitaba demostrar ocupación como una de las vías para refutar estos reclamos coincidentes.   Los británicos eligieron hacer esto estableciendo bases con una dotación permanente que pudiera ser aprovechada para obtener información sobre la actividad naviera, para negar el uso de puertos a los barcos alemanes y para brindar apoyo a los equipos de investigación que desempeñaban tareas de descubrimiento geográfico e investigación científica (Fuchs 1982: 22 – 54). Con el fin de impedir que los enemigos potenciales usaran las islas como bases, se envió en principio al HMS Queen of Bermuda a Isla Decepción, en la costa oeste de la Península Antártica, en marzo de 1941 para destruir las reservas de carbón y perforar los tanques de combustible. Argentina había colocado marcas de soberanía en Isla Decepción. Pero éstas fueron destruidas en enero de 1943 por el HMS Carnarvon Castle, que izó allí la bandera del Reino Unido (Sullivan 1957).

En 1943, Gran Bretaña comenzó a planificar la ocupación del territorio. La Armada Real montó un ejercicio militar secreto, bajo el nombre clave Operación Tabarín, para establecer bases en la península y en las islas situadas al oeste (Fuchs 1982: 22–54; Mills 2003: 489). Según estos autores, los intereses británicos durante la guerra no alcanzaban a la Tierra de la Reina Maud, 1000 km al este cruzando el Mar de Weddell.

El siguiente hecho bien documentado relacionado con el tema de este trabajo tuvo lugar en las primeras horas del 10 de julio de 1945, dos meses después de la rendición alemana, cuando un submarino alemán, un U-530, entró en la base naval argentina de Mar del Plata (NARA 1985; Blair 1998). Aparentemente el Teniente de Navío Otto Wermuth, el Capitán del U-530, creyó que los argentinos le darían la bienvenida. Su llegada originó muchas especulaciones. Ignorando las noticias del suicidio de Hitler el 30 de abril, muchos creyeron que ese U-530 se las había arreglado para hacer desaparecer de Alemania a Hitler, Eva Braun, Martin Bormann y otros como por arte de magia y que los había desembarcado en la costa de la Patagonia o en una ‘Nueva Berchtesgaden’ en la Antártida.  El 16 de julio, se  publicó un informe detallado del supuesto vuelo de Hitler y su escondite en la Tierra de la Reina Maud, Antártida, en el periódico argentino Crítica, firmado por Ladislas Szabo, un exiliado húngaro que vivía en Argentina (Szabo 1947: 8). Se reprodujo en los diarios más importantes de todo el mundo, por ejemplo con el título “Hitler congelado en la Antártida” (Hitler’s on Ice in Antarctic) en Toronto (Toronto Daily Star, 18 de julio de 1945). Las especulaciones arreciaron cuando el U-977, comandado porOberleutnant Heinz Schaeffer, apareció en Mar del Plata el 17 de agosto (Schaeffer 1952; NARA 1985; Blair 1998).

Como al final de la guerra la Argentina se sumó a los Aliados, Wermuth y Schaeffer y sus tripulaciones se convirtieron en prisioneros de guerra y fueron interrogados por la Armada Argentina, la Armada de los EE. UU. y la Armada Real Británica (Schaeffer 1952).  El interrogatorio se centró en si Hitler y/u otros oficiales nazis de alto rango habían en realidad escapado de Alemania en submarino. Finalmente los interrogadores se convencieron de que el arribo tardío de los submarinos al Atlántico Sur era totalmente inofensivo. Wermuth y Schaeffer fueron liberados.

Pero eso no puso fin a las especulaciones. En su libro Hitler is alive (Hitler está vivo), publicado en 1947, Szabo afirmaba que los dos submarinos eran parte de un convoy que había trasportado a Hitler y otros jerarcas del Tercer Reich a la Antártida, en donde el Schwabenland, a las órdenes del Almirante Dönitzse, había erigido “Nueva Berchtesgaden” entre 1938 y 1939. A pesar de las negativas de Schaeffer (Schaeffer 1952), el rumor continuó propagándose (ver Mattern y Friedrich 1975: 68; Landig 1980).

Buechner y Bernhart (1989: 216) aportaron un a versión diferente: afirmaban que Hitler realmente había muerto en su búnker de Berlín, pero que luego el U-977 había trasportado sus cenizas a la Antártida, en convoy con otros submarinos, en route a Mar del Plata. Según estos autores, las cenizas se depositaron junto con otros tesoros nazis en seis cajas de bronce forradas en plomo que el U-530 había desembarcado en la Tierra de la Reina Maud y colocado en una “cueva natural de hielo muy especial en las Montañas Mühlig-Hofmann” (Buechner y Bernhart 1989: 188). Para otorgar un aire de autenticidad a este cuento, Bernhart afirmó haber sido integrante de la tripulación del U-530, a pesar de que su nombre no figura en el manifiesto del U-530 que proporcionó la Armada Argentina (Szabo 1947: 13–14).

Al igual que el convoy fantasma, “Nueva Berchtesgaden” parece ser producto de la imaginación de Szabo (1947: 155) y desde entonces ha sido uno de los elementos preferidos de la mitología nazi (Goodrick-Clarke 2002). Varios autores aceptan la existencia de la supuesta base y que hubo una conspiración para ocultar información sobre el lugar (por ejemplo, Mattern y Friedrich 1975; Friedrich 1979; Stevens 1997, 2003; Choron fecha desconocida; Farrell 2005; y Robert 2005a 2005b, 2005c). Ampliando los dichos de Szabo (1947: 200–202), y construyendo cada uno sobre la base del anterior, van más allá y sugieren que las fuerzas estadounidenses atacaron la base alemana durante la Operación Highjump en el verano meridional de 1946 – 1947, que esas fuerzas fueron repelidas por las armas secretas de los defensores alemanes, y que en consecuencia las fuerzas estadounidenses tuvieron que abandonar el área antes de lo que estaba previsto.   Con el paso del tiempo, este cuento se tornó más elaborado.

Robert (2005a, 2005b, 2005c) publicó recientemente una versión distinta de estos hechos en una trilogía titulada Britain’s secret war in Antarctica (La guerra secreta británica en la Antártida). Robert asevera que no sólo realmente hubo una base alemana secreta en la Tierra de la Reina Maud durante la Segunda Guerra Mundial, sino que además los británicos la espiaron desde su propia base secreta en la Tierra de la Reina Maud. Este autor afirma que los SAS del Ejército Británico atacaron e intentaron destruir la base alemana cerca de la Navidad de 1945. Según Robert (2005c), ese intento fue infructuoso, como también lo fueron los posteriores intentos de la estadounidense Operación Highjump, y la base alemana finalmente fue destruida mediante la explosión secreta de tres bombas atómicas que se lanzaron sobre ésta en 1958 como parte de las actividades del Año Geofísico Internacional. Robert (2005c) afirma que la verdad sobre la base alemana y los ataques que Gran Bretaña y los Estados Unidos lanzaron sobre ella fue ocultada deliberadamente por los gobiernos de los dos países. El autor describe a este supuesto ocultamiento como “Una farsa de la historia”.

Si fueran verdaderas, las teorías de Szabo, Robert y otros que se enumeran más arriba serían fascinantes para la historia y la ciencia. Es más, existe un elemento de verdad en todos estos cuentos.  Los alemanes realmente intentaron construir una base en la Tierra de la Reina Maud. Además,  que hubo bases británicas secretas en la Antártida durante la Segunda Guerra Mundial. La Operación Highjump  que fue principalmente un ejercicio militar cuyos resultados inicialmente se clasificaron y ocultaron a los ojos de la opinión pública.  que se produjeron tres explosiones nucleares secretas dentro de la región general en 1958. ¿Pero se pueden entretejer estos hechos para armar un cuento global con un hilo conductor, como Robert, Stevens, Farrell, Friedrich, Mattern y Choron pretenden hacernos creer?     ¿O son simplemente fragmentos sin fundamento de la leyenda de la mitología nazi sobre la supervivencia de Hitler como sugiere Goodrick-Clarke (2002)?

 Metodología

Las investigaciones exhaustivas llevadas adelante por otros autores no lograron aportar ninguna prueba documental para respaldar las acusaciones de la prensa publicadas en 1945, ni aquellas formuladas por Szabo, Bernhart y Robert con referencia a los supuestos papeles del U-530 o el U-977 y los movimientos de los altos oficiales nazi o del tesoro al final de la guerra (Newton 1998; Meding 1992).

Sin embargo, como se dice habitualmente, la ausencia de pruebas no es prueba de la ausencia.  Quizás hubo maniobras de encubrimiento.

Quizá fueron muy exitosas. Después de todo, queda claro que existen aspectos de las actividades alemanas, británicas y estadounidenses en la región que, al menos inicialmente, ya sea parcial o totalmente, estuvieron en el ámbito de los secretos militares o de Estado, aun cuando ya hace muchos años que se desclasificaron.

Si bien hay un aspecto indudablemente atractivo acerca de la idea de una base nazi secreta en la Antártida, ante la ausencia de pruebas de su existencia uno se queda preguntándose si no tendrá entre manos ejemplos de la literatura del absurdo como lo representan trabajos tales como el de von Daniken (1968), Chariots of the Gods: unsolved mysteries of the past (Mensajes de los Dioses: misterios no resueltos del pasado), que entretejen el oro de los hechos con la escoria de la especulación, la inventiva y la tergiversación.  La carga de la prueba debería caer sobre las espaldas de los que hacen las afirmaciones. No es suficiente proponer una idea y luego alegar que la hipótesis no es sólida porque se encubrieron las pruebas.

En ciencia, como destacó Sagan (1999: 210–216), podemos partir de resultados, datos, observaciones y medidas experimentales considerados como hechos reales. Después inventamos posibles explicaciones y confrontamos cada una sistemáticamente con dichos hechos hasta que encontramos una explicación que coincida con los hechos en todo sentido hasta donde sea posible. Así la capacitación en este enfoque brinda a los científicos lo que Sagan llama un “equipo de detección de camelos”, que se aplica cada vez que se someten a consideración nuevas ideas.

Si la idea nueva sobrevive al examen de nuestro equipo, le otorgamos una aceptación tentativa. El equipo incluye herramientas de pensamiento escéptico que son conocidas por cualquier investigador, detective o periodista de investigación bien entrenado (Sagan 1999; Park 2001, 2003). Nos ayuda para determinar si Szabo, Robert, Stevens y los otros autores realmente prueban o no su argumento.

Las herramientas incluyen:

  1. los hechos se deben confirmar independientemente siempre que sea posible;
  2. los argumentos respaldados por una autoridad son insuficientes (puede equivocarse);
  3. cuando sea posible, se debe usar la cuantificación: es recomendable evitar lo vago y cualitativo;
  4. si existe una cadena de argumentos, cada eslabón debe funcionar;
  5. usar la navaja de Occam: cuando se presentan hipótesis en competencia para explicar los mismos hechos, usar la más simple;
  6. verificar si la hipótesis se puede falsificar. Comprobar las aseveraciones.

En este trabajo usamos esas herramientas. Entre otros enfoques, hacemos hincapié en la medición y en los análisis geográfico y ambiental como herramientas analíticas. Formulamos preguntas tales como: Dado lo que se conoce sobre el rendimiento de los submarinos, y teniendo en cuenta el momento en que el U-530 y elU-977 partieron de Alemania, ¿alguno de ellos pudo haber visitado Antártida y Argentina en el mismo viaje? Dado lo que se sabe sobre el hielo marino, ¿podría haber visitado cualquier submarino la Antártida en pleno invierno del sur (mayo a julio) de 1945?  Dado lo que se sabe sobre dónde y cuándo se produjeron las explosiones nucleares secretas, ¿podrían haber sido dirigidas contra la supuesta base alemana? ¿En dónde estaba la supuesta base alemana y qué aspecto tenía?

También examinamos en detalle las fechas y la geografía precisas de diversas operaciones antárticas. ¿Hubo tiempo suficiente como para que el Schwabenlandconstruyera una base en las Montañas Mühlig-Hofmann en 1939? ¿La Operación Highjump visitó la Tierra de la Reina Maud y, si lo hizo, pasó un tiempo considerable allí? ¿Las fuerzas británicas estaban en actividad en la Tierra de la Reina Maud durante la guerra?

Utilizando estos distintos medios, apuntamos a poner en evidencia la falacia del razonamiento de Szabo, Robert, Stevens, Farrell, Bernhart, Friedrich, Mattern y otros, y a convencer al lector de que los supuestos misterios que rodean las actividades alemanas, británicas y estadounidenses en la Antártida en este período son el resultado de una combinación de investigación inadecuada, imaginación vívida, mera falsificación y pensamiento ilusorio.

Cuando los misterios desaparecen, también lo hacen las conspiraciones.

Pero así es como debería ser.  Después de todo, como nos recuerda Sagan (1999: 210): “No se trata de si nos gusta la conclusión que surge de una cadena de razonamientos, sino de si la conclusión se desprende de la premisa o del punto inicial y de si esa premisa es verdadera.”

La expedición antártica alemana de 1938 – 1939

La Expedición antártica alemana de 1938/39 (Fig. 2) fue conducida por el Capitán Alfred Ritscher.   No fue una expedición militar, y Ritscher no era un militar, aunque era miembro del Kriegsmarine, el alto mando naval alemán. Estaba al servicio de la Armada en carácter de civil. Lo habían prestado para la expedición porque era uno de los exploradores polares (Ártico) más experimentados de Alemania, navegante y un consumado piloto aéreo. La expedición partió de Alemania el 17 de diciembre de 1938, y desarrolló actividades a lo largo de la costa de la Tierra de la Reina Maud solamente entre el 19 de enero y el 15 de febrero de 1939. El Schwabenland era un aeropuerto flotante de 8000 toneladas que estaba equipado para catapultar hidroaviones. Además, contaba con grúas para recuperarlos de las aguas una vez que acuatizaban y poseía instalaciones completas de abastecimiento de combustible y mantenimiento y reparación. Pertenecía a la aerolínea alemana Lufthansa, cuyas tripulaciones pilotearon y realizaron el mantenimiento de los aviones de Lufthansa durante la expedición (Ritscher 1942; Lüdecke 2004; Sullivan 1957; Mills 2003: 552–554).

2xxx

Fig. 2. El sello de la Expedición Antártica Alemana de 1938 – 1939.

 Para asegurar que la expedición buscara una base ballenera en la zona correcta, la tripulación incluyó a un ballenero avezado, Otto Kraul, que había trabajado en esta región (Kraul 1939).  Kraul también se desempeñó como piloto de hielo y colaboró con la elaboración de una sección sobre las condiciones del hielo del informe de la expedición (Kraul 1942). Así como Kraul, había una dotación de científicos.

Los resultados iniciales del Schwabenland se describieron ampliamente en la literatura científica alemana (Deutsche Seewarte 1939; Wohlthat 1939; Ritscher 1942), y también en relatos populares escritos por Kraul (1939) y Herrmann, el geógrafo de la expedición (Herrmann 1942).  Sin embargo, con el estallido de la guerra el 1 de setiembre de 1939, el trabajo quedó incompleto y los resultados tuvieron mucha menos difusión internacional de la que habrían tenido en caso contrario. Aun después de la guerra, muchas de las publicaciones relacionadas con la expedición estaban en alemán (Ritscher 1946, 1948, 1958; Brunk 1986, 1987; Lüdecke 2004), aunque había algunas referencias a la expedición en inglés (por ejemplo, Sullivan 1957: 124-128), y el libro de Kraul (1939) se tradujo a otras lenguas. No obstante, mapas rudimentarios de las montañas trazados por Ritscher y su tripulación se pusieron rápidamente a disposición, y aparecieron en los mapas nuevos de la Antártida (Bayliss 1939; Bayliss and Cumpston 1939; US Hydrographic Office 1943). El científico sueco Hans Ahlmann leyó los informes de la expedición a principios de la década de 1940 y esto lo llevó a presentar una propuesta en 1945 para la organización de una expedición internacional que sería la Expedición antártica noruego británico sueca (Norwegian/British/Swedish Antarctic Expedition, NBSA) de 1949–52 (Giaever 1954).  Los mapas alemanes se utilizaron para guiar la Expedición NBSA y, más tarde, las expediciones de países que planeaban instalar bases en la Tierra de la Reina Maud.

3xxx

Fig. 3. Hidroavión Boreas en la catapulta del Schwabenland (Cortesía de Lufthansa).

Mientras el Schwabenland recorría las costas haciendo sondeos y recolectando muestras marinas, sus dos hidroaviones Dornier-Wal de diez toneladas, Boreas yPassat, llevaron a cabo el primer reconocimiento fotográfico aéreo sistemático de la Tierra de la Reina Maud, que de hecho fue uno de los primeros reconocimientos de ese tipo en toda la Antártida, sobrevolando el interior del continente entre las latitudes 69° y 74° S, y las longitudes 5° O y 18° E (Brunk 1987).  Más tarde se comprendió que, ante la falta de mediciones de referencia verificadas sobre el terreno, los mapas topográficos realizados a partir de las fotografías aéreas eran algo imprecisos; había picos ubicados hasta 50 km fuera de su posición real y demasiado altos, hasta 1000 m (Giaever 1954). Los mapas se corrigieron a mediados de la década de 1950 (Ritscher 1958) sobre la base de datos verificados sobre el terreno suministrados por la Expedición NBSA, y de nuevo en la década de 1980 por Brunk (1986, 1987), quien comparó las fotografías de la expedición con las del satélite LANDSAT para establecer por dónde habían volado los aviones. En este trabajo, utilizamos las alturas corregidas.

4xxx

Fig. 4. El Schwabenland lanzando un hidroavión (fuente: Ritscher 1942: 48, Fig. 14).

La expedición descubrió que la mayor parte de la costa norte era un acantilado de hielo de unas decenas de metros de altura, situado en el borde que daba al mar de una plataforma de hielo llano flotante de 100 km de ancho en el océano a aproximadamente 70° de latitud S. La plataforma de hielo era el borde flotante de un enorme manto de hielo que se elevaba a un ritmo constante hacia el Polo Sur y culminaba en una meseta a una altura de aproximadamente 2500 – 3000 m.   La elevación lisa del manto de hielo hacia la meseta polar se interrumpía aquí y allá por algunos nunataks y, a una cota de aproximadamente 1500 m, por una vasta cadena de montañas rocosas orientada de este a oeste a una latitud de unos 72° S, alrededor de 200 – 250 km tierra adentro desde el borde de la plataforma de hielo que daba al mar (Fig. 1). Los picos rocosos cubiertos de nieve o expuestos se elevaban entre 500 y 1000 m sobre el manto de hielo, alcanzando una altura máxima de 3148 m en Jøkulkyrka y las Montañas Mühlig-Hofmann (Mills 2003). Para su sorpresa, la expedición descubrió cerca de la costa un área de 34 km2 de roca expuesta que contenía varios lagos pequeños sin hielo, a los que denominaron Oasis Schirmacher, en homenaje al piloto que la descubrió (Ritscher 1942).

5xxx

Fig. 5. El Boreas amarrado al borde de la plataforma de hielo. (Foto cortesía de Scherl/SV-Bilderdienst).

Sólo se realizaron tres aterrizajes, todos sobre la plataforma de hielo. En cada caso, pequeños grupos de personas desembarcaron de un bote de barco o de uno de los dos aviones del barco para realizar breves visitas de menos de un día (Ritscher 1942; Fig. 5).

Antes de la expedición alemana, la mayor parte de la exploración en esa zona la habían llevado a cabo los noruegos y había estado limitada a la costa (Christensen 1935, 1939; Royal Geographical Society 1939; Mills 2003: 535, 549). Las montañas no se habían divisado. Cuando la expedición alemana navegó a la Antártida, Noruega decidió presentar un reclamo formal por la región sobre la base de su descubrimiento previo de la mayor parte de la costa. Esto ocurrió el 14 de enero de 1939 (Giaever 1954; Lüdecke 2004).

No obstante, según lo planeado, la expedición colocó banderas alemanas en algunos puntos estratégicos de la costa, y arrojó en el interior banderas con la esvástica desde aeronaves como base para reclamar lo que Alemania llamaría Neuschwabenland.  Según Giaever (1954), los alemanes lograron mantener su expedición en secreto hasta que se realizó un anuncio oficial el 9 de marzo de 1939. Allí se indicó que habían descubierto e inspeccionado una gran zona de la Antártida y que habían trazado mapas del área desde aeronaves.

Quizá debido al reclamo noruego, no se presentaron reclamos alemanes para anexar el territorio.  De hecho, el advenimiento de los reclamos noruegos parece haber encaminado a los alemanes en otra dirección porque, poco después de que el Schwabenland regresara a Alemania, se analizaron planes para regresar a la Antártida durante el verano meridional de 1939 – 1940 para visitar el sector pacífico entre los 80° y 130° O (Lüdecke 2004: 86). En ese entonces, ningún país había reclamado la costa en esa zona.

La supuesta base alemana

Ninguno de los documentos alemanes menciona intención alguna de establecer una base durante la expedición de 1938 – 1939, así como tampoco que se haya hecho algún intento de hacerlo en aquel momento o posteriormente (Deutsche Seewarte 1939; Wohlthat 1939; Ritscher 1942, 1946, 1948, 1958; Kraul 1939, 1942; Herrmann 1942; Lüdecke 2004).  Es más, las afirmaciones de  Szabo (1947), Mattern y Friedrich (1975), Friedrich (1979), Stevens (1997, 2003), Farrell (2005) y Robert (2005c) acerca de que la expedición estableció una base alemana secreta en la Tierra de la Reina Maud parecerían ser puramente especulativas porque difieren entre sí con respecto a la ubicación de la supuesta base, y con respecto al momento y modo de su construcción, porque uno de ellos inventó las pruebas, y porque ninguno es capaz de citar fuentes de literatura original para respaldar sus aseveraciones.  Por ejemplo (por orden de fecha):

  1. Szabo (1947: 185) conjeturó que el Oasis Schirmacher libre de hielo, ubicado en proximidades de la costa cerca de los 12° de longitud E del lado este de Tierra de la Reina Maud (Fig. 1), hubiera sido un refugio ideal. También asegura que la Expedición Antártica Alemana estableció una base costera inicial, la cual luego usaron los barcos alemanes que participaron en incursiones en el Atlántico Sur, y que allí se almacenaba material llevado por submarinos para la construcción de una base en el interior (Szabo 1947: 161–163).
  2. Mattern y Friedrich (1975: 72) sugirieron que la supuesta base alemana estaba emplazada en una amplia área con centro en los 75° S y 40° E (eso es bastante al este de la zona mostrada en el mapa de la Fig. 1).

Su hipótesis requería que la base hubiera sido atacada en 1947 por los aviones estadounidenses de Operación Highjump, y por lo tanto tenía que estar ubicada dentro del área sobrevolada por esas naves para que su versión tuviera coherencia interna.  Esa ubicación se contradice con la afirmación de los autores de que la supuesta base estaba en la zona inspeccionada por la Expedición Antártica Alemana, la cual no avanzó más al este que aproximadamente 15° E.

  1. Como parte de su intento por demostrar que los alemanes construyeron una base en la zona, Friedrich (1979) falsificó pruebas fotográficas para utilizar como respaldo de la afirmación de que una de las aeronaves alemanas de reconocimiento aterrizó en uno de los lagos del Oasis Schirmacher.    La fotografía que aparece en la p. 65 del trabajo de Friedrich con el epígrafe “Hidroavión anclado en una de las lagunas de aguas cálidas” es una copia de una fotografía tomada al borde del hielo marino y expuesta por Herrmann (1942; 164–165) con el epígrafe “Das erste deutsche Flugzeug ist am Rande des Südpolkontinents gelandet”, que significa:  “Aterriza el primer avión alemán en el borde del continente del Polo Sur”. Mattern y Friedrich (1975: 189) intentan un enfoque similar empleando una fotografía con el epígrafe “Hidroavión alemán en el oasis sin hielo con lagos de aguas cálidas”.  La fotografía muestra el hidroavión amarrado en el borde de una extensión llana de hielo, la cual tiene una altura equivalente a la parte más alta del fuselaje de la aeronave, y hombres de pie sobre dicha plataforma mirando hacia abajo. Dado lo que se sabe tanto sobre la plataforma de hielo costera como sobre el Oasis Schirmacher (ver, por ejemplo, Borman y Fritzsche 1995), queda claro que la imagen muestra la plataforma de hielo llana y gruesa contigua al océano, y no un lago del oasis. De hecho, Schõn (2004: 57) aporta una fotografía casi idéntica, que se sabe muestra el borde de la plataforma de hielo, y otro ejemplo adicional se presenta en la Fig. 5.   Los diarios de las aeronaves de la expedición alemana confirman nuestra interpretación (Ritscher 1942: 263–264). Ninguno de los lagos era lo suficientemente grande como para acuatizar. Eso decepcionó a Ritscher, quien sobrevoló el oasis y observó que ofrecía condiciones favorables para levantar una base logística para futuras actividades de investigación antártica (Borman y Fritzsche 1995: prólogo).
  2. Landig (1980) ubicó la base cerca de la longitud 12° E en el macizo Wohlthat (Fig. 1) entre las Montañas Conrad en el oeste y el pico Ritscher en el este, tierra adentro desde el Oasis Schirmacher, y al este de las Montañas Mühlig-Hofmann.
  3. Buechner y Bernhart (1989: 188) afirman que en 1945 hombres del U-530 visitaron una cueva natural de hielo muy especial que había sido descubierta en las Montañas Mühlig-Hofmann por la expedición de Ritscher de 1938–1939, cuya entrada había sido reforzada con paredes de acero y escaleras por parte de una expedición posterior en 1943. Si bien uno podría suponer que estos autores sabían de lo que hablaban, ya que uno de ellos (Bernhart) sostenía que había prestado servicio en un submarino (U-530) que había trasportado el tesoro a esta cueva en 1945, y que lo había recuperado en 1979, el lector debe tener en cuenta que se contradicen con su afirmación de que Ritscher descubrió las cuevas al escribir que “Partidas costeras de las primeras expediciones de submarinos habían descubierto una o más cuevas naturales de hielo en las Montañas Mühlig-Hofmann” (Buechner and Bernhart 1989: 147).
  4. Stevens (1997: 48) sostiene que la base estaba ubicada en los 71° 30 S, 14° 51 O, es decir, cerca de las Montañas Wohlthat y el Oasis Schirmacher, y a unos 240 km de las Montañas Mühlig-Hofmann.  Como se puede apreciar en la Fig. 1, este lugar está ubicado en las suaves laderas abiertas del manto de hielo aproximadamente a mitad de camino entre el Oasis Schirmacher y el macizo Wohlthat.  Con respecto al momento, Stevens (2003: 246) cita un informe que señala: “durante la guerra se realizaron reiterados viajes en las inmediaciones y en ese momento se estableció allí una base permanente”. Como respaldo, cita novelas alemanas de Landig (1980, 1991) que, indica, describen “esta y otras bases alemanas secretas de la posguerra en la Antártida” (Stevens 2003: 246).
  5. Tras consignar que “Se rumoreaba que el puesto de avanzada nazi… había existido entre las Montañas Mühlig-Hofmann”, Robert (2005a, 2005c) continúa y afirma que estaba ubicado dentro de los 320 km del lugar donde los británicos construyeron su propia base secreta de guerra.  Entonces ésta debe encontrarse primero. Según Robert (2005a), los británicos le dieron el nombre “Maudheim” a la base. Nos referimos a esta supuesta base británica de guerra como “Maudheim-1” para evitar confundirla con la base de la Expedición NBSA de 1949 – 1952, la cual también se denominó Maudheim (ubicada en la Fig. 1; y ver Giaever 1954; Swithinbank 1999). Robert (2005a) declara que: “La baseMaudheim [es decir, “Maudheim-1” como se mencionó anteriormente], cerca de la cadena montañosa Mühlig-Hoffmann en Montañas Mühlig-Hofmann en la Tierra de la Reina Maud… era tan secreta que nunca se le dio un nombre, ni siquiera una coordenada en los mapas oficiales”. No obstante, él confirmó la ubicación durante una comunicación personal con uno de nosotros (emitido el 26 de octubre de 2005) de la siguiente manera: “se supone que las coordenadas de la expedición 1945/46 son las mismas que las de la expedición conjunta británico sueco noruega de 1949/52” (es decir, Maudheim en la Fig. 1).

Así, Robert supone que la supuesta “Maudheim-1” de guerra y la verdadera Maudheim de la Expedición NBSA estaban en el mismo lugar. Eso difícil de creer, ya que la Expedición NBSA encontró por casualidad su sitio en febrero de 1950, y no existen pruebas de que hayan encontrado ningún rastro de ocupación previa en la zona (Giaver 1954; Swithinbank 1999). De todos modos, la supuesta base alemana no puede estar al mismo tiempo en las Montañas Mühlig-Hofmann y dentro de los 320 km de Maudheim, ya que las Montañas Mühlig-Hofmann están por lo menos a 440 km al este de Maudheim entre las longitudes 7,5° E y 0° E (Fig. 1). El lector debe juzgar la fiabilidad del testimonio anecdótico de Robert, cuya fuente es “un relato brindado por un oficial de guerra de los SAS” (Robert 2005a, 2005b).

  1. Con respecto al momento, Robert (2005a) afirma que: “al mes de que habían comenzado las hostilidades en Europa, los alemanes regresaron a Neuschwabenland  para finalizar lo que habían empezado; muchos sugirieron que se estaba construyendo una base”.

Resulta claro que hay casi tantas opiniones sobre la ubicación de la supuesta base como autores que escriben sobre ella. Del mismo modo, mientras varios autores parecen estar de acuerdo en que dicha construcción pudo haber sido iniciada por Ritscher (a principios de 1939), existen opiniones divergentes en cuanto a cuándo continuó la construcción (por ejemplo, a fines de 1939, a un mes del comienzo de las hostilidades en Europa, “en 1943”, o a lo largo de toda la guerra). Según Buechner y Bernhart (1989: 145), la idea de que los submarinos cubrían el trayecto entre Alemania y Neuschwabenland llevando carga y partidas costeras a la base “no se ha verificado”.

Varios de los autores respaldan sus aseveraciones apelando a una o dos afirmaciones que se le atribuyen al Almirante Dönitz. En la primera cita, Buechner y Bernhart (1989: 154) nos dicen que, en 1943, Dönitz dijo: “La flota alemana de submarinos se enorgullece de haber construido para el Führer, en otra parte del mundo, un Shangri-La sobre la tierra, una fortaleza inexpugnable”.   Prácticamente la misma cita aparece en Szabo (1947: 128), Barton (1960), Mattern y Friedrich (1975: 44), Beuchner y Bernhar (1989: 172), Stevens (1997: 2), Robert (2005b) y Farrell (2005); cada autor parece haber copiado a alguno de sus antecesores.  En la segunda cita, Robert (2005b)  nos dice que: “Dönitz hizo una declaración en 1946, supuestamente mientras lo enjuiciaban en Nuremberg, en la que alardeaba de una ‘fortaleza invulnerable, un oasis paradisíaco en medio de los hielos eterno’”. Farrel (2005) usó esta misma cita, tomándola de Stevens (1997: 2) quien, a su vez, la tomó de Mattern (1974). Ninguno de estos autores cita ninguna fuente original publicada de las citas, de modo que todavía está por verse si Dönitz hizo o no las declaraciones que se le atribuyen.  Aun si las hizo, pudo haberse referido tanto al Ártico como a la Antártida.

¿Cuán factible es la idea de que entre sus muchas otras tareas el Schwabenland y su tripulación hayan contado con el tiempo necesario para construir una base ya sea en la costa o 250 km tierra adentro en las Montañas Mühlig-Hofmann? A la Expedición NBSA le llevó 18 días construir su primer refugio en su base Maudheim en febrero de 1950 (Giaever 1954). Utilizaron excavadoras tipo “Wessel” con tractores para mover los equipos. A la partida de Amundsen al polo sur le llevó 14 días construir su refugio en la base Framheim en enero de 1911 (Amundsen 1912). Emplearon trineos, y 80 perros. En cambio, el Schwabenland estuvo alejado de la costa tan sólo un mes. Los diarios del barco y otras publicaciones muestran que pasó la mayoría del tiempo yendo y viniendo, y lanzando y recuperando hidroaviones, y el resto del tiempo recogiendo muestra marinas (Ritscher 1942; Hermann 1942).  Hubiera habido muy poco tiempo para que desembarcara los pertrechos y el equipo necesario para construir una base ya sea en la costa o tierra adentro. De hecho, antes de que el primer avión volara tierra adentro, los alemanes ni siquiera sabían que había una cadena montañosa en la que construir una base. La suya fue una travesía de descubrimiento en la que levantaron mapas a medida que avanzaban. Y sin un mapa no es posible planear construir una base.

Como no existen pruebas de que el barco trasportara equipo motorizado o perros, la construcción de una base en las montañas hubiera implicado que la tripulación hiciera lo mismo que Scott y Shackleton y que, una vez que hubieran ubicado las montañas por medio de las fotos aéreas, hubieran caminado hacia ellas surcando un terreno que no figuraba en los mapas, peligroso y repleto de grietas remolcando sus provisiones y equipo. Scott y Shackleton avanzaron aproximadamente 24 km diarios con buen tiempo en sus caminatas por el Polo Sur (Solomon 2001: Fig. 43), y con frecuencia contaban con el beneficio de depósitos de provisiones instalados anteriormente.

Los autores calculan que, en circunstancias óptimas, y sin cargas pesadas, dada su inexperiencia, a la tripulación alemana le hubiera llevado por lo menos 10 días llegar a las montañas y otros 10 de regreso, lo que les habría dejado menos de 10 días para construir una base de montaña. Si también hubieran tenido que trasportar el equipo pesado, el ejercicio les habría llevado mucho más tiempo. Nada de esto parece probable, y menos porque hasta la finalización del reconocimiento aéreo no habría habido mapas para guiarlos. De todos modos, los únicos trineos de la expedición parecen haber sido aquellos que cada aeronave llevaba para casos de accidente (Ritscher 1942). La tripulación hubiera tenido más probabilidades de construir un refugio cerca de la costa, pero en los informes oficiales o extraoficiales de la expedición no hay signos de que hayan llevado materiales para realizar esta tarea.

Nuestro análisis no sólo descarta la posibilidad de que las aeronaves no hayan meramente llevado a cabo sus obligaciones de reconocimiento, sino también de que hayan actuado como trasporte llevando gente y equipos a las montañas. Las aeronaves no eran grandes y, como mucho, podrían haber trasportado una carga de 10 personas. Fotografías de los informes de la expedición, de Lufthansa y de archivos de periódicos alemanes muestran claramente que los hidroaviones de la expedición no estaban equipados para aterrizar en superficies sólidas. Se sabía que un Dornier-Wal había despegado de un témpano de hielo, cuando Amundsen y Ellsworth y sus colegas quedaron varados cerca del Polo Norte entre mayo y junio de 1925 (Amundsen 1927). Pero eso fue en una emergencia, después de que la aeronave de Amundsen había encontrado los canales de navegación cerrados al tratar de acuatizar.

Es extremadamente improbable que el Boreas o el Passat hayan aterrizado en un área de hielos tierra adentro entre las montañas de la que no poseían mapas, y no existen pruebas ni en los informes escritos ni en fotografías de que lo hayan hecho.

Los autores llegan a la conclusión de que el tiempo, la falta de mapas y las condiciones de los hielos (grietas ocultas) hubieran atentado contra cualquier intento de construir una base en las montañas durante el breve tiempo que la expedición estuvo en el área, y que lo máximo que se podría haber logrado hubiera sido la construcción de un refugio costero de algún tipo, de lo cual no hay ninguna prueba en absoluto. Nuestra conclusión es concordante con los documentos alemanes (por ejemplo, Deutsche Seewarte 1939; Ritscher 1942; Hermann 1942; Lüdecke 2004), los cuales dejan en claro que la tarea desarrollada en 1939 fue la de reconocimiento. Asimismo, la afirmación de que los alemanes regresaron en el verano meridional de 1939/40 o más tarde para continuar trabajando en la hipotética base no encuentra respaldo en la literatura histórica o científica alemana.

Dejando de lado la ubicación y el momento, es necesario considerar la escala de la operación.

Szabo (1947: 162, 163, 173) conjetura que el refugio habría sido inmenso, y que albergaría a varios cientos si no algunos miles de personas que, si Alemania perdía la guerra, podrían continuar fabricando nuevas armas poderosas para un eventual resurgimiento. Buechner y Bernhart (1989: 156) afirman que “a mediados de 1940, llegaban en submarinos gran cantidad de víveres, vestimenta, combustible y todo otro artículo imaginable necesario para instalar el refugio de Hitler. Incluían materiales de construcción, tractores, armas, aparatos de destilación, maquinarias, equipos de radio, personal, ingenieros y científicos. En los siguientes cuatro años se construyeron refugios y se excavó una montaña”. Stevens (1997: 39) indica que la base era una instalación permanente muy grande, construida en túneles excavados en la roca sólida, abastecida por un submarino y un plato volador. Robert (2005a, 2005b), citando al supuesto último sobreviviente de una incursión de la SAS británicos sobre la base, nos dice que ésta estaba en una “enorme caverna subterránea que” aparentemente “contaba con calefacción geotérmica”. “En la enorme caverna había lagos subterráneos… Los nazis habían instalado una inmensa base en las cavernas y hasta habían construido muelles para submarinos, y supuestamente se individualizó uno”.  También: “se había documentado la presencia de hangares para extraños aviones y una abundancia de excavaciones…La energía que estaban utilizando los nazis provenía de la actividad volcánica, la que les daba el calor para el vapor y también colaboraba con la producción de electricidad… nos abrumó la cantidad de personal que se escurría como si fueran hormigas… se estaban levantando… inmensas construcciones… los nazis, aparentemente, hacía mucho tiempo que estaban Antártida”.

¿Tienen alguna credibilidad estos relatos?

Enfoquémonos en el relato de Robert, cuya fuente era un supuesto hombre de los SAS a quien, según afirmó Robert en una comunicación personal con uno de nosotros (emitida el 26 de octubre de 2005), no tiene autorización para nombrar porque él (Robert) trabaja para el Ministerio de Defensa del Reino Unido.  Al lector puede resultarle extraño que, si bien Robert (2005a) dice que: “el último sobreviviente me relató lo siguiente”, dijo a uno de nosotros en una comunicación personal referida al tema anterior que “el relato del Oficial de los SAS me lo contó un pariente cercano (ahora fallecido)”.

Quizá su cuento podría parecer un poco más creíble si existiera alguna evidencia geológica de actividad geotérmica en esta parte de la Antártida. Pero no hay ninguna. La idea de que había alguna actividad de este tipo proviene de Herrmann, el geógrafo de la expedición alemana, quien pensó que los lagos sin hielo del Oasis Schirmacher debían de ser calentados geotérmicamente por emanaciones volcánicas del interior de la Tierra. Herrmann (1942: 164) conjeturó que se extendía una falla en la corteza terrestre bajando por la mitad del Atlántico atravesando los volcanes Jan Mayen, las Azores, Ascensión, Tristan da Cunha y Bouvetøya, y supuso que continuaba hacia el sur cruzando la Tierra de la Reina Maud más o menos a través del Oasis Schirmacher y se conectaba con el Monte Erebus del otro lado de la Antártida. En parte tenía razón y se le debe reconocer el crédito por esta perspicacia temprana. Los volcanes del Atlántico central realmente se extienden a lo largo de una fisura en la corteza terrestre entre dos placas tectónicas: la Americana y la Africana. Esta es, por supuesto, la zona central de fallas del Arrecife del Medio Atlántico. Posee volcanes activos y también cuenta con abundantes chimeneas hidrotermales de agua caliente (German y otros 1996). Lamentablemente para la teoría de Herrmann, el Arrecife del Medio Atlántico se detiene en un cruce en el sistema de arrecifes en mitad del océano a una latitud aproximada de 54° S, cerca de la isla de Bouvetøya (ver German y otros 1996: Fig.10.1; Times Atlas 2000: 32–33, plate 122). El sistema de arrecifes en mitad del océano no llega más al sur que los 60° S en esta zona, lo cual significa que sus volcanes y fluidos hidrotermales están todos más de 1200 km al norte de la Tierra de la Reina Maud.  Además, si bien existen volcanes en la Antártida, por ejemplo el Monte Erebus en el Mar de Ross y en la Isla Decepción frente a la Península Antártica, no se ha registrado actividad volcánica o geotérmica en la Tierra de la Reina Maud (Tingey 1991). Por lo tanto, aquellos que siguen la teoría geotérmica de Herrmann (por ejemplo, Friedrich 1979; Stevens 1979, 2003; Farrell, 2005) están equivocados.

Friedrich (1979: 71), posteriormente copiado por Robert (2005b), supuso que la falla volcánica de Herrmann estaba asociada con una profunda fosa submarina que constituiría una excelente ruta en las profundidades del mar para que los submarinos entraran en la Antártida.    Como esta línea volcánica no corre a través de la Tierra de la Reina Maud, tampoco puede hacerlo la fosa. No obstante, es probable que existan canales trazados en el lecho marino debajo de las plataformas de hielo por los glaciares o aguas de deshielo cuando el nivel del mar era más bajo en el pico de la última era de hielo unos 20 0000 años atrás.   Dichos canales están bien registrados en los mapas de los mares de Ross y Weddell, pero no tan bien en el resto debido a la dificultad de realizar sondeos debajo de las plataformas de hielo (Anderson 1991, 1999; Bentley 1991). Como se menciona anteriormente, las plataformas de hielo son extensiones del manto de hielo hacia el mar. Son bastante gruesas: La que está debajo de la base Maudheim de la Expedición NBSA tiene alrededor de 200 m de espesor (Giaever 1954; Giaever and Schytt 1963; Swithinbank 1999). Y aumentan de grosor hacia la tierra, mientras que, por debajo, el lecho marino se eleva hacia la costa. Finalmente, el lecho marino que se eleva y la plataforma de hielo que se hunde se encuentran cerca de la costa en la denominada “línea de tierra”. Los canales del lecho marino se llenan de hielo cuando se extienden más allá de la línea de tierra ingresando en el continente, así que no ofrecen rutas para submarinos. De todos modos, los submarinos no pudieron haber penetrado por debajo de las plataformas de hielo para alcanzar la costa sumergida de la Tierra de la Reina Maud porque la línea de tierra normalmente está entre los 300 y 100 m de profundidad, más allá de los 250 m de alcance de profundidad de los submarinos de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, semejante descenso hubiera sido extremadamente imprudente ya que no se contaba con mapas de la forma del lecho marino ni de la cara inferior de la plataforma de hielo. No sólo no hay forma de que un submarino ingrese, sino que además parece altamente improbable (dado todo lo que sabemos sobre las ubicaciones privilegiadas de los refugios de submarinos a lo largo de las costas europeas) que los alemanes hubieran deseado complicarse a tal punto de llevar sus submarinos hasta lagos ubicados en las montañas a uno 200 km tierra adentro con respecto al mar.

En efecto, existen lagos debajo del manto de hielo, pero no en cuevas. Existen espejos de agua en las depresiones de la roca debajo de enormes acumulaciones de hielo de más de dos kilómetros de espesor. Se forman en el límite entre la roca y el hielo a causa de la combinación del lento calentamiento de la Tierra por debajo y la presión de la masa de hielo por arriba (Hansom y Gordon 1998; Stonehouse 2002; Bell y otros 2006). No existe espacio de aire sobre estos lagos; no se podría vivir allí abajo.

Descartadas las enormes cavernas con lagos subterráneos y fuentes geotérmicas, de todo lo cual no existen pruebas, el relato de Robert del hombre de los SAS parece ser meramente de ficción. En este contexto, parecería que las aseveraciones de Szabo sobre una posible base fueran puro invento, una base endeble sobre la que otros construyeron un castillo de naipes.

Por último, vale la pena reflexionar sobre el hecho de que la Tierra de la Reina Maud ha sido visitada en innumerables oportunidades por más de 1000 científicos, ninguno de los cuales informó haber descubierto ningún indicio de una base alemana de guerra. A la Expedición NBSA de 1949–1952 le siguió el Año Geofísico Internacional de 1957–1958, durante el cual Noruega y Bélgica tuvieron bases en la Tierra de la Reina Maud. Desde entonces, la cantidad de bases en esa zona se cuadruplicó (Fig. 1). Existe un tráfico aéreo considerable y Landsat (Brink 1987) trazó mapas de toda la región. Si bien algunos podrían argüir que a esta altura la supuesta base estaría enterrada en la nieve, se debe recordar que el interior de la Antártida es prácticamente un desierto. Las precipitaciones son más altas cerca de la costa, no en las montañas en donde el viento impide la acumulación y donde se supone que estuvo ubicada la base (ver, por ejemplo, Ohta 1999).

 Operación Tabarín

Robert (2005a) afirma que: “La existencia de una base antártica nazi oculta en enormes cavernas se consideró lo suficientemente factible como para que los británicos instalaran bases en muchas partes de la Antártida durante la guerra en respuesta a la amenaza”. Las fuerzas británicas eran parte de la Operación Tabarín (Robert 2005a), y “Las bases británicas conocidas estaban principalmente en la Península Antártica… y en las islas que la rodean… aunque se levantaron algunas en el continente”. Robert (2005c) alega que una de estas bases, de la que no existe registro, “se concentraba en investigar la Tierra de la Reina Maud”.  Esta es la base a la que nos referimos como “Maudheim-1” (ver más arriba). Robert (2005a) sostiene que los alemanes atacaron lo que llamamos “Maudheim-1” en julio de 1945, y que los SAS acudieron al rescate, por lo que pasó “Navidad de la Segunda Guerra Mundial… 1945 luchando contra… los nazis”.  El lector notará que en la Navidad de 1945 hacía siete meses y medio que se había terminado la guerra contra Alemania.

Podemos verificar las sugerencias de Robert comparándolas con lo que se publicó sobre la Operación Tabarín (por ejemplo, ver James 1949; Fuchs 1982: 22–54; Headland  1989, en imprenta; Squires 1992; Stonehouse 2002; Mills 2003). Si bien Tabarín fue secreta en su momento, estas publicaciones posteriores aclararon sus actividades. Los miembros de la expedición partieron de Londres en noviembre de 1943 con destino a las Islas Malvinas. Desde allí, zarparon con destino a la Antártida el 29 de enero de 1944, dirigiéndose a Isla Decepción, en las Shetland del Sur, para instalar la Base B. Llegaron a la isla el 3 de febrero. Una vez que establecieron una partida costera, navegaron con rumbo a Bahía Esperanza en la punta de la Península Antártica para establecer la Base D. Pero el mal tiempo arruinó ese plan. En cambio, instalaron la Base A, en la Isla Goudier de Puerto Lockroy, un lugar abrigado en la costa sur de la Isla Wiencke, en el archipiélago Palmer al oeste de la Península Antártica. Los dos barcos de la expedición dejaron Puerto Lockroy el 17 de febrero de 1944, y uno regresó en marzo con víveres frescos. La Base D se instaló en Bahía Esperanza entre el 12 y el 28 de febrero de 1945.

Estas bases eran diminutas. Había 5 personas en Isla Decepción en 1944, 4 en 1945 y 4 en 1946; había 9 en Puerto Lockroy en 1944, 4 en 1945 y 4 en 1946; había 13 en Bahía Esperanza en 1945 y 8 en 1946 (Fuchs 1982: 347). Cada una tenía una tripulación de observadores navales, radio operadores y científicos, ya que el gobierno creía que esta era una oportunidad para continuar estudios científicos similares a los realizados por la Expedición Británica a la Tierra de Graham en 1934–1937. Las principales actividades fueron de carácter científico y se pensaba que eran esenciales para respaldar los reclamos territoriales británicos.

Después de la guerra, en julio de 1945, la Operación Tabarín se convirtió en una actividad civil, el Reconocimiento de las Dependencias de las Islas Malvinas (Falkland Islands Dependencies Survey, FIDS) (Fuchs 1982: 55). El programa de trabajo científico continuó sin sufrir reducciones, como así también las visitas regulares a las bases para aprovisionarlas de combustible y víveres, y para relevar al personal. Se crearon bases nuevas, entre las que se destacan la C (Cabo Geddes) en enero de 1946, la E (Isla Stonington) en febrero de 1946, la F (Islas Argentinas) en enero de 1947, la G (Bahía Almirante) en enero de 1947 y la H (Isla Signy) en marzo de 1947 (Fuchs 1982: 55–91). El patrón de instalar y regresar a visitar las bases, que se inició en 1944, y que Robert (2005a, 2005c) consideró muy elocuente y misterioso, es simplemente lo que se requería para la operación de las bases en la región.

No existen pruebas contundentes que respalden la aseveración del Robert (2005a, 2005b, 2005c) en cuanto a que la Operación Tabarín instalara alguna base en la costa de la Tierra de la Reina Maud. De hecho, es altamente improbable que los británicos consideraran establecer una base allí, porque estaba dentro del área reclamada por Noruega y bastante fuera del límite de las Dependencias de las Islas Malvinas del Reino Unido. Nuestro análisis también confirma que Robert (2005c) estaba equivocado al afirmar que: “Gran Bretaña no envió misiones [a la Antártida] a partir del comienzo de la Operación Highjump  [a fines del verano de 1946] hasta 1948, tiempo durante el cual los Estados Unidos tuvieron a la Antártida toda para ellos”. De hecho, en 1947, cuando la Operación Highjump estaba en actividad en la zona del Mar de Ross (ver a continuación), había cinco bases británicas civiles operando en la Antártida Occidental (Fuchs 1982).

¿Cuáles son las pruebas de que los SAS hayan operado en la región? ¿Los hombres de los SAS estuvieron en las Islas Malvinas en octubre de 1945 como afirma Robert (2005a, 2005b, 2005c)? Una biografía del ex Comandante del 1er Regimiento de los SAS, Teniente Coronel B. Mayne, sugiere (equivocadamente) que él arribó a las Malvinas en setiembre de 1945 (Dillon y Bradford 1987). Una investigación posterior más cuidadosa por parte de Ross (2003) basada en el diario de Mayne y en los documentos de la familia Mayne, muestra que Mayne llegó a las Islas Malvinas recién en enero de 1946. Los acompañaban los Mayores J. Tonkin y M. Sadler, ambos de los SAS.

Estos tres hombres habían sido dados de baja del Ejército cuando el Regimiento del SAS se disolvió a principios de octubre de 1945. Avizorando un desafío en el trabajo en la Antártida, habían firmado contratos civiles por 2 años en el recientemente formado FIDS. Mayne llegó a Montevideo en route a las Malvinas el 8 de diciembre de 1945; Sadler y Tonkin arribaron un poco después. Mayne sería el subcomandante de la expedición que relevaría las bases antárticas existentes e instalaría nuevas. La expedición dejó Montevideo hacia las Malvinas en tres grupos: el 21 de diciembre, el 26 de diciembre (con Sadler) y el 30 de diciembre (con Mayne y Tonkin). Mayne y Tonkin llegaron a Puerto Argentino el 3 de enero de 1946. Partieron navegando desde allí el 9 de enero y relevaron la Isla Decepción el 13 de enero y Puerto Lockroy el 17 de enero antes de regresar a Puerto Argentino el 23 de enero. Como Mayne sufría de un dolor de espalda intenso debido a una vieja herida, lo internaron en Puerto Argentino. Como no podía continuar el trabajo, partió al Reino Unido, y llegó en marzo de 1946 (Ross 2003).

Tonkin y Sadler ayudaron a instalar una nueva base científica en Isla Stonington, en Bahía Margarita, en la costa oeste de la Península Antártica, en febrero de 1946.  Sadler todavía estaba allí en el verano meridional de 1947 (Fuchs 1982: 347).

Si Robert creyó el relato de Dillon y Bradford (1987), podría haber supuesto que los hombres de los SAS podrían haber estado entrenando en las Malvinas en octubre de 1945 para una misión antártica. Parecería altamente improbable que hubiera otro grupo de personal del SAS en las Malvinas aproximadamente en el mismo momento que el grupo de Mayne. De hecho, si lo hubiera habido, habría sido altamente improbable que Mayne hubiera omitido mencionarlo en su diario o que su biógrafo no se hubiera dado cuenta.

La anécdota infundada de Robert (2005a) de que los soldados de los SAS estuvieron activos en la región en octubre de 1945 y hasta Navidad, y de que luego de su misión de Navidad de 1945, “los sobrevivientes británicos fueron desmovilizados” no coincide con los hechos. Cualquier tipo de actividad de los SAS en la región no es factible dado que el Regimiento SAS fue disuelto en octubre de 1945, y no se reconstituyó hasta 1948.

En resumen, los autores creen que Robert está equivocado en todos los puntos. Los británicos no estaban haciendo nada misterioso en la Antártida durante ni inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. No establecieron una base de Guerra en la Tierra de la Reina Maud, ni tampoco enviaron al SAS a ésta desde las Islas Malvinas a fines de 1945. De todos modos, tal operación no pudo haber sido parte de la Operación Tabarín, la cual se había traspasado de la armada al sector civil (Oficina Colonial) en julio de 1945. Y tampoco pudo haber sido una operación de los SAS, ya que estos habían sido disueltos en octubre de 1945.

¿Visitaron la Antártida los submarinos U-530 y U-977? 

Fue Szabo (1947) quien inventó la historia de que estos dos submarinos habían conducido un convoy que llevó a Hitler a la Antártida. Lo hizo para explicar por qué les había llevado tanto tiempo a los dos submarinos llegar a Mar del Plata. Su relato se ha reproducido ampliamente, por ejemplo por Robert (2005a), entre otros.

Los informes de los interrogatorios, y las observaciones del U-530 por parte de los interrogadores, nos dicen que el U-530 era un submarino Tipo IXC (Fig. 6, NARA 1985; Blair 1998). La denominación correcta es Tipo IXC/40. Estas naves podían alcanzar los 19 nudos en la superficie y 7,3 sumergidos, tenían una autonomía de 22 150 km a 10 nudos, y de 100 km sumergidos a 4 nudos, y alcanzaban una profundidad nominal de 230 m (Blair 1996, 1998; Wynn 1998; Sharpe 1997).

No existen pruebas contundentes para respaldar la propuesta de Szabo (1947: 28-29) de que el U-530 no era el “verdadero” U-530, sino una embarcación mucho más grande. Buechner y Bernhart (1989: 180), Stevens (1997: 27) y Farrell (2005) adornaron dicha suposición afirmando que el U-530 era una embarcación moderna rápida Tipo XXI capaz de desarrollar 30 nudos bajo el agua (equivalente a 55 km/hora). De hecho, los submarinos Tipo XXI sólo podían alcanzar una velocidad de 32 km/h sumergidos, lo cual equivale a 17,2 nudos. De todos modos, sólo un submarino Tipo XXI llegó a combatir (Blair 1996, 1998; Wynn 1998; Sharpe 1997).

Según los archivos del interrogatorio, el capitán del U-530 era el Teniente de Navío Otto Wermuth (NARA 1985; Blair 1998: 688). Szabo (1947: 25, 29) se refirió a él como Wermoutt, pero sugirió, porque el capitán se había desecho de los papeles del barco antes de entrar al puerto, que este nombre podría ser un seudónimo, una idea que copiaron Mattern y Friedrich (1975: 70–71). Una confirmación independiente de que el nombre era Wermuth surge del trabajo de Schaeffer (1952). Este era el capitán del U-977, quien registra un encuentro con el capitán del U-530  en Washington posteriormente ese mismo año. No existen pruebas que sugieran que el capitán del U-530 fuera un tal Wilhelm Bernhard, como asevera Robert (2005a). Ni el nombre Wilhelm Bernhard ni otro parecido aparecen en la lista de la tripulación delU-530  suministrada por la Armada Argentina en 1945 (Szabo 1947: 13-14). De hecho, Stevens (1997: 27) y Farrel (2005) sugieren que Bernhard(t) era un seudónimo de un tripulante del U-530. Este es el Bernhart de Buechner and Bernhart (1989) (ver arriba).

6xxx

Fig. 6. El U-530 en el puerto de Mar del Plata, Argentina. (Foto cortesía de Daniel Mesa por medio de Carlos Mey).

Según los informes del interrogatorio (NARA 1985; ver también Szabo 1947), los cuales estaban basados en las entrevistas debido a que los documentos del barco se habían destruido, el U-530 partió de Kristiansand en Noruega el 3 de marzo de 1945, permaneció 10 días en Horton en el Fiordo de Oslo, y luego salió al mar abierto el 13 de marzo. Mattern y Friedrich (1975: 72) y Buechner y Bernhart (1989: 184-185) sostienen que el U-530 dejó el Puerto el 2 de mayo; Robert (2005a) dice que la fecha de partida fue el 13 de abril. Ninguno de estos autores ofrece prueba alguna para respaldar sus afirmaciones, pero decir que el U-530 partió el mismo día que elU-977 (2 de mayo, ver a continuación) es conveniente para la idea de que ambas naves integraban un convoy submarino secreto (Szabo 1947; Buechner y Bernhart 1989). Los archivos del interrogatorio consignan que el U-530 operó frente a Nueva York entre el 4 y el 7 de mayo. Cuando Wermuth se enteró de que Alemania había capitulado el 8 de mayo, decidió huir a la Argentina, la cual creía sería amistosa con los alemanes; dejó el área de Nueva York el 10 de mayo y llegó a la Argentina el 10 de julio (Blair 1998; NARA 1985). Los interrogadores no hallaron pruebas para sugerir que el U-530 hubiera depositado un tesoro o pasajeros en la Antártida ni en ningún otro lugar en route a Mar del Plata, ni de que hubiera sido parte de un gran convoy submarino en misión secreta.

A los interrogadores les dijeron que la nave había cruzado el ecuador el 17 de junio (NARA 1985). Wermuth informó que en principio navegaron sumergidos, luego a 7,5 nudos (13,9 km/h) en superficie de noche, y a 2 nudos (3,7 km/h) sumergidos de día, hasta los 20° S.

Allí emergieron y aumentaron la velocidad a sólo 9 nudos, porque desarrollar una velocidad más alta hubiera consumido demasiado combustible de reserva.

Aceptando estas velocidades como ciertas y suponiendo que el U-530 había navegado 6 horas en superficie de noche y 18 horas sumergido de día, entonces le hubiera llevado 57 días cubrir los 8500 km entre Nueva York y los 20° S. Los 3300 km finales les hubieran llevado alrededor de 8 días, lo cual significaría una travesía total de unos 65 días, lo que es bastante cercano a lo correcto ya que el viaje real llevó 61 días.

Según NARA (1985), el U-977 era un submarino tipo VIIC (Fig. 7). Su numeración indica que probablemente haya sido un tipo VIIC/41. Estas naves eran capaces de desarrollar 17,7 nudos en superficie y 7,6 bajo el agua, tenían una autonomía de 14 500 km a 10 nudos (18,5 km/h), y de 125 km sumergidas a 4 nudos (7,4 km/h), y profundidad nominal hasta 250 m (Blair 1996, 1998; Wynn 1998; Sharpe 1997). Estos detalles concuerdan con información suministrada por el capitán del U-977(Schaeffer, 1952) y por Blair (1998).

7xxx

Fig. 7. El U-977 en el puerto de Mar del Plata, Argentina. Foto cortesía de Daniel Mesa por medio de Carlos Mey).

 El U-977 zarpó de Kristiansand el 2 de mayo de 1945. Al producirse el cese de las hostilidades el 8 de mayo, Schaeffer, al igual que Wermuth, decidieron intentar llegar a la Argentina antes que ser capturados. Dieciséis de sus hombres optaron por desembarcar cerca de Bergen, Noruega, la noche del 10 de mayo. El 11 de mayo a la mañana, la nave con su tripulación reducida a 32 personas se sumergió para bordear el Reino Unido utilizando un esnórquel para garantizar el suministro de aire.  Emergieron 66 días más tarde en tiempo récord, luego de sortear con seguridad la base naval británica de Gibraltar.  Como tenían poco combustible, ya que les habían concedido sólo 80 toneladas en Oslo, tuvieron que viajar muy lentamente. Desde África del Norte, navegaron con rumbo sur utilizando una de las dos máquinas diesel cuando avanzaban en la superficie de noche. Durante el día, utilizaban los motores eléctricos mientras estaban sumergidos (Schaeffer 1952). Cruzaron el ecuador el 23 de julio, y se rindieron en Mar del Plata, Argentina, el 17 de agosto; todos los documentos del barco estaban intactos (NARA 1985). 

Al U-977 le llevó 25 días cruzar los 5200 km de océano entre el ecuador y Mar del Plata entre el 23 de julio el 17 de agosto. Eso requiere una velocidad promedio de 4,7 nudos, u 8,7 km/h, lo que parece razonable dadas las circunstancias.

Las listas de la tripulación de las dos embarcaciones fueron suministradas por la Armada Argentina y reimpresas por Szabo (1947: 13–14, 36) y por Mattern y Friedrich (1975: 70–72). Szabo (1947: 20, 40) se equivocó al suponer que ambos submarinos debían haber tenido tripulaciones de sólo 18-27 hombres, una presunción suya que se ha repetido frecuentemente, por ejemplo, por parte de Buechner y Bernhart (1989: 184). La tripulación típica de un submarino Tipo IXC (U-530) era de alrededor de 54 hombres, y de un Tipo VIIC (U-977) de 44 a 52 (Blair 1996, 1998; Wynn 1998; Sharpe 1997). Estos números son coherentes con los ya mencionados (recordemos que se habían desembarcado 16 hombres del U-977 en Noruega).

Aparte de que Wermuth había destruido los documentos y el equipo militar de su barco, lo único inusual con respecto al U-530 era que parecía trasportar más cigarrillos de lo que se podría haber esperado. Según Szabo (1947: 24) había 540 colis de cigarillos (colis significa paquete en francés; los autores consideran que quiere decir cartones que contenía unos 200 cigarrillos en paquetes de 20). El volumen de estos cigarillos fue creciendo con los sucesivos relatos. Cuando llegamos a Friedrich (1979: 69), los colis de Szabo han crecido a “540 barriles o latas grandes”, y el texto está acompañado por una foto de un submarino con barriles de crudo en cubierta, lo que implícitamente indica que estos barriles están llenos de cigarrillos.  Sobre la base de los antecedentes de Friedrich como falsificador de epígrafes de fotos de hidroaviones (desarrollado anteriormente), esta foto podría, por supuesto, ser de un submarino.

El mito que rodea al U-530 y al U-977 lo relata de nuevo Goodrick-Clarke (2002) en su exhaustivo análisis de la mitología nazi. Es una lástima que el análisis cuidadoso de Goodrick-Clarke en lo que respecta al resto perpetúe las ideas de que ambos submarinos zarparon juntos de Kiel el 2 de mayo (no lo hicieron), de que había demasiados tripulantes (la cantidad era la normal) y de que el U-530 llevaba 500 barriles grandes de cigarrillos (no los llevaba).

Cuando se consideran las fechas, los tiempos y las velocidades, se desprende la sugerencia de que ni el U-530 ni el U-977 tuvieron tiempo de visitar la Antártida.Pero, los marinos pueden mentir, y los diarios de un barco se pueden falsificar. La pregunta que planteamos aquí es: ¿tal visita fue físicamente posible bajo las condiciones que reinaban en el momento?

Todas las consideraciones previas omitieron destacar que junio, julio y agosto son meses de pleno invierno en el hemisferio sur. ¿Un submarino pudo haber legado a la costa de la Tierra de la Reina Maud, emergido y descargado mercadería en la plataforma de hielo a mitad de invierno? El primer obstáculo habría sido el famoso Océano del sur propiamente dicho. El segundo obstáculo habría sido la masa flotante de hielo de 1 a 2 metros de espesor que rodea a la Antártida en el invierno. Datos satelitales recolectados por la NASA (Gloersen y otros, 1992) y por la India (Vyas y otros, 2004) muestran que frente a la Tierra de la Reina Maud la masa de hielo flotante se extiende alrededor hasta 500 km de la línea costera a fines de mayo y junio, y a 1665 km en julio, agosto y septiembre. Para alcanzar la costa y regresaren route a la Argentina, el U-530 hubiera tenido que viajar unos 1000 km bajo hielo, y el U-977 hubiera tenido que viajar unos 3300 km bajo hielo.

¿Es factible? Los submarinos efectivamente se ocultaban bajo el hielo marino para evitar ser detectados luego de atacar barcos en la costa rusa durante la Segunda Guerra Mundial.

También atacaban barcos desde su posición debajo del hielo en el Golfo de San Lorenzo (Leary 1999). Sin embargo, no podían recorrer grandes distancias bajo el hielo. Bajo el hielo, el problema principal para el U-977 o el U-530 habría sido el acceso al aire fresco, como fue el caso del Nautilus del Capitán Nemo bajo el hielo antártico en Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne. A falta de una capacidad independiente para producir aire, los submarinos diesel no son adecuados para realizar operaciones bajo el hielo (Gimblett 2004). El esnórquel del U-997 habría sido inútil bajo el hielo. Para procurar aire fresco, la nave habría tenido que abrirse camino a la fuerza hacia arriba a través del hielo para emerger por lo menos cada 2 días, porque estas naves no contaban con depuradores de CO2 para limpiar el aire. Una vez que obtuviera aire suficiente, teóricamente habría sido capaz de sumergirse y continuar su viaje. Considerando paradas para obtener aire, su velocidad promedio no podría haber sido mayor a los 3 a 5 nudos bajo el hielo (J. Mason, comunicación personal, marzo de 2006).

¿Los submarinos podían emerger a través de 1 – 2 m de masa de hielo flotante? Debido a su francobordo bajo, los submarinos de la Segunda Guerra Mundial se podían dañar fácilmente con el hielo flotante. En el verano meridional de 1947–1948, durante la Operación Highjump, el submarino USS Sennet que tenía una cubierta baja se averió por el movimiento del hielo flotante que se produce en verano (Fig. 8), y el rompehielos Northwind lo tuvo que ayudar para salir a aguas abiertas (Byrd 1947: 458; US Navy 1947; Sullivan 1957; Rose 1980).

Y eso ocurrió en el verano. Las condiciones serían mucho peores en un invierno antártico, cuando los vientos feroces provocan el choque de témpanos de hielo formando enormes arrecifes de presión. La presión entre los témpanos de hielo en invierno fue la causa del hundimiento del Endurance de Shackleton en el Mar de Weddell en 1915 (Shackleton 1919). Es más, habría sido difícil para cualquier submarino perforar el hielo, porque dichas naves normalmente no estaban reforzadas contra los hielos (J. Mason, comunicación personal, 2006).

La navegación también habría sido prácticamente imposible. Aun si el U-530 o el U-977 hubieran emergido a través del hielo, ver el sol o las estrellas habría sido difícil a causa de la nubosidad. En invierno en la base Maudheim de la Expedición NBSA en la costa de la Tierra de la Reina Maud el sol apenas se asomaba en el horizonte alrededor del mediodía en mayo, y no aparecía en el horizonte en todo junio y julio (Hisdal 1960; Ohta 1999). La oscuridad las 24 horas y la cobertura nubosa habrían aumentado enormemente el peligro de navegar entre hielos cerca de una costa de la que no se poseían buenos mapas. Hasta ver la “costa” habría sido difícil, porque comprende el acantilado de hielo de 10 a 30 m de alto en el borde de la plataforma de hielo, que sería más o menos invisible en la oscuridad desde la cubierta inferior de un submarino, sin olvidarse de que los mares helados estarían salpicados de témpanos.

Suponiendo que el U-977 hubiera alcanzado la costa, ¿con qué circunstancias se habría enfrentado la tripulación? La temperatura promedio en invierno en la baseMaudheim de la Expedición NBSA era de alrededor de −26° C (Hisdal 1960). La velocidad promedio del viento era de 15 nudos (Hisdal 1956) o aproximadamente 28 km/h. La sensación térmica inducida por esa velocidad del viento combinada con una temperatura promedio de −26° C habría bajado la temperatura real a los -40° C, sin olvidarse de que podrían producirse tormentas de nieve. Bajo estas condiciones de frío y oscuridad, los hombres de Maudheim en los inviernos meridionales de 1950 y 1951 tenían el buen tino se mantenerse puertas adentro todo junio, julio, agosto y la mayor parte de septiembre (Giaever 1954). Cualquier persona que desembarcara de un submarino habría enfrentado las dificultades más extraordinarias para caminar 250 km atravesando el hielo penetrado por grietas ocultas, en la oscuridad y sin ayudar para la navegación para llegar a una guarida en las montañas donde las temperaturas habrían sido más bajas, hasta los -50° C (Ohta 1999) y peores las condiciones climáticas.

Los autores sugieren que la oscuridad las 24 horas, combinada con el ancho y peligroso cinturón de hielo marino de invierno, implica que habría sido físicamente imposible que el U-530 o el U-977 hubieran llegado a cualquier parte cerca de la costa de la Antártida en junio, julio o agosto de 1945.

Estas mismas condiciones, grandes extensiones de hielo marino, oscuridad permanente, amplia cobertura nubosa y frío extremo también habrían confabulado contra la posibilidad de que Bernhart recuperara las cenizas de Hitler de una cueva de hielo en las Montañas Mühlig-Hofmann arribando vía aérea, en junio de 1979, como aseveraron Buechner y Bernhart (1989: 233). Mapas basados en datos satelitales de la NASA muestran claramente que en junio de 1979 el hielo marino se extendía en modo sólido desde la costa norte de la Tierra de la Reina Maud hasta los 60° S, y al oeste cruzando el Mar de Weddell (Gloersen y otros 1992). Eso significa que el supuesto hidroavión de Bernhart no habría podido acuatizar en el Mar de Weddell para reabastecerse de combustible, ni aterrizar junto al supuesto buque de pesca holandés frente a la costa de la Tierra de la Reina Maud. Este relato es pura imaginación.

No existen pruebas contundentes publicadas por parte de ninguna fuente original confiable que muestren que el U-530 o el U-977 integraron un convoy submarino, ni de que estos (ni otro integrante del supuesto convoy) pudieron haber llegado a la Tierra de la Reina Maud en el invierno meridional de 1945.

Operación Highjump

Varios autores sostienen, sin contar con pruebas de respaldo, que los EE. UU. enviaron la Operación Highjump a la Antártida en 1946-1947 para erradicar la base alemana secreta de la Tierra de la Reina Maud (por ejemplo, Szabo 1947: 200, 201; Mattern y Friedrich 1975: 96; Buechner y Bernhart 1989; Stevens 1997, 2003). Por ejemplo, Buechner y Bernhart (1989: 229, 231) sugieren que el interrogatorio de las tripulaciones del U-530 y del U-977 en 1945 habían revelado que los alemanes habían construido enormes complejos subterráneos en la Antártida para la fabricación de aeronaves y otras armas de avanzada. Entonces los EE. UU. habían organizado Highjump para ubicar y destruir esta operación secreta. Mattern y Friedrich (1975: 96) afirman que el Almirante Byrd dijo que el objetivo de Highjump era “aplastar la última resistencia desesperada de Adolf Hitler en caso de que lo encontráramos en su Neuberchtesgaden dentro de la Schwabenland en la región de la Tierra de la Reina Maud, o destruirlo”. No se cita la fuente de este textual. Remitiéndose a Stevens (1997: 52), Farrell (2005) nos dice: “Equipada para una estadía de ocho meses, la expedición rodeó el territorio de Neuschwabenland reclamado por Alemania; el Almirante Byrd apostó las naves de la armada frente a la costa, y luego avanzaron las tropas terrestres y el reconocimiento aéreo desde el polo hacia el territorio alemán. Supuestamente, la ‘base’ alemana se encontró rápidamente, se sobrevoló, y ya sea una bandera estadounidense, o una bomba, dependiendo de la versión del relato, se arrojó sobre la posición”.

parte de la fuerza de tarea

Parte de la Fuerza de Tareas 68 en Balboa, Panama, Diciembre de 1946

 El problema de todos estos relatos es que relacionan los interrogatorios de los submarinos alemanes que tuvieron lugar entre mediados y fines de 1945 al aparente interés repentino de los Estados Unidos por la Antártida a mediados de 1946, sin considerar otras posibles razones para dicho interés estadounidense, ni los intereses antárticos de larga data del famoso explorador polar estadounidense, el Contraalmirante Richard Byrd.

La Operación Highjump fue la más importante expedición a la Antártida que se haya realizado; estuvo integrada por algo más de 4700 hombres, con 33 aeronaves, en 13 barcos incluyendo el rompehielos guardacostas Northwind, un portaaviones (USS Philippine Sea) y un submarino (USS Sennet) (Byrd 1947; US Navy 1947; Sullivan 1957; Bertrand 1967, 1971; Rose 1980; Mills 2003). Autorizada el 26 de agosto de 1946 por el Almirante Chester Nimitz, fue una operación de la Armada de los Estados Unidos que se llevó a cabo en el verano meridional de 1946 – 1947 bajo el comando del Contraalmirante Richard H. Cruzen, con el Contraalmirante (R) Byrd como el Oficial Responsable del Proyecto (Armada de los Estados Unidos 1947). Los objetivos de Highjump (Armada de los Estados Unidos 1947) eran:

(a) entrenar personal y probar equipos en condiciones de frío;

(b) consolidar y extender la soberanía de los Estados Unidos sobre el área viable más grande del continente antártico (Esto se negó públicamente como un objetivo aun antes de que finalizara la expedición);

(c) determinar la factibilidad de establecer, mantener y utilizar bases en la Antártida e investigar posibles emplazamientos para bases;

(d) desarrollar técnicas para instalar, mantener y utilizar bases aéreas sobre hielo, prestando particular atención a la posterior aplicabilidad de dichas técnicas para operaciones en el interior de Groenlandia, en donde las condiciones son comparables a las de la Antártida;

(e) ampliar el conocimiento existente sobre las condiciones hidrográficas, geográficas, geológicas, meteorológicas y de propagación electromagnética en el área;

(f) complementar los objetivos de la expedición Nanook. (La operación Nanook fue una menor equivalente conducida frente a Groenlandia oriental.)

antartica

 Highjump fue principalmente una operación militar, y no una expedición científica. Fue una de una serie de operaciones militares diseñadas para entrenar a la armada en operaciones polares. Los planificadores militares estadounidenses consideraban que el entrenamiento polar era un imperativo estratégico porque veían a la Unión Soviética como una amenaza, y creían que era probable una guerra ártica. El objetivo estratégico general se confirma en los libros de Sullivan (1957) y Rose (1980) y en artículos de Bertrand (1967, 1971).  Rose (1980: 34) afirma que desde el punto de vista de los EE. UU. en 1946: “la maduración de la guerra fría con el antiguo aliado soviético era evidente”; “la hostilidad soviética parecía dominar todos los sucesos, definir todos los acontecimientos”. No es casualidad que el 12 de marzo de 1947, mientras la fuerza de tareas de Highjump todavía estaba en el mar, el presidente Truman haya proclamado lo que se conoció como la Doctrina Truman, para ayudar a impedir la expansión del comunismo. Evidentemente, la Operación Highjump fue un ejercicio temprano de la Guerra Fría que se avecinaba, diseñado para potenciar la capacidad de la armada para combatir en el polo. Le siguió a la Operación Frostbite en el Estrecho de Davis en el otoño e invierno boreales de 1945 – 46 (Rose 1980) y a la Operación Nanook en el período de julio a septiembre de 1946 (Sullivan 1957; Rose 1980). Frostbite y Nanook fueron ejercicios relativamente menores. Cuando se decidió que era necesario realizar ejercicios de entrenamiento naval polar de envergadura, se eligió hacerlo en la Antártida, donde las condiciones serían similares a las de Groenlandia y otras partes del Ártico, con el fin de evitar un incidente diplomático por sostener un ejercicio naval de envergadura en áreas relativamente cercanas a la URSS. A Highjump le siguió otro ejercicio antártico, Operación Molino de Viento (Operation Windmill), integrada por dos barcos, en el verano meridional de 1947 – 1948 (Armada de los Estados Unidos, 1948).

8xxx

Fig. 8. El USS Sennet entre los hielos durante la Operación Highjump. (Foto disponible en http://www.south-pole.com/sennet.htm).

Los objetivos militares estratégicos de Highjump tuvieron una amplia difusión en aquel momento. En un artículo reproducido en periódicos destacados (New York Times 9 de febrero de 1947; Montreal Daily Star 8 de febrero de 1947), Cruzen apuntó que Highjump demostraba que la Armada era capaz de suministrar “provisiones trasportadas por mar” a tropas que operaran “bajo las más rigurosas condiciones polares” desde “bases árticas remotas”. Y agregó: “Si la defensa de los Estados Unidos dependiera de los polos –como bien podría suceder en el futuro–  una fuerza aérea y marítima capacitada y experimentada representa una formidable combinación defensiva. Aquí se sentaron las bases de dicha unidad de envergadura para cualquiera de los Polos” (New York Times 2 de marzo de 1947).

Highjump no era una operación secreta como Tabarín. Viajaron 11 periodistas a bordo de los barcos de Highjump. Entre ellos, se destacaban el corresponsal de guerra estadounidense Lee Van Atta (quien no era, como aseguraron Goodrick-Clarke (2002), chileno) y el periodista científico del New York Times, Walter Sullivan. Entre el 2 de diciembre de 1946 y el 22 de marzo de 1947, los 11 periodistas transmitieron 2011 mensajes que sumaron un total de 478 338 palabras a Radio Washington, para que las retransmitieran a sus empleadores (Armada de los Estados Unidos, 1947). Algunos integrantes de la expedición escribieron libros sobre sus experiencias (Byrd 1947; Sullivan 1957). Dada la tremenda magnitud de la cobertura periodística, fue desorientador que Choron (fecha desconocida) afirmara: “se divulgó muy poca información adicional a los medios acerca de la misión, aunque la mayoría de los periodistas sospechaban de su verdadero propósito dada la enorme cantidad de armamento involucrado”.

El informe oficial de la operación (Armada de los Estados Unidos 1947) se publicó en tres volúmenes que comprenden la narrativa y 24 anexos extensos sobre cuestiones operativas tales como Aviación, Operaciones de Buques, Comunicaciones, Navegación, Manejo de Carga, Raciones y Personal. En su mayor parte, se ocupa de las minucias de las operaciones cotidianas en el hielo. Quizás porque inicialmente fue clasificada Confidencial (y lo fue), y por lo tanto no estuvo disponible para el público general, algunos escritores pensaron que el gobierno de los Estados Unidos tenía algo que ocultar. El informe nunca se clasificó como Secreto ni Ultra Secreto.

Comparando el informe de la Armada con el trabajo de Byrd de 1947  publicado en National Geographic Magazine (Byrd 1947), resulta claro que el informe no contiene nada sustancial que no se haya publicado en esa revista, o más tarde por Bertrand (1967, 1971). No surgen pruebas de supresión de información al comparar el artículo de Byrd, los informes de los servicios de los EE. UU., los muchos informes de periodistas y los libros y artículos de Sullivan, Rose y Bertrand mencionados anteriormente. Llegamos a la conclusión de que no existen pruebas de ningún ocultamiento. En ninguna parte de estos artículos se considera en absoluto una posible amenaza de ningún tipo que emanara de los supuestos vestigos del Tercer Reich. La única amenaza mencionada era la soviética.

Si la supuesta base alemana había sido el objetivo de la Operación Highjump, se debería haber enfocado en la Tierra de la Reina Maud, pero en cambio se centraba en la base Little America de Byrd en la Plataforma del Mar de Ross del otro lado del continente. Desde allí, su aeronave exploró la región entre el Mar de Ross y el Polo Sur, y las fuerzas de tareas navales equipadas con aeronaves anfibias desplegadas para explorar las costas hacia el este, a través del sector del Océano Pacífico, y hacia el oeste, a través del sector del Océano Índico (Armada de los Estados Unidos 1947; Byrd 1947; Bertrand 1967, 1971; Rose 1980). Se esperaba que tanto las fuerzas de tareas del este como del oeste arribaran a la Tierra de la Reina Maud antes de regresar a casa. No se esperaba que ninguna de ellas aterrizara en el continente. Sabiendo que los barcos de Highjump se dirigieron primero al Mar de Ross, es asombroso que Buechner y Bernhart (1989: 230) afirmen (refiriéndose a la operación) que “Este formidable grupo fondeó cerca del territorio de ‘Neuschwabenland’ reclamado por los alemanes… y luego se dividió en tres fuerzas de tareas separadas”.

Un mapa publicado por Byrd (1947), Sullivan, (1957: 199) y Bertrand (1967: 8) muestra el recorrido de las aeronaves, y el informe de la Armada de los EE. UU. (1947) muestra los itinerarios de los barcos y las fechas. Resulta claro que la Armada de los EE. UU. no sobrevoló prácticamente ninguna parte del territorio del que los alemanes habían confeccionado mapas en 1938 – 1939.  Debido a que los barcos de las fuerzas de tareas orientales y occidentales tenían poco tiempo (por las razones que se exponen más adelante), sólo pudieron llevar a cabo un reconocimiento somero de la Tierra de la Reina Maud, que se encontraba en el extremo más lejano de su alcance. Los barcos del grupo del oeste se acercaron a la Tierra de la Reina Maud desde el este. El 22 de febrero de 1947, con tiempo perfecto, una de sus aeronaves sobrevoló el extremo oriental de la Tierra de la Reina Maud. “Se confeccionaron mapas de la costa de los 34 a los 15° E” y “se descubrió una cadena montañosa de 3900 metros, que poseía acumulado detrás, y glaciares dispersos que se internaban en el mar a través de sus pasos.” (US Navy 1947). Eran las mismas montañas que habían descubierto los noruegos en 1937 (Christensen 1939). En su extremo occidental, este vuelo sólo alcanzó el borde este más lejano del Macizo de Wohlthat, descubierto por los alemanes (ver Fig. 1). Los barcos del grupo oriental se acercaron a la costa oeste de la Tierra de la Reina Maud desde el oeste. El 1 de marzo de 1947, sus aeronaves se acercaron a la costa entre el meridiano de Greenwich (0°) y los 5° E (Byrd 1947), pero “el tiempo estaba extremadamente malo sobre el continente, nublado desde la superficie hasta los 4570 metros, lo que impedía la exploración terrestre” (US Navy 1947). Dada la falta de oportunidades de realizar reconocimientos y la presión del tiempo, los barcos del grupo oriental zarparon de regreso a casa el 3 de marzo sin sobrevolar la Tierra de la Reina Maud (US Navy 1947).

Sobre la base de la suposición equivocada de que la Operación Highjump planeaba trabajar en la Antártida seis meses, Mattern y Friedrich (1975), Buechner y Bernhart (1989), Stevens (2003), Farrell (2003) y Robert (2005c) consideraron que la expedición se había cancelado “prematuramente”, y que los estadounidenses estaban ocultando las razones. Pero nunca hubo un plan para pasar 6 meses en la Antártida. Debido a los trabajos necesarios para preparar los barcos para el mar en el breve tiempo disponible después de la Operación Nanook, los barcos no partieron de los EE. UU. hasta el 2 de diciembre de 1946 (US Navy 1947, Byrd 1947), cuando el verano meridional ya estaba bastante avanzado. Uno de sus dos rompehielos, el USS Burton Island, no estaba alistado y se sumó mucho más tarde. Al acercarse a la Antártida, sufrieron una demora inesperada al encontrarse con un cinturón de hielo flotante de 1000 km de ancho (Sullivan 1957). Al no contar con elBurton Island, había sólo un rompehielos disponible, el Northwind, y el avance fue mucho más lento de lo planeado. Aunque el grupo oriental estaba en posición y comenzó volar aeronaves sobre el continente a fines de diciembre de 1946, el grupo central no logró alcanzar la Plataforma de Hielo del Mar de Ross para descargar provisiones y equipo hasta el 15 de enero de 1947. No permanecieron mucho tiempo. Como el invierno se estaba adelantando, tuvieron que retirarse antes de lo que habían calculado, el 23 de febrero de 1947, con el fin de evitar sufrir daños en los cascos de acero de los buques, que no estaban reforzados contra los hielos (US Navy 1947; Byrd 1947; Sullivan 1957; Bertrand 1967; Rose 1980). El Burton Island llegó a tiempo para asistir con la partida.

La demora en salir de los EE. UU., la ausencia del segundo rompehielos, el hecho de que la masa de hielo flotante era más ancha de lo esperado y el rápido avance del invierno significaron que la cantidad de tiempo que Highjump permaneció en la Antártida no fue mucho más extensa que la que estuvo la Expedición Antártica Alemana en 1938 – 1939. Bajo esas circunstancias, se realizó mucho menos trabajo científico del deseado (Byrd, 1947). De todos modos, se cumplió la mayor parte de los objetivos militares de la expedición, a pesar de que una aeronave del grupo oriental chocó contra el manto de hielo durante una tormenta de nieve el 30 de diciembre de 1946, lo que causó la pérdida de varios tripulantes (Byrd 1947, Armada de los EE. UU. 1947). Esta colisión se produjo del otro lado del continente con respecto a la Tierra de la Reina Maud.

9xxx

Buques de la US Navy en la Antártida

 La idea de que la expedición se planeó para atacar una supuesta base alemana en la Tierra de la Reina Maud es totalmente infundada. Las citas textuales atribuidas a Byrd que sugieren lo contrario se inventaron.

Los estadounidenses no mostraron ningún interés particular por la Tierra de la Reina Maud. No hicieron ningún esfuerzo, ni tenían ningún plan, para aterrizar allí. No hicieron ningún esfuerzo en especial para reconocerla desde el aire. Habrían pasado más tiempo sobrevolándola si las condiciones climáticas hubieran sido mejores y si hubieran tenido tiempo. Pero como se acercaba el invierno, y tenían otras tareas que atender, no se resistieron a dar la vuelta y alejarse de esta zona supuestamente codiciada, como hasta Szabo (1947:208) comprendió.

Aunque los estadounidenses no demostraron interés en la supuesta base alemana, estaban interesados en las actividades alemanas en la Tierra de la Reina Maud, pero por una razón completamente distinta: el proceso de reclamo del territorio. La Expedición Alemana de 1938 – 1939, y su intención de reclamar territorio (Neuschwabenland), estimuló al gobierno de los EE. UU. a emprender sus propias expediciones a la Antártida por primera vez en un siglo, para respaldar eventuales reclamos territoriales estadounidenses (Dewing y Kelsey 1955; Sullivan 1957: 137–170; Bertrand 1971; Rose 1980; ver también Mills 2003: 121–122). El 25 de noviembre de 1939, se estableció el Servicio Antártico de los Estados Unidos (US Antarctic Service) para mantener estaciones permanentes o semipermanentes en el continente antártico, y para satisfacer los requisitos de descubrimiento y asentamiento que serían necesarios para respaldar posibles reclamos territoriales. La primera expedición del Servicio atracó en la Bahía de las Ballenas el 12 de enero de 1940 para construir la base Little America III en la Plataforma de Hielo de Ross. También se la conoce como West Base (Base Oeste), en contraste con East Base (Base Este), que se levantó en la Isla Stonington en la costa oeste de la Península Antártica. Ambas llevaron a cabo un amplio programa de levantamiento terrestre y aéreo, e investigaciones científicas. West Base se cerró el 1 de febrero de 1941, y East Base el 22 de marzo de 1941. La expedición no visitó la Tierra de la Reina Maud, ni planeó hacerlo, lo que sugiere que los EE. UU. no tenían interés en las hipotéticas actividades alemanas en la Tierra de la Reina Maud. Se debe tener en cuenta que esto sucedió antes de que Szabo iniciara la historia sobre la base alemana.

Asimismo, no se demostró interés en la Tierra de la Reina Maud por parte de la Operación Molino de Viento (1947 – 48), cuyos dos barcos desembarcaron partidas de brigadas topográficas desde el helicóptero para suministrar datos de control desde tierra para la ubicación de las fotografías aéreas tomadas por Highjump el año anterior (Armada de los EE. UU. 1948; Bertrand 1971; Mills 2003). La única oportunidad en que los EE. UU. tocaron tierra en la Tierra de la Reina Maud fue en febrero de 1955, cuando el rompehielos USS Atka desembarcó partidas costeras para hacer un reconocimiento en busca de terreno adecuado para una pista de aterrizaje para las aeronaves que pudieran tener dificultades en route de los EE. UU. al Polo Sur durante las operaciones planeadas para el Año Geofísico Internacional (Sullivan 1957, 1961). Las partidas bajaron a tierra dos veces, por un día cada una, cerca de la base Maudheim de la Expedición NBSA, y permanecieron cerca del borde que da al mar de la plataforma de hielo. La naturaleza fugaz de la visita confirma que no tenían interés en investigar ninguna hipotética base alemana en la Tierra de la Reina Maud.

 10 xxx

¿Se hicieron detonar bombas atómicas sobre la Antártida?

Según Stevens (2003: 247), citando a Landig (1991), la base alemana secreta “operó hasta fines de la década de 1950, cuando se convirtió en objeto de una prueba nuclear estadounidense en la que se detonaron en secreto tres bombas a propósito del Año Geofísico Internacional 1957–58”. Ambos Robert (2005c) y Farrell (2005) aceptaron la afirmación de Stevens (1997: 55, 57) de que el 27 y 30 de agosto, y el 6 de septiembre de 1958, se detonaron tres bombas nucleares sobre la Antártida.

Realmente hubo tres explosiones nucleares secretas en la atmósfera en el hemisferio sur en 1958, pero no fueron sobre la Antártida, y no se mantuvo el secreto. Las llevó a cabo EE. UU. como parte de la Operación Argus durante el Año Geofísico Internacional. Sullivan (1961) describe la historia en detalle, la que fue confirmada por un representante de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, en Viena (L. E. de Geer, comunicación personal, 24 de enero de 2006). Según estas fuentes, la Operación Argus fue la única serie de pruebas clandestinas en los 17 años de historia de las pruebas atmosféricas. Tuvo lugar a 1760 km al sudoeste de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y estuvo compuesta de tres disparos a gran altitud de las ojivas W-25 para investigar los efectos de las explosiones nucleares fuera de la atmósfera, particularmente con respecto a cómo las partículas cargadas y los isótopos radiactivos liberados interactuarían con el campo magnético de la Tierra, lo que podría interferir con el seguimiento por radar, las comunicaciones y la electrónica de los satélites y los misiles balísticos. Las pruebas se practicaron a Alturas de 160 km el 27 de agosto (38° S, 12° O), 290 km el 30 de agosto (50° S, 8° O) y a 750 km el 6 de septiembre (50° S, 10° O) (Sullivan 1961: Capítulo 8). La primera tuvo lugar a 3500 km al norte de la costa de la Tierra de la Reina Maud, cerca de Tristan da Cunha, la segunda a 2280 km al norte y la tercera a 2390 km al norte.

La confirmación independiente de que no se produjeron pruebas nucleares en la atmósfera sobre la Antártica proviene de la Prospección Antártica Británica (British Antarctic Survey, BAS). El Director (C. Rapley, comunicación personal, 17 de enero de 2006) declaró que: “dichas explosiones (dependiendo del tipo de arma) hubieran producido una precipitación clara y fuerte de material radiactivo que se manifestaría como un pico de radiación beta… en núcleos.  Ya se registraba un aumento de la radiactividad beta a través de la Antártida a partir de 1954 en adelante debido a las pruebas estadounidenses en la década de 1950 y especialmente las soviéticas en la década de 1960… entonces si alguien desea encontrar un pico en 1958 seguramente podrá. Sin embargo, si cualquier probable arma explotara a sólo unos cientos de kilómetros, yo esperaría ver un pico realmente extraordinario”. Para respaldar esta declaración, suministró una copia de un gráfico publicado por Wolff y otros (1999) que expone los cambios de la radiactividad de los rayos beta con una profundidad de nieve parcialmente compactada (conocida como profundidad “firn”) de un pozo en Coats Land, que se extiende justo al suroeste de la Tierra de la Reina Maud, en el borde este del Mar de Weddell. El gráfico muestra picos a fines de la década de 1950, y picos levemente más altos a principios de la de 1960, seguidos por una disminución significativa. Los picos representan sedimentación, en la nieve, de la cola de la pluma de gran altitud de materiales radiactivos que ingresaron en la atmósfera superior con cada prueba con bombas rusa y estadounidense, principalmente en el hemisferio norte o el Océano Pacífico tropical, y que luego se propagó alrededor del mundo. Una explosión sobre la Antártida del tipo que describen Stevens (1997) y Robert (2005c) hubiera provocado un enorme pico en la radiación del núcleo analizado por Wolff y otros (1999). Su falta, confirmada independientemente por de Geer, y por Sullivan (1961) habla a las claras.

De todos modos, es inconcebible que hubiera habido cualquier prueba atmosférica nuclear sobre la Tierra de la Reina Maud en 1958, porque científicos noruegos, belgas, británicos y japoneses estaban viviendo en el área en las estaciones de investigación del Año Geofísico Internacional.

Conclusiones

Utilizando el conocimiento de la Antártida que se ha adquirido desde fines de la década de 1930, y leyendo la gran cantidad de informes de expediciones de las décadas de 1930, 1940 y 1950, se puede sostener con seguridad que las afirmaciones infundadas de Szabo (1947), Mattern y Friedrich (1975), Friedrich (1979), Stevens (1997, 2003), Farrell (2005) y Choron (fecha desconocida) sobre una supuesta base alemana secreta en la Antártida, o sobre su reaprovisionamiento por parte de submarinos, son totalmente falaces. Eso también se aplica a la gran parte de lo que escribe Robert (2005a, 2005b, 2005c) sobre el tema de la supuesta guerra secreta de Gran Bretaña en la Antártida.

Un examen crítico y exhaustivo de todas las pruebas disponibles a la luz de lo que sabemos hoy sobre la Antártida y su ciencia e historia indica lo siguiente:

  1. Los alemanes no construyeron una base secreta en la Tierra de la Reina Maud antes, durante ni inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.
  2. Durante, e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, las actividades británicas en la Antártida tuvieron lugar mucho más al oeste de la Tierra de la Reina Maud, en la Península Antártica y al oeste de ésta; los británicos no construyeron una base secreta en la Tierra de la Reina Maud desde la cual observar las hipotéticas actividades alemanas; ni tampoco los británicos emprendieron actividades militares de ningún tipo contra una base secreta alemana en la Tierra de la Reina Maud.
  3. Ni durante la Operación Highjump en el verano meridional de 1946 – 1947, ni durante la Expedición Antártida de los EE. UU. de 1940 – 1941 los estadounidenses manifestaron ningún interés especial en la Tierra de la Reina Maud ni en la posibilidad de que allí pudiera haber o hubiera habido una base alemana.
  4. Cuando los estadounidenses sí aterrizaron en la Tierra de la Reina Maud, en febrero de 1955, fue para llevar adelante un reconocimiento en busca de un lugar adecuado para una pista de aterrizaje; no manifestaron interés alguno en la posibilidad de que hubiera bases alemanas allí;
  5. Se llevaron a cabo tres explosiones nucleares secretas en la atmósfera al sur de Ciudad del Cabo en 1958; no tuvieron lugar sobre la Tierra de la Reina Maud, sino en la alta atmósfera entre 160 y 750 km sobre el nivel del mar, y entre 2280 y 3500 km al norte de la Tierra de la Reina Maud.

Los datos de radiación del manto de hielo muestran que no pudo haber habido ninguna explosión nuclear en la atmósfera sobre la Tierra de la Reina Maud en 1958;

  1. La gran extensión de la masa de hielo flotante del invierno meridional habría impedido que los submarinos alemanes alcanzaran las costas de la Tierra de la Reina Maud entre Mayo y agosto de 1945.Además, no hay un canal a través del cual lo submarinos pudieran haber penetrado en las montañas de la Tierra de la Reina Maud para amarrar en una hipotética caverna subterránea en donde podrían haber recibido mantenimiento;
  2. Las palabras de Byrd en el artículo de El Mercurio del 5 de marzo de 1947 se tradujeron mal, de un modo que se sugiere que él estaba hablando de los peligros de los platos voladores. A lo que sí se refirió fue a la amenaza contra la seguridad de los EE. UU. que representaban los aviones soviéticos que podían atacar a los EE. UU. surcando las regiones polares, y a los peligros inherentes a un mundo que se achicaba rápidamente.
  3. Los estadounidenses de Operación Highjump no fueron atacados por platos voladores, no perdieron cuatro aviones como consecuencia de la oposición enemiga, y no abandonaron la Antártida precoz e inesperadamente debido a dicha acción, sino porque el invierno se adelantó.

Utilizando la analogía de Park (2001), nuestro análisis sugiere que las historias de Szabo (1947), Mattern y Friedrich (1977), Friedrich (1979), Landig (1980, 1991), Stevens (1997, 2003), Choron (fecha desconocida), Farrell (2005) y Robert (2005a, 2005b, 2005c) combinaron relatos no relacionados de expediciones polares, desembarcos de submarinos, choques de aviones y experimentos nucleares a grandes altitudes. Se hilvanaron fragmentos de estos relatos para crear el mito de guerras secretas encubiertas por uno o más gobiernos. La información que no encajaba se dejó a un lado. Los agujeros se rellenaron con especulaciones. Los autores que siguieron se alimentaron del material de sus antecesores, adornando aquí y allá. Buechner y Bernhardt (1989) se basaron en la novela de Harbison’s (1980) como fuente; Stevens (1979) se basó en la de Landig. Se le recuerda al lector que Buechner y Bernhart (1989: 240, 242) inventaron el supuesto (pero imposible) aterrizaje de un hidroavión en lo que habría sido un océano cubierto de hielo frente a la Tierra de la Reina Maud en la mitad del invierno meridional en 1979, y Mattern y Friedrich (1975) y Friedrich (1979) inventaron el supuesto acuatizaje de un hidroavión de la Expedición Antártica Alemana de 1938 – 1939 en un lago en el Oasis Schirmacher, y el descubrimiento de cavernas y túneles por parte de su tripulación. Lamentablemente otros siguieron los pasos de esos autores sin darse cuenta, repitiendo sus palabras como si fueran verdad. Dado lo que hemos podido descubrir, quizá esto sucederá menos en el futuro. En el caso de Robert (2005a, 2005b, 2005c), se nos invita a creer en un cuento que le contó a él alguien que, según el autor, debe permanecer en el anonimato (por lo tanto, es imposible de corroborar), y del cual no hay ninguna otra prueba.

Uno podría preguntarse cómo llegaron a publicarse estas fantasías. Zündel (alias Friedrich) publicó el trabajo de Mattern y Friedrich (1975) y Friedrich (1979). Landig también publicó su propio material (Landig 1980, 1991), como también lo hicieron Stevens (1997) y Buechner y Bernhart (1989). Robert (2005a, 2005b, 2005c) publicó en una revista científica que no usó un proceso de revisión por colegas.

Nuestro análisis de la abundante literatura científica que describe las condiciones de la Antártida y la abundante literatura histórica que describe las diversas expediciones sugiere que en las obras de Szabo, Buechner, Bernhart, Mattern, Friedrich, Stevens, Farrell, Choron y Robert ha reinado la fantasía y se produjo una farsa histórica.

Para aquellos que deseen investigar más, destacamos que los archivos respectivos ahora están a disposición del público (por ejemplo, ver Rae 1995).

Agradecimientos

Deseamos agradecer a: Cornelia Lüdecke (Alemania, por su asesoramiento respecto de la Expedición Antártica Alemana, por aportar fotografías y por la edición); Bob Headland (Scott Polar Research Institute, por historia antártica general y edición); Peter Clarkson (Scott Polar Research Institute, por su asesoramiento sobre ciencia e historia antárticas generales); Mark Gilbert y Shirley Sawtell (Scott Polar Research Institute, por sus asistencia bibliotecaria);Gordon Smith (Gales, por su asesoramiento general naval con respecto a la Segunda Guerra Mundial); Christel Converse (EE. UU., por su asistencia con documentos); Malcolm Crick (UNSCEAR, por datos sobre explosiones nucleares); Lars-Erik de Geer (UNSCEAR, por datos sobre explosiones nucleares); Alfonso Juarez (Inter American Press, Miami, por datos periodísticos); Berry Lyons (Byrd Polar Research Center, EE. UU., por su asistencia general); Laura Kissel (Byrd Polar Research Center, EE. UU., por brindar informacion sobre Highjump); Lynn Lay (Byrd Polar Research Center, EE. UU., por verificar documentos); Capitán Jerry Mason (Canadá; por datos sobre submarinos); Holger Meding (Alemania; por asesoramiento sobre submarinos); Manuel Prutschi (Canadá, por información sobre Ernst Christof Friedrich Zündel); Jorge Guzmán (Norueba y Chile, por traducciones); Rachel Cox (British Antarctic Survey, por sus búsquedas en archivos); Anders Liljegren (Suecia, por documentos); SteinTronstad (Norwegian Polar Institute, por la Fig. 1); Don Manning (Scot Polar Research Institute por fotografías), Carlos Mey (Argentina, Histarmar) y Daniel Mesa (Argentina, http://www.elsnorkel.com) por suministrar fotografías de submarinos; y Sandra Valenzuela (Biblioteca Nacional de Chile, Santiago, por su ayuda en la revisión de documentos). Pedimos disculpas si, sin darnos cuenta, olvidamos agradecer a alguien que nos haya ayudado de algún modo.

Referencias

Amundsen, R. 1912. The south pole. London: John Murray.

Amundsen, R. 1927. My life as an explorer. London: Heinemann.

Anderson, J.B. 1991. The Antarctic continental shelf: results from marine geological and geophysical investigations. In: Tingey, R.J. (editor). The geology of Antarctica. Oxford: Clarendon Press (Oxford Monographs on Geology and Geophysics 17): 284–334.

Anderson, J.B. 1999. Antarctic marine geology. Cambridge: Cambridge University Press.

Barton, M.X. 1960. We want you: is Hitler alive? Los Angeles: Futura Press.

Barton, M.X. 1968. The German saucer story. Los Angeles: Futura Press.

Bayliss, E.P. 1939. Antarctica. 1:10,000,000 map. Canberra: Property and Survey Branch, Department of the Interior.

Bayliss, E.P., and J.S. Cumpston. 1939. Map of Antarctica: handbook and index. Canberra: Department of External Affairs.

Bell, R.E., M. Studinger, M.A. Fahnestock, and C.A.

Shuman. 2006. Tectonically controlled subglacial lakes on the flanks of the Gamburtsev subglacial mountains, East Antarctica. Geophysical Research Letters 33: L02504 doi: 10.1029/2005GL025207.

Bentley, C.R. 1991 Configuration and structure of the subglacial crust. In Tingey, R.J. (editor). The geology of Antarctica. Oxford: Clarendon Press (Oxford Monographs on Geology and Geophysics 17): 335–364.

Bertrand, K.J. 1967. A look at Operation Highjump twenty years later. Antarctic Journal of the United States 2(1): 5–12.

Bertrand, K.J. 1971. Americans in Antarctica 1775–1948. New York: American Geographical Society (Special Publication 39).

Blair, C. 1996. Hitler’s U-boat war: the hunters, 1939–

  1. 1942. New York: Random House.

Blair, C. 1998. Hitler’s U-boat war: the hunted, 1942–1945.New York: Random House.

Borman, P., and D. Fritzsche (editors). 1995. The Schirmacher Oasis, Queen Maud Land, east Antarctica, and its surroundings. Gotha: Justus Perthes Verlag.

Brunk, K. 1986. Kartographische Arbeiten und deutsche Namengebung in Neuschwabenland, Antarktis. Bisherige

Arbeiten, Rekonstruktion der Flugwege der Deutschen Antarktischen Expedition 1938/39 und Neubearbeitung des deutschen Namensgutes in Neuschwabenland. Frankfurt-am-Main: Institut für Angewandte

Geodäsie (Geodätischen Komommission der Bayerischen Akademie der Wissenschaften, Reihe E, Heft Nr. 24, Teil I, II).

Brunk, K. 1987. Die Rekonstruktion der Bildflüge und die Neubearbeitung des Namensgutes der Deutschen Antarktischen Expedition 1938/39 in Neuschwabenland, Antarktis. Polarforschung 57(3): 191–197.

Buechner, H.A., and W. Bernhard. 1989. Hitler’s ashes.

Metairie, Louisiana: Thunderbird Press.

Byrd, R.E. 1947. Our navy explores Antarctica. National Geographic Magazine (4): 429–522.

Choron, E.J. (fecha desconocida), How high can you jump? Operation Highjump and the ‘UFO’ connection. URL: http://www.rense.com/general35/op.htm.

Christensen, L. 1935. Such is the Antarctic. London: Hodder and Stoughton.

Christensen, L. 1939. Recent reconnaissance flights in the Antarctic. Geographical Journal XCIV: 192–203.

Deutsche Seewarte. 1939. Vorbericht uber die Deutsche Antarktische Expedition 1938/39. Annalen der Hydrographie und Maritimen Meteorologie VIII: Beihheft.

Dewing, C.E., and L.E. Kelsey. 1955. Preliminary inventory of the records of the United States Antarctic Service. Washington: National Archives and Records Service.

Dillon, M., and R. Bradford. 1987. Rogue warrior of the SAS: the Blair Mayne legend. London: Mainstream Publishing.

Farrell, J.P. 2005. Reich of the black sun. Kempton, Illinois: Adventures Unlimited Press.

Friedrich, C. 1979. Germany’s Antarctic claim: secret Nazi polar expeditions. Toronto: Samisdat Publishers.

Fuchs, V. 1982. Of ice and men: the story of the British Antarctic Survey 1943–73. Oswestry: Anthony Nelson.

German, C.R., L.M. Parson, and R.A. Mills. 1996. Midocean ridges and hydrothermal activity. In: Summerhayes, C.P., and S.A. Thorpe (editores). Oceanography: an illustrated guide. London: Manson Publishing: 152–164.

Giaever, J. 1954. The white desert. The official account of the Norwegian-British-Swedish Antarctic expedition. London: Chatto and Windus.

Giaever, J., and V. Schytt. 1963. General report of the expedition. Norwegian-British-Swedish Antarctic expedition, 1949–52. Oslo: Oslo University Press (Scientific results 6(3)).

Gernandt, H. 1984. Erlebnis Antarktis. Berlin: Transpress.

Gimblett, R.H. 2004 Canada’s submarines in context.

SITREP 64(5): 13–15 (Royal Canadian Military Institute, Ottawa).

Gloersen, P., W.J. Campbell, D.J. Cavalieri, J.C. Comiso, C.L. Parkinson, and H.J. Zwally. 1992. Arctic and Antarctic sea ice 1978–1987: satellite passive microwave observations and analysis. Washington: NASA (SP-511).

Goodrick-Clarke, N. 2002. Black sun: aryan cults, esoteric Nazism and the politics of identity. New York: New York University Press.

Hansom, J.D., and J. E. Gordon. 1998. Antarctic environment and resources: a geographical perspective. Harlow and New York: Longman Press.

Headland, R.K. 1989. Chronological list of Antarctic expeditions and related historical events. Cambridge: Cambridge University Press.

Headland, R.K. En imprenta. A chronology of Antarctic exploration.

Herrmann, E. 1942. Deutsche Forscher im S¨udpolarmeer.

Berlin: Safari Verlag.

Hisdal, V. 1956. Wind. Norwegian-British-Swedish Antarctic expedition 1949–52. Oslo: Oslo University Press (Scientific Results 1(2B)): 67–121.

Hisdal, V. 1960. Temperature. Norwegian-British-Swedish Antarctic expedition 1949–52. Oslo: Oslo University Press (Scientific Results 1(2C)): 125–182.

James, D. 1949. That frozen land: the story of a year in the Antarctic. London: Falcon Press.

Kraul, O. 1939. Käpt’n Kraul Erzählt. Berlin: F.A. Herbig.

Kraul, O. 1942. Die Eisverhältnisse in Antarktischen Gewässern. In: Ritscher, A. (editor). Wissenschaftliche und fliegerische Ergebnisse der Deutschen Antarktischen Expedition 1938/39. Leipzig: Koehler und Ameland (Auftrag der Deutschen Forschungsgemeinschaft): 273–281.

Landig, W. 1980. Wolfszeit um Thule. Vienna: Volkstum-Verlag.

Landig, W. 1991. Rebellen fuer Thule das Erbe von Atlantis. Vienna: Volkstum-Verlag.

Leary, W.M. 1999. Under ice. College Station: Texas A & M University Press.

Lüdecke, C. 2004. In Geheimer Mission zur Antarktis: Die Dritte Deutsche Antarktische Expedition 1938/39 und der Plan einer territorialen Festetzung zur Sicherung des Walfangs. Hamburg: Convent Verlag GmbH (Deutsches Schifffahrtsmuseum 26): 75–100.

Mattern, W. 1974. UFO’s Unbekanntes Flugobjekt. Letzte Geheimwaffe des Dritten Reiches? Toronto: Samisdat Press.

Mattern, W. and C. Friedrich. 1975. UFO’s: Nazi secret weapon? Toronto: Samisdat Pubs. Ltd.

Meding, H. 1992. Flucht vor Nürnberg? Deutsche and österreichsche Einwanderung in Argentinien, 1945–1955. Köln, Weimar, Wien: Bohlau Verlag.

Mills, W.J. 2003. Polar frontiers: a historical encyclopedia. 2 vols. Oxford: ABc-Clio.

NARA. 1985. Records relating to U-boat warfare, 1939–1945. Washington: National Archives and Records Administration (Guides to the Microfilmed Records of the German Navy, 1850–1945 (2)).

Newton, R.C. 1998. Submarinos Alemanes en Argentina.

Historia y Arqueología Maritima. URL: http://www.histarmar.com.ar/InfHistorica/BusquedasUBoats/5-InformeCeanaCastellano.htm

Ohta, Y. 1999. Natural environment map, Gjelsvikfjella and western Mühlig-Hoffmanfjella, Dronning Maud Land, East Antarctica, 1:1,000,000. Tromsø: Norwegian Polar Institute (Temakart No. 24)

Park, R.L. 2001. Voodoo science: the road from foolishness to fraud. Oxford: Oxford University Press.

Park, R.L. 2003. The seven warning signs of bogus science. The Chronicle Review 49(21) (31 January 2003, B20).

Rae, J. 1995. Operation Tabarin; the archives of a British Antarctic expedition in wartime. In Walton, D., W. J. Mills, and C.M. Phillips (editors). Bipolar information initiatives: the needs of polar research. Bluntisham: Bluntisham Books (Proceedings 15th Polar Libraries Colloquium): 174–175.

Ritscher, A. 1942. Wissenschaftliche und fliegerische Ergebnisse der Deutschen Antarktischen Expedition 1938/39. Leipzig: Koehler und Ameland (Auftrag der Deutschen Forschungsgemeinschaft): 273–281.

Ritscher, A. 1946. Oasen in Antarktika. Polarforschung 16(1/2) erschienen 1948: 70–71.

Ritscher, A. 1948. Vor 10 Jahren. Polarforschung 18(1/2) erschienen 1950: 30–32.

Ritscher, A. 1958. Deutsche Antarktische Expedition 1938/39. Wissenschaftliche und fliegerische Ergebnisse. Bd. 2. Hamburg: Helmut Striedieck (Geographisch-Kartographische Anstalt Mundus).

Robert, J. 2005a. Britain’s secret war in Antarctica, Part 1. Nexus Magazine 12(5). URL: http://www.nexusmagazine.com/articles/SecretWar1.html

Robert, J. 2005b. Britain’s secret war in Antarctica,Part 2. Nexus Magazine 12(6). URL: http://www.nexusmagazine.com/articles/SecretWar2.html

Robert, J. 2005c. Britain’s secret war in Antarctica, Part 3. Nexus Magazine 13(1). URL: http://www.nexusmagazine.com/articles/SecretWar3.html

Rose, L.A. 1980. Assault on eternity: Richard E. Byrd and the exploration of Antarctica 1946–47. Annapolis: Naval Institute Press.

Ross, H. 2003.Paddy Mayne: Lt. Col. Blair ‘Paddy’Mayne, 1 SAS Regiment. Stroud: Sutton Publishing.

Royal Geographical Society. 1939. The course of Antarctic exploration between longitudes 20W and 110E. Geographical Journal 94: 204–208 and map following page 272.

Sagan, C. 1996. The demon-haunted world: science as a candle in the dark. New York: Ballantine Books.

Schaeffer, H. 1952. U-boat 977. New York: W. W. Norton & Co.

Schön, H. 2004. Mythos Neu-Schwabenland für Hitler am Sudpol: die Deutsche Antarktis-Expedition 1938/39. Selent: Bonus-Verlag.

Shackleton, E. 1919. South. London: William Heinemann.

Sharpe, P. 1997. U-boat fact file. Leicester: Midland Publishing.

Solomon, S. 2001. The coldest march: Scott’s fatal Antarctic expedition. London: Heinemann.

Squires, H. 1992. SS eagle: the secret mission 1944–45. St. Johns: Jesperson Press.

Stevens, H. 1997. The last battalion and German Arctic, Antarctic and Andean bases. Gorman, California: The German Research Project.

Stevens, H. 2003. Hitler’s flying saucers. Kempton, Illinois: Adventures Unlimited Press.

Stonehouse, B. 2002. Encyclopaedia of Antarctica and the southern oceans. Chichester: John Wiley and Sons.

Sturrock, P.A. 1999. The UFO enigma: a new review of the physical evidence. New York: Warner Books.

Sullivan, W. 1957. Quest for a continent. New York: McGraw-Hill.

Sullivan, W. 1961. Assault on the unknown: the International Geophysical Year. New York: McGraw-Hill.

Swithinbank, C. 1999. Foothold on Antarctica. Lewes: The Book Guild.

Szabo, L. 1947. Hitler est vivant. Paris: SFELT.

Times Atlas. 2000. The Times atlas of the world – comprehensive edition. London: Times Books.

Tingey, R.J. 1991. The regional geology of Archaean and Proterozoic rocks in Antarctica. In Tingey, R.J. (editor). The geology of Antarctica. Oxford: Clarendon Press (Oxford Monographs on Geology and Geophysics 17): 1–73.

US Hydrographic Office. 1943. Chart No. 2562, 1:11,250,000. Washington: US Government Printing Office.

US Navy. 1947. Report of Operation Highjump; U.S. Navy Antarctic Development Project 1947. Washington DC., U.S. Navy Antarctic Development Project.

US Navy. 1948. Report of Operations, Second Antarctic Development Project (1947–48) (Operation Windmill). Washington: US Navy Antarctic Development Project.

Vyas, H.K., S.M. Bhandari, M.K. Dash, P.C. Pandey,

  1. Khare, A. Khanolkar, and N. Sharma. 2004.An atlas of Antarctic sea ice; from OCEANSAT-1 MSMR. Ahmedabad: Space Applications Centre (ISRO) and Goa: National Centre of Antarctic and Ocean Research.

Wohlthat, H. 1939. Die Deutsche Antarktische expedition 1938/39. Der Vierjahresplan 3(9): 613–617.

Wolff, E.W., E.D. Suttie, and D.A. Peel. 1999. Antarctic snow record of cadmium, copper, and zinc content during the twentieth century. Atmospheric Environment33(10): 1535–1541.

Wynn, K. 1998. U-boat operations of the Second World War. Vol. 2. Annapolis: US Naval Institute

MC

Salta, Argentina

Mayo MMXV

Salteño de pura cepa

Carlos Santiago Fayt

Un Símbolo de los Derechos Humanos, Capacidad Intelectual, Profesional, Etica Republicana.

Nació en Salta1 de febrero de 1918, es un abogado, escritorpolítico, académico,  profesor  universitario y juez argentino, ganador del Premio Konex de Brillante. Desde la restauración de la democracia en 1983, es uno de los jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina  en calidad de ministro.

Nació en el seno de una tradicional familia católica salteña, pero con el paso de los años se hizo  agnóstico. De ideología socialista, en su juventud estudió derecho y escribió tesis para  la  Universidad de Buenos Aires, que fueron rechazadas por contener críticas a la reforma constitucional de 1949. Si bien no era afín a las ideas peronistas, Fayt siempre se sintió interesado en estudiar el peronismo.

A los 96, Carlos Fayt no piensa en dejar de trabajar por la justicia. Su opinión sobre la Argentina. La mirada de sus colegas

Mi infancia.

Los recuerdos de mi infancia tienen siempre en mi caso el sello de la incertidumbre, toda vez que en los primeros años de mi vida tuve que acompañar a mis padres por los distintos lugares de mi Provincia natal, Salta. Recuerdo haber transitado por distintos lugares de mi provincia, yo nací en Salta Capital, así lo dice mí acta de nacimiento, pero por los viajes que he realizado, conocí Metán, El Tabacal, Chicoana, Rosario de la Frontera, El Galpón. Distintos lugares en donde fui a diferentes escuelas rurales y que están siempre presentes por las narraciones de mi padre. Durante toda esa época, mi padre realizó trabajos como funcionario provincial o bien por cuenta propia y ya habían nacido mis hermanos, por lo menos tres de ellos.

Recuerdo que en El Galpón, mi padre me narraba que había sido compañero de un folklorista muy conocido, Falú (Eduardo). Debo advertir que este suceso lo registro por la narración de mi padre ya que yo, particularmente, no lo tengo presente en mi memoria, a pesar de haber tenido intervención protagónica.

Lo cierto es que recién comienzo a tener una visión clara cuando mi padre decide trasladarse a Buenos Aires y nos trae a su esposa y a sus hijos. Fuimos a vivir a la calle José Hernández 1415, era una calle de tierra, la calle Libertador que ahora cruza, se llamaba Blandengues.

La casa a la que fuimos a vivir era la última de la Ciudad, es decir, que ahí terminaba el bajo Belgrano y solamente tenía en la vereda de enfrente al club Excursionistas y al club Gath & Chavez, atrás el Golf, y luego estaba “la quema”, nombre que se le daba a los depósitos de basura y donde vivían familias, “cirujas”; lo que hoy sería una villa miseria. Toda esa zona es ahora un Barrio Parque, con casas y viviendas de departamentos espectaculares y en los que habitan personas pertenecientes a la clase media alta. En aquél entonces, solo contaba con viviendas de material, algunas de madera y era gente de clase media baja.

Mi familia era de clase media baja y en aquél entonces yo no tuve que trabajar. Esto fue así gracias a que mi padre fue un hombre de labor, de trabajo, que ocupó distintos cargos provinciales. Incluso llegó en un momento determinado a ser interventor de la comuna de Choele Choel, yo tendría diez años, u once en ese tiempo.

Recuerdo que en los distintos años que yo viví con mis padres el país fue progresando. De la casa situada en la calle José Hernández pasamos a vivir en la calle Olazábal, y de allí a la calle Mendoza. Luego pudo comprarse un Chalet en el alto y salimos del bajo, pero ya había pasado bastante tiempo y, en ese momento, ya casi me había recibido de abogado. Mi experiencia entonces se forjó durante toda esa etapa de mi vida en el bajo Belgrano.

Mi paso por la escuela primaria y secundaria

Mi escolaridad, hasta el cuarto grado inclusive, se vio segmentado por esos cambios de domicilio permanente, que solo se normalizó cuando nos trasladáramos a Buenos Aires. Fue allí cuando ingresé a la escuela de Varones N° 8 del Consejo Escolar N° 10, que estaba situado en la calle Blandengues y Juramento. Lo que sería hoy Libertador y Juramento.

Tengo recuerdos de la escuela, no muchos pero tengo recuerdos. Entre mis compañeros estaba Alberto Gnecco que fue el médico más prestigioso del Bajo Belgrano. Fue el médico que más obras hizo para toda la población de esa zona. Recuerdo con tristeza que el más inteligente de mis compañeros del sexto grado, era un chico de apellido Zozani, que por sus calificaciones merecía ser considerado como el mejor del grado. Lamentablemente, no pudo seguir estudiando por razones económicas, y terminó siendo suboficial de policía.

Recuerdo también que en el año treinta, justo cuando terminé mis estudios primarios, tuve oportunidad de ver de cerca al General José Félix Uriburu desde el alambrado que nos protegía del Ferrocarril que va de Retiro al Tigre. Pude observar su paso, con cierta soberbia, en el coche que con la capota baja lo conducía a quién protagonizó el primer capítulo de la etapa militar en la Argentina.

Al año siguiente, en 1931, ingresé al Colegio Nacional Nicolás Avellaneda ubicado en las calles Humboltd y El Salvador. En ese momento el colegio tenía en el turno mañana del primero al quinto año, y en el turno tarde solamente del primero al segundo. Ingresé en el turno tarde y aprobé el primer año de estudios. Ya en segundo año, al comienzo del primer cuatrimestre se realizaron elecciones en el Colegio para elegir autoridades del centro de estudiantes. Un alumno de apellido Denevi, que presidía la lista, concurrió a nuestra división y solicitó a los compañeros que eligieran al representante del turno de la tarde por el alumnado del colegio para que ocupara el cargo de vicepresidente. Me sorprendió que mis compañeros me eligieran, ese episodio marco el inicio de un nexo con el estudiantado.

Tan es así, que ya en tercer año, y en los cursos de la tarde, me constituí en el orador del colegio que hablaba en los actos patrióticos y me convertí en el co-director y fundador de la Revista Voluntad. Mi trabajo en el centro de estudiantes fue activo. Recuerdo que el conocimiento de la catástrofe producida en Sanpacho, República de Chile, por un terremoto que produjo muertes y pérdidas materiales, me llevaron a realizar una colecta en el Colegio.

Lo que hizo que por primera vez hablara en cada una de las aulas reclamando la solidaridad y cooperación con las víctimas del desastre. Pero no solo me ocupé de este suceso. Al conocer que los alumnos del Colegio Mariano Moreno habían dispuesto una huelga y habían sido reprimidos, promoví que el alumnado del Avellaneda hiciera un día de paro en solidaridad con los alumnos del Mariano Moreno. Esto fue en defensa de los principios republicanos y democráticos por los que luchaba una parte del gobierno español, y que dio origen a la primera fotografía que tuve en mi vida y fue publicada en el Diario Crítica.

En esa fotografía aparezco luciendo el echarpe de lana blanca que tejiera mi madre y que me sirvió de abrigo en los inviernos. Debo advertir que no sé todavía si mis compañeros del Colegio Avellaneda hicieron suya la propuesta porque se trataba de un día de rabona colectiva o por solidaridad, me quedó siempre la duda. Lo cierto es que hicimos la huelga y el rector Mateo Quijano, hermano de quien fuera vicepresidente de la República con el nombre de Jazmín Hortensio Quijano me comunicó que antes de adoptar sanciones quería hablar con mi padre. Tenía la intención de suspenderme o aún echarme del colegio. Si sucedía esto último impediría recibirme y si lo primero debía rendir libre todas las materias del tercer año. Hablé con mi padre, le dije la verdad de lo ocurrido.

Fue así que concurrió al colegio y sucedió que conocía de Salta a la Familia Quijano, esto me salvó de la expulsión, pero no de un número abrumador de amonestaciones por lo que tuve que rendir todas las materias del tercer año libre. Materias que no sin esfuerzo aprobé para sorpresa de algunos profesores. Entre ellos, el profesor de inglés Mr. Mortimer, quien al entrar en el aula de cuarto año en su primer día de clase, al verme me dijo: “Que haces tu aquí, vete. Habíamos decidido que eras un peligro para las autoridades del colegio”.

Cuando le expliqué mis esfuerzos, Mr. Mortimer hizo aflorar su ternura y compresión que hasta ahora recuerdo con emoción. Al año siguiente, despedí sus restos en la Recoleta, expresando el sentimiento de todos los alumnos, por el apreciado profesor.

En octubre de 1934, junto con Iglesias, Boggiano y Cichero, decidimos publicar la Revista Voluntad como una contribución a la práctica del periodismo, a favor de las instituciones y con el fin de brindar información relacionada con la marcha del colegio. Expresamos nuestro agradecimiento al Rector Mateo Quijano. Estos propósitos fueron expuestos en el editorial que yo hice bajo el titulo “Palabras Iniciales”. En ese año se publicaron dos números.

En 1935, momento en el que cursábamos quinto año, se publicaron siete números más, el último en noviembre de ese año. A partir de ese número, correspondiente a septiembre de 1935, se alejó de la dirección alguno de nosotros, y a partir de entonces lo mantuvimos como una muestra de la actividad, poniendo al pie del titular una frase perteneciente a Veulliot, que escribió: “la horrible enfermedad del corazón humano es el odio a la verdad”.

Hechos que destaco en esa etapa de mi vida

 Al margen de la vida como estudiante, que la consideraba esencial, me interesaron algunas otras cosas. Así fue que conocí algunas personas como Secundino Calvo, Humberto Piñeiro, Manuel y Fernando Reyes, Armando y Ernesto Vairus, Fernando Gaspar, el grupo de los Graciano y Alberto Langoni , entre otros.

Secundino Calvo merece un sitio aparte porque me abrió un campo de acción y me facilitó formarme un eje en cuanto al conocimiento de los medios de comunicación. Circunstancia que tuvo relación de correspondencia con mi afición al juego de ajedrez. Aprendí ese juego a los diecisiete años y, cuando vivía en la calle Olazábal, llegué a ganar un campeonato de la zona y luego gané el campeonato metropolitano de la cuarta categoría.

Pase así a tercera, pero abandoné totalmente el juego porque llevaba muchísimo tiempo. Preferí el estudio al juego de ajedrez, aún sigo con la afición que no se olvida. Un ajedrecista jamás se olvida del juego y la pasión permanece en él y le permite ver las alternativas de dos o tres variantes que le suele presentar la vida, es decir, la visión de las posibilidades que plantea cualquiera de los problemas que debemos enfrentar y resolver en el curso de nuestra existencia.

Otro recuerdo importante se relaciona con la asamblea que se llevó a cabo en el recinto de la Cámara de Diputados, que vinculó a los representantes de las municipalidades de los territorios nacionales, que propiciaban la provincialización de los territorios nacionales que hoy son provincias, en la que participó mi padre como intendente a cargo del municipio de Choele Choel en Río Negro, y pronunció un breve discurso. En esa oportunidad, que aún hoy recuerdo, lo vi a mi padre sentado en una de esas bancas y sentí orgullo, además escuché a un orador que me impresionó y que se llamaba Leopoldo Melo, que era en aquél entonces ministro del interior, también, en esa circunstancia, en ese recinto, lucí el echarpe de lana blanca tejido por mi madre.

Además, hay otra cosa que gravitó muchísimo en mí y fue el servicio militar. Lo hice como estudiante, se hacía tres meses en ese entonces, un mes y medio de orden cerrado que es el que se hace en el cuartel con todos los movimientos y los ejercicios y un mes y medio de orden abierto que se hacía en Campo de Mayo, nos ponían en carpas, teníamos que armarlas, abrir las zanjas donde teníamos que hacer nuestras necesidades, etc.

Era un tiempo amargo al mando de los sargentos y los cabos. Eran duras las cosas, pero yo aprendí y nunca se borró de mi memoria el juramento a la bandera, me cayeron las lágrimas y a la promesa de seguirla, y de ser necesario entregar la vida, no lo olvidé jamás. Creo que es absolutamente necesario que los jóvenes hagan, no ya el Servicio Militar, sino algún servicio social. También, recuerdo que a la edad de dieciséis años yo tomé alumnos para prepararlos para el ingreso en el Colegio Nacional. Uno de ellos me llamó hace poco tiempo, Daniel Corbacho, vive todavía. Me dio una gran sorpresa, porque me dijo: “Usted no se acuerda de mí, yo fui su alumno”, le dije “perdón, pero tuve tantos” y me dijo “sí, en su casa me daba clases, usted tenía dieciséis años y yo tenía doce y quería ingresar al Colegio Nacional”. De manera que mi vocación de profesor viene de muchos años. Como ven siempre estuve vinculado a esa clase de tareas.

Cuándo me di cuenta de mi vocación por el Derecho

Lo que más me llamaba la atención del Derecho durante mis estudios era que, evidentemente, sabía se trataba de una herramienta valiosa para poder hacer algo por la sociedad. Eso me hizo comprender que tenía una clara vocación política, pero no sabía cómo orientarla. Pero tenía conciencia que las herramientas para gobernar y servir a la República estaban en el derecho. Esto lo comprendí estudiando instrucción cívica en el colegio nacional. Es decir, mi vocación se orientaba claramente hacia el Derecho.
¿Qué es el Derecho?

El Derecho, como sistema de reglas sociales que ordenan la conducta humana, es un producto social que representa y realiza un orden social deseable. En su relación general con el Estado, el Derecho es un elemento esencial de la forma política moderna, a tal punto que no hay Estado sin Derecho.

En su relación con los elementos de la estructura cumple, respecto de la población, la función de fijar la esfera individual excluida de la acción del Poder, los derechos individuales y sociales, los de índole política reservados a los miembros de la nación o pueblo del Estado, ordenando jurídicamente la convivencia como representación del orden. Respecto del territorio, lo determina jurídicamente en su relación con la población y el Poder. Por último en su relación con el Poder, su función consiste en determinarlo como poder jurídico, conferir poder, requiriendo de él, necesariamente, la sanción, para no quedar en un puro deber ético.

El Poder no crea el Derecho, pero lo establece y lo aplica; el Poder no es la regla social, pero satisface la exigencia de sanción inherente a la regla jurídica. Precisamente la sanción es la exterioridad del Poder. Convierte las relaciones que se dan en la estructura de la organización en relaciones jurídicas y a la energía o fuerza del Poder en fuerza jurídica. Cualificado por el imperio de la ley, transforma a la dominación que ejerce el poder en el Estado en dominación legal, es decir, justifica o legitima el Poder y lo convierte en autoridad jurídica.

La relación del Estado con el Derecho, o con cualesquiera de sus restantes elementos esenciales, sólo puede comprenderse teniendo en cuenta que éste se encuentra inserto en el cuadro conjunto de la organización; que es una parte de la unidad estatal, un elemento de su estructura; y las funciones que cumple dentro de ella.

De este modo, el Derecho es atributo esencial del Estado y elemento de la estructura dinámica de la organización, que, como sistema jerarquizado de reglas sociales obligatorias, representa un orden social deseable. Este no es un orden ideal sino un orden concreto, determinado históricamente por las representaciones y creencias dominantes en una comunidad en un momento dado de su desenvolvimiento; tampoco todas las reglas sociales constituyen materialmente Derecho, aunque formal o exteriormente se presenten con las características propias de las normas o reglas jurídicas.

La sociedad se manifiesta como un complejo campo de fuerzas al que las estructuras jurídicas van condicionando. El Derecho traduce formalmente toda redistribución de fuerzas, asegurando un orden relativamente estable, es decir, el orden deseable en ese momento dado.

El poder político se mueve en el nivel de las fuerzas exteriores, que gravitan en el orden social, actuando como instancia superior en la función de dirección, que comprende la decisión, acción y sanción dentro de la organización social. El Derecho tiende a superponerse al Poder mediante dispositivos inhibitorios, con fines de integración y de control. Esto origina una relación de correspondencia y tensión cíclica entre poder político y Derecho que “se traduce en una sucesión de momentos en que recíprocamente se dominan.

Cuando un orden social se refleja en un orden jurídico que corresponde a sus necesidades ideales y reales, el poder está plenamente sometido a ese Derecho, que se impone al poder con todas sus fuerzas institucionales para impedir una nueva creación que lo innove o lo destruya; cuando por lo contrario existe inadecuación entre un orden jurídico y esas necesidades, el poder extrae de esas mismas fuerzas ideales y reales la energía necesaria para dominar el derecho, transformándolo en función de las nuevas necesidades”. Sánchez Agesta considera que estos distintos momentos pueden dividirse en tensión, revolución, cristalización, saturación y nuevamente en tensión, aclarando que cada una de esas distintas fases corresponden a corrientes doctrinarias o ideológicas que expresan las distintas posiciones en que el derecho y el poder político se sitúan.

Así, la doctrina del poder constituyente de Sieyés; la del Estado de Derecho y la perso nalidad jurídica, dan un sentido a cada una de estas fases, en un proceso cíclico que no excluye ni la voluntad ni la conciencia humana como causa determinante del proceso. Esa tensión entre poder y derecho fue señalada con anterioridad por Heller, quien, luego de reconocer al Derecho como la condición necesaria del Estado actual, y al Estado como necesaria condición del Derecho del presente, expresa que la relación entre el Estado y el Derecho no consiste ni en una unidad indiferenciada ni en una irreductible oposición sino en una relación dialéctica.

En realidad, esa relación se da entre el Poder y el Derecho, que tienen esferas separadas. Debe quedar suficientemente claro que el Derecho es un elemento del Estado, no idéntico ni igual, ni opuesto, como si se tratara de un polo diferente. El Estado es la organización política y jurídica de la comunidad nacional, careciendo de todo sentido la unidad estatal, si además de entenderse como unidad espacial, temporal y personal, no se entiende como unidad política, dada por un centro de poder y unidad jurídica, dada por la unidad de un ordenamiento jurídico.

Cuando decimos que entre poder y derecho se da una relación dialéctica estamos diciendo, concretamente, que la energía política de una comunidad, repartida entre gobierno, partidarios del gobierno, oposición y pueblo en general, no queda encapsulada dentro del Derecho sino que modifica el Derecho cuando éste se ha vuelto injusto o no satisface ni corresponde a las exigencias y requerimientos sociales, cuando no representa ni realiza el orden social deseable por aquella parte de la oposición y del pueblo. La insatisfacción de esos requerimientos corresponde al momento de tensión; la captación o toma del Poder, que concluye con la clausura del orden social deseable y opera libremente para modificar esencialmente las estructuras jurídicas, corresponde al momento de la revolución; la subsiguiente formulación de nuevas reglas sociales en correspondencia con el orden social apetecido, el derecho nuevo o revolucionario, corresponde al momento de la cristalización, instante en que el Poder actúa dentro del Derecho, sirviéndole éste de necesario recinto jurídico; y luego, el momento de saturación, cuando el Derecho clausura la estructura no dando satisfacción a las nuevas exigencias sociales, instante en que reaparece la tensión como signo de iniciación de un nuevo ciclo.

Este esquema, proporcionado por Sánchez Agesta, aproxima a la realidad de una de las relaciones que dentro de la estructura se dan entre Poder y Derecho. La otra es que el Derecho confiere poder. El Estado actual tiene en el imperio de la ley uno de sus elementos modales, y éste, dentro de la estructura, se deposita en el Derecho del mismo modo que la soberanía se deposita en el Poder.

De ahí que la dominación actual sea una dominación legal, no personal. Los gobernantes ejercen poder de autoridad en la medida en que las leyes se lo confieren; no reciben obediencia por ellos mismos sino por “la legitimidad de su poder”. A este respecto, dice Heller que el gobernante más incapaz ejerce poder y recibe obediencia mientras se cree en la legitimidad de su autoridad. Más aun, toda la autoridad del Estado, su cualidad de poder “supremo”, se basa en su legitimidad.

Si no se acepta la forma jurídica no es posible una situación de dominación relativamente permanente; una voluntad sin normas no puede ejercer poder social. “Todo poder político es poder jurídicamente organizado”.

Supongamos por un momento que el Derecho no sea un producto social, sino una creación del Poder; que antes de que exista la familia, la propiedad, las relaciones entre los individuos, un hombre o grupo de hombres, convertido en legislador originario, diera existencia jurídica a la organización y al orden. Aun así, la relación entre Poder y Derecho no se alteraría.

Ese legislador originario habría creado el Derecho, como unidad de orden, y el poder de autoridad, como unidad política. Y su autoridad emanaría del ordenamiento jurídico, con lo que el Derecho estaría confiriendo poder.

El problema de la relación entre Estado y Derecho dentro de la forma política moderna, dentro del Estado actual, se resuelve comprendiendo la función que el derecho cumple dentro de la estructura de la organización. Es un elemento del Estado, una condición esencial de su existencia.

La relación entre el derecho y el poder no es ni de identidad ni de oposición, sino de recíproca correlación. El poder formula y sanciona el Derecho mediante sus órganos específicos; el Derecho lo justifica y legitima, incluso le confiere poder; hace que su fuerza se convierta en fuerza jurídica y en correspondencia con el proceso dinámico de la vida social el derecho, como representación de un orden y el poder como intermediario o ejecutor de su efectividad, forman un ciclo que expresa y resume los cambios y transformaciones que se producen en la realidad social y política.

Mi  ingreso a la Facultad

Mi padre, cuando me preguntó qué carrera quería seguir me sugirió que realizara la carrera militar. Él era amigo del director del colegio militar. En cuanto me dijo eso lo espanté. Le dije que no me veía saltando y haciendo ejercicios de tiro y todas esas cosas. De manera que mi vocación estaba en el derecho y así se lo manifesté. Hoy estoy convencido que ese ingreso significaba mi destino.

Si bien mi padre había tenido vocación política y había militado en el partido conservador de Salta que lideraba Robustiano Patrón Costa yo no tenía familiar alguno que me orientara en mis primeros pasos en la Facultad de Derecho y carecía de toda experiencia de los usos propios del lenguaje jurídico y de las mínimas nociones que pudieran facilitarme la comprensión del mundo jurídico.

Yo entré a la Facultad de Derecho, después de aprobar el examen de ingreso, y pronto me convertí en ayudante de la cátedra del Dr. José Sartorio. Allí hice un trabajo de recopilación de la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Eso me aproximó a la jurisprudencia de la Corte Suprema y aprendí cómo habían sido, a través de sus decisiones, las líneas de su jurisprudencia. Aprendí también lo que es un leading case, un caso singular, que lo llaman caso seminal, porque viene de semilla y los denominados holding. Holding es una palabra americana, los ingleses lo llaman ratio decidendi, que es el núcleo argumental que da sentido a una decisión jurídica. El fallo tiene un núcleo de argumentos que es lo básico de la decisión. Es ese núcleo argumental que sustenta la validez jurídica de un fallo. Ahí aprendí a distinguir, también, el stare decisis. Stare decisis significa el asentamiento jurisprudencial, cuando un fallo es repetido por otro de modo tal que son idénticos, ese fallo se transforma en un leading case y produce la situación del stare decisis, es decir, la decisión que se va a seguir adoptando en los idénticos. Todo ese aprendizaje fue hecho en esa etapa. Yo jamás imaginé que lo iba a aplicar a lo largo de mi vida.

Recuerdo con fascinación, durante esta época, la lectura de un libro que me abrió un horizonte y que ha influido en mi comprensión del Derecho Constitucional. Este libro, cuyo autor es Carlos Sánchez Viamonte -quien fue para mí el más original de los constitucionalistas argentinos- fue publicado en el año 1934 y se llama “Hacia un nuevo Derecho Constitucional”. Este libro, y luego el “Compendio de Instrucción Cívica”, que es en realidad un tratado de Derecho Constitucional -también de Sánchez Viamonte-, fueron las dos obras que más gravitaron en mi pensamiento en los años de facultad. En “Hacia un Nuevo Derecho Constitucional” narra la defensa que hace de las nuevas tendencias del constitucionalismo social en la asamblea constituyente de reforma de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires del año 1934, en lucha contra las demás fuerzas conservadoras, socialistas etc.. Eso me apasionó, prácticamente, me deslumbró. Él nunca fue maestro mío, yo no recibí clases orales de él.

Tuve la suerte de ser su amigo hasta su muerte. En mi último libro sobre Derechos Humanos en el Siglo XXl, hago un homenaje a su persona y a su pensamiento, que es actual en muchas cosas. Está también dedicado a otro hombre excepcional que fue el Dr. Alfredo Palacios.

Mi primera experiencia laboral

Antes de entrar al Servicio Militar, cuatro meses antes, logré un trabajo, fue el único trabajo en mi vida en relación de dependencia. Fue en la Liga Argentina de Profilaxis Social del Dr. Fernández Verano, el tenía sus oficinas en la calle Corrientes y Carlos Pellegrini en un tercer piso. Fui designado secretario y ahí aprendí dos o tres cosas, la forma de manejar la correspondencia, la manera de manejarse en una entidad, etc.. Recuerdo que el Dr. Fernández Verano publicó un libro que se llamaba “Para una Patria Grande un Pueblo Sano”, de páginas blancas. Con motivo de esa publicación, hacía actos en cines y teatros dando conferencias. En ese momento no existía la penicilina, entonces, había que prevenir la sífilis y la blenorragia, que eran tremendas. Él hacía pasar películas, luego hablaba, y cuando publicó el libro, al comienzo del acto, yo iba al escenario y anunciaba lo de las páginas blancas.

Me llamaba mucho la atención cuando veía que mi exposición era oída con mucho interés por parte de la gente. Yo me di cuenta que podía tener facilidad para el convencimiento, eso fue como una especie de gimnasia, de primeros pasos en la oratoria, en el manejo de la palabra. Yo tendría veinte años en ese momento y aparecía para anunciar el libro de las páginas blancas, ese era el nombre que yo le di. En consecuencia, eso me habituó, me hizo tener, digamos así, habitualidad con los auditorios más diversos, hombres de toda categoría, era para venderles el libro, como contribución a la obra que realizaba Fernández Verano. Fue allí que vi la organización que le daba a las cosas, como él las manejaba. Todo esto me sirvió mucho en el trabajo que, posteriormente, realicé en la Asociación de Abogados. Es decir, me sirvió de modelo para la conducción, tuve clara noción de que ninguna entidad camina bien si un porcentaje muy grande de sus hombres no está en comisiones y subcomisiones. Es preferible que él le deba a la entidad y no la entidad a él. Que fue lo que yo usé en mi primera presidencia en la Asociación de Abogados.

Designé muchas comisiones de labor, de trabajo, de estudios etc.; sabía que no iban a reunirse, pero el designado contraía un compromiso que no lo iba a cumplir y estaba en deuda él con la entidad. Ese fue el milagro, la clave del milagro de convertir una entidad de ciento setenta socios, en mil setecientos en dos años. El sentar ahí un socio y decirle “qué espera de la Asociación”, “y bueno a mí me tratan mal en los juzgados, en las mesas de entradas, que los ascensores no andan”, todas las quejas. Yo les respondía que íbamos a tratar de solucionarlo, “tendrá usted acá un hombre de la Comisión Directiva que estará a su disposición para acompañarlo, para que lo reciba el juez o el secretario con el fin de escuchar su queja”.

“¿Qué cosa le gusta a usted?”, “¿Qué parte del Derecho?”, le preguntaba a los miembros. “Muy bien, a partir de este momento usted forma parte de la comisión de estudio del tema que le agrada. “Ahora le tengo que pedir a usted un favor en nombre de la entidad”. “Hágame un socio, el socio no tiene que ser presentado por nadie, que lo firme, un abogado no necesita presentación en una entidad de abogados”. En el Colegio de la calle Montevideo pedían cinco firmas, yo lo sabía, sabía que por eso mismo podía hacer crecer a la Asociación. Y lo logré. El Dr Marcchionato, un extraordinario, abogado me trajo cien socios en cuatro meses. Se vivió una etapa muy linda en esos primeros años, hablo de los años 1962-1963. En mi segunda presidencia, tuve la responsabilidad de defender a los abogados y a la abogacía en momentos difíciles para la República. Fue la época de la primer guerrilla. Fueron circunstancias difíciles que exigían una intensa labor institucional. Siempre lo hice sin buscar beneficios económicos, jamás, no me gustaba manejar dinero, no manejé dinero siendo abogado, y acá tampoco lo hice. En el Alto Tribunal, intervine en la expropiación de todos los edificios que hoy forman parte de la infraestructura del Poder Judicial. Lo hice porque conocía el drama de los abogados y luego el drama de los jueces, los inconvenientes, los problemas que tienen. No quiero reconocimientos. No le debo nada a ningún presidente. Yo no conocía al Dr. Alfonsín cuando me designaron acá, ya les contaré la historia de cómo vine.

Mi primer libro “Por una nueva Argentina”

Yo me recibí a los 21 o 22 años y publiqué “Por una nueva Argentina” que fue mi primer libro, después de una serie de artículos, y fue comentado por algunos diarios. Aquí, en el prólogo, está el compromiso que tomé, vean lo que manifiesto aquí: “Las materias esbozadas a los largo de este ensayo serán motivo de una obra de mayor aliento. Surge a la vida impulsado por la pasión ardiente de trabajar por la grandeza política, económica y moral de la República”. Trato en el libro todo un programa que se observa en el índice que describe los siguientes puntos: Por la redención de la juventud; Por la libertad económica; Por la reforma educativa argentina; Por la reforma sanitaria; Por la solución de la cuestión social; Por la democracia; Por la libertad del sufragio; Porque el lector quiera ser el ciudadano. Esto se publicó el 15 de junio de 1940, es decir hace 64 años.
Fue este, entonces, mi primer trabajo. Además de hacer “Por una Nueva Argentina”, recuerdo que se iba a festejar el nonagésimo aniversario de la sanción de la Constitución Nacional. Yo había sido becario de la Comisión Nacional de Cultura, conocía la jurisprudencia de la Corte, y leo que el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires -yo no me había incorporado hasta entonces a ninguna de esas entidades-, organizaba un concurso para conmemorar el nonagésimo aniversario de la Constitución Nacional. El premio era un diploma y medalla para el primero y una medalla especial de plata para el segundo, había tercer premio también. A mí me interesó y preparé un trabajo por el cual me dieron el segundo premio. Era un libro sobre fuentes de la Constitución donde distingo entre fuentes reales y fuentes formales. Vean lo que mencioné en la parte final del prefacio de esta obra: “las largas horas robadas al sueño, luego de la penosa tarea del tramitador de juicios, mirando las hojas abiertas, como dos manos generosas de ese librito de ciento diez artículos, he borroneado páginas, y concluido este ensayo, pero ni el insignificante sacrificio de esas horas, ni sus modestos resultados, será apropiados para honrarla, porque la Constitución Argentina conoce ya el valor de honra que le dieron las palabras escritas y habladas durante sus noventa años de vigencia. Ahora espera que la honren cumpliéndola y respetándola, con lealtad, con honradez y patriotismo. Que Dios me depare ese privilegio, Buenos Aires, Marzo 31 de 1943”.
De manera que me premian, Walter Villegas, que era el presidente del Colegio de Abogados, y tenía un estudio con quien fuera Ministro de Justicia e Instrucción Pública y profesor de la Facultad, un brillante profesor, que fue el Dr. Jorge Eduardo Coll, me entrega el diploma, por ahí lo debo tener. Lo curioso es que no me dice asóciese, porque claro, me tenía que exigir cinco firmas, yo no sabía bien eso, pero me extraño. Me dijo “Ud. va a tener un gran futuro”, entonces, le dije “muy bien, gracias por lo que dice”, pero reitero, me extrañó que no me invitara a asociarme al Colegio.

Mi vocación Política, mi miltancia en el socialismo.

En una oportunidad yo llego, en Belgrano Bajo, a un Comité Radical, a inscribirme. Me hacen sentar, yo era un muchacho como ustedes, y me hacen pasar a un cuarto semi-oscuro donde me recibe un hombre que me pone una mano encima del hombro y me dice: “Hijo, ¿qué querés?, ¿una decena de lotería para tu familia?”, yo lo miré al tipo y le dije: “no señor, estoy equivocado”. No pensé jamás que me podían ofrecer por incorporarme a un partido la esperanza de una decena de lotería, a raíz de ello no volví.

Es decir, esa experiencia hizo que después no quisiera aceptar, cuando me invitaron a incorporarme al Partido Conservador Demócrata o al Partido Radical. También, me invitaron para sumarme a las filas del Partido Demócrata Progresista. Tampoco quise. Se preguntarán qué me llevó entonces al Partido Socialista. Miren, yo había publicado “Por una Nueva Argentina”, y sacó un comentario “La Vanguardia”. Entonces, fui a una conferencia que daba un tal Nicolás Repetto, con debate público. Me senté y lo escuché a este hombre con unas excepcionales dotes expositivas y didácticas, y vi que la gente pedía la palabra y no se interrumpía al orador sino con permiso de éste, había respeto y tolerancia, yo miraba, eran obreros, gente del pueblo, gente común, no eran profesores ni mucho menos. Me dije a mi mismo: “esto es otra cosa”. Y cuando llegó el momento de incorporarme a la vida política, me acerqué con otros diez amigos al Partido Socialista. Fui al centro correspondiente en Belgrano, que estaba en la calle Republiquetas a una cuadra de Cabildo, y nos afiliamos los once. Al mes se habían ido los diez, yo me quedé, de obstinado. ¿Por qué se fueron? Porque en esos momentos el Partido Socialista exigía que uno se circunscribiera a un estado de santidad. No había que jugar a las carreras, a la lotería, ver box, beber vino, había que concurrir a las bibliotecas. Había un médico que, en seguida, cuando supo que yo me había incorporado, luego que me aceptaron, por supuesto, me dijo: “usted viene buscando posiciones en el partido”. Recuerdo que le dije: “¿explíqueme qué es lo que supone usted?”, “yo supongo que usted quiere ser diputado”, y “dígame una cosa ¿Para qué están los partidos?”.

El asunto es que fue una lucha permanente de ese tipo en la 16 de Belgrano. Únicamente, yo que soy un cabeza dura cuando me obstino en una cosa me quedé. Les dije, “yo les voy a enseñar oratoria a ustedes”, “este inmueble que tienen en posesión treintañal (entonces existía esa posibilidad), vamos a tenerlo en propiedad, podemos hacer un edificio, tener hasta una pileta de natación”. Nunca se hizo eso por la ceguera y los celos de estos afiliados. Se requería una entrega total y había que salir a pegar carteles, hacer el “cursus honorum”. Entonces ese partido no podía ganar el apoyo electoral de la clase trabajadora argentina.

Era un partido apoyado por maestros, por gente ilustrada, etc., pero, a la gran masa del pueblo no tenía llegada. La prueba está, por ejemplo, que en los barriadas obreras de Avellaneda ganaban los conservadores. Me quedé porque sabía que era una escuela de civismo, por esa razón milité durante años en el Partido Socialista. A título de ejemplo, les narro una experiencia. En la primera asamblea a la que concurrí -todos los meses había una- vi cómo cualquier afiliado podía dirigirla y pregunté: “Por qué usted dirige esto, ¿cómo sabe?” y me contestó: “Por el ABC de Juan B. Justo”. “¿Qué es eso?” “Juan B. Justo dijo:
Actas, Balance, correspondencia”. Ello significaba que cualquier afiliado, por modesto que fuera, podía presidir una asamblea. Léase el acta, lea el balance, lea la correspondencia, etc. Claro, eran ciudadanos, no hay ninguna duda, no pedían nada, no pedían cargos, no era el asistencialismo, sentían el orgullo de ser parte activa del partido. Yo fui socialista porque era lo más transparente y yo soy un demócrata. Si ustedes me preguntan qué soy políticamente. Yo les digo: soy demócrata en toda la extensión que yo le doy a la palabra y que he expresado en mis libros.

Creo, sinceramente, en la vieja máxima de la Stoa griega (de los estoicos) que en su templete pusieron que “el hombre sea sagrado para el hombre”. Todavía, a lo largo de la historia no lo ha sido, pero creo en eso. De manera que no estoy apasionado por ideología alguna, soy un crítico de ellas, de las ideologías, es decir, tengo la suficiente experiencia por haber estudiado y por haber vivido que las ideologías existen y seguirán existiendo, pero no traen la solución de las cosas. Sé que son espurias, que no tienen sustancia, lo otro sí, pero creo que la democracia contemporánea que gradualmente va adquiriendo forma y contenido no es la democracia gobernada; la democracia puramente representativa, sino la democracia gobernante. Para eso necesitamos una revolución cívica porque no hay democracia sin demócratas. Vean ustedes, esto que tenemos en las calles es un embrión de un grupo de tensión social, alimentado con las arcas del Estado, que no tiene una noción clara políticamente de sus derechos. Sólo el hombre, convertido en ciudadano y en demócrata puede traer mejores soluciones. Pregúnteles por quien votaron, ellos podían manejar esto de otra manera y están dando un espectáculo cercano al ridículo. Yo lo siento porque es gente que tiene en el sufragio la herramienta política sustancial para los cambios históricos.

Mi labor docente a nivel universitario. Universidad de Buenos Aires.

 ¿Cómo llego a las cátedras? Producida la revolución que depone a Perón, se designan interventores en las universidades y están libres las cátedras. Yo recibo la invitación del designado Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata para hacerme cargo de la cátedra en que estuvo a cargo de Joaquín V. González, esa cátedra es la de Historia de las Instituciones Representativas, pero también estaba vacante la de Derecho Político. Al poco tiempo de desempeñar la primera, hablé con el Decano y le dije que me parecía que iba a ser más útil en la segunda, me interesaba más la cátedra de Derecho Político. En ese momento los planes de estudio establecían una Teoría del Estado y una Historia de Pensamiento Político. Después de esto me ofrecen la cátedra que estaba vacante, que era la única que existía, en la Capital Federal, es decir, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, me refiero a la cátedra de Derecho Político. Mi llegada despierta interés en algunos sectores y hacen que se constituyan otras dos cátedras en manos de profesores de la Democracia Cristiana, porque en ese momento yo militaba en el Partido Socialista. Entonces, para contrarrestar lo que se suponía era una mala influencia, designan la cátedra que fuera de Martínez y la otra cátedra a cargo de Romero Carranza, también pertenecientes a la Democracia Cristiana. En la facultad yo dicté cursos de promoción sin examen. Los alumnos venían a mis cursos pero no daban conmigo. Se anotaban porque el examen en ese momento lo daban cuando querían, cuando consideraban que estaban preparados. Es decir, no me aparté de mi estructura de enseñanza que era, efectivamente, la defensa de la democracia, una defensa de los valores que enaltecen la vida humana, la existencia y la posibilidad de que haya demócratas para que exista democracia, porque, como les dije hace un momento, sin demócratas no hay democracia.

En teoría no tenía una idea muy clara de cómo realizar la sistematización del Derecho Político. Fue así que concurro a Roma junto con Linares Quintana y Alberto Spota al Primer Congreso que realiza la Asociación Internacional de Ciencia Política, destinada a los Grupos de Interés. Ocasión que me brinda la oportunidad de conocer a todos los nombres de los libros que yo había leído y conocía, es decir a los grandes autores. He conocido a Duverger y a Burdeau en el caso de los franceses, a Lowenstein en el caso de los alemanes, a Sánchez Agesta, español, es decir, un montón de hombres de primerísima línea que estaban enseñando Ciencia Política o Derecho Político. Me doy cuenta que, siendo profesor de primer año de la facultad, tenía que enseñarle a mis alumnos, primero, una clara noción del mundo en que viven.

Es decir, darles las bases para una Teoría de la Sociedad. Enseñarles, también, cómo está organizado ese mundo jurídica y políticamente, es decir, una Teoría del Estado. Además de eso, qué norma fundamental, qué ley fundamental servía de eje esencial a todo el ordenamiento jurídico-político, debía enseñar entonces una Teoría de la Constitución. Finalmente, los actos, los hechos, las organizaciones y los grupos que configuran todo el universo de la actividad política propiamente dicha, es decir, una Teoría de los Actos Políticos, de los Partidos Políticos o de la Representación Política. Para mí el Derecho Político fue a partir de entonces, un sistema formado por cuatro magnitudes: una Teoría de la Sociedad, una Teoría del Estado, una Teoría de la Constitución y una Teoría de los Actos Políticos. Y es así como publico mi primer libro de Derecho Político, que luego lo completo porque quedé con una enorme duda sobre la Teoría de la Representación, lo completo con un libro sobre la representación política y el sufragio y luego lo resumo. Le incluyo, como un acto de amor a los estudiantes, de respeto a los estudiantes, para facilitarles las cosas, una sinopsis que le diera claridad, para que diáfanamente pudieran penetrar en cada capítulo teniendo y grabando en la memoria la síntesis, es decir la sinopsis. Podían comprender perfectamente el texto y podían recordar esa materia y repasarla en dos horas antes de dar examen. De ahí el éxito que lo haya convertido en un clásico y que, por ejemplo, en el Paraguay sea un texto obligado en todas la universidades, también en el Perú. Quiero decir que aquí se publicó esto hace muchos años. Se publicó en el año 1960 y desde entonces sigue viviendo por eso está en la onceava edición. Como ven, esta obra ha cobrado vida.

Además de la docencia… Actividades académicas además de docencia.

Participé en congresos nacionales e internacionales. Antes de esto yo ya había intervenido, con Vélez Mariconde, en la Comisión que elaboró el primer proyecto de Código Procesal Penal Oral de la Capital Federal en el año 1958. Ese proyecto en realidad fue el primero que se hizo y la parte contravencional estuvo a mi cargo, es decir que hice también penal. Luego participé en el Decreto de Organización de la Justicia Nacional. El decreto que rige la justicia nacional me tuvo a mi por partícipe. A veces, cuando se están aplicando las cosas me río porque evidentemente la vida ha sido muy generosa conmigo. Me ha permitido tener una larga experiencia.

Entregué todo mi tiempo y mi pasión a la enseñanza del derecho, incluso seguí con las dos cátedras en la universidad y gané una por concurso en Ciencias Políticas y Económicas (antecedentes y oposición). Fui así, en esa Facultad, profesor de Teoría política (1965, vísperas del golpe de Estado). Profesor al mismo tiempo en la Facultad del Museo Social Argentino y Decano de la carrera de periodismo. Profesor de la Universidad de Belgrano. Profesor Invitado a la U.N.A.M. (Universidad Autónoma de México). Participé, además, en seminarios internacionales en Costa Rica e, incluso, había realizado una intensa labor en favor de la liberación de la minoría judía en la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Yo no pertenezco a la comunidad, ni he tenido asuntos con ningún miembro de la comunidad, me motivó simplemente la convicción de que defendía una causa justa. Cuando yo voy al Congreso de Roma, de la Asociación Internacional de Ciencia Política, donde presenté mi trabajo sobre grupos de interés, es decir, en este trabajo distinguí con claridad entre lo que es un grupo de presión y lo que es un grupo de tensión social, ese fue mi aporte, que lo he dejado ya para que lo manejen en la bibliografía mundial, como grupos de presión y de tensión social, grupos de tensión social serían los piqueteros. En esa oportunidad, también fui invitado para dar clase en la Universidad de Luxemburgo, Facultad de Derecho, que inauguraba la cátedra de Derecho Comparado y di una clase.

Su interés por la problemática de la minoría judía en la U.R.S.S.

Con motivo del décimo aniversario de la fundación del Estado de Israel recibí la invitación de su gobierno para concurrir a los actos que iban a efectuarse. Ahí me encontré con Boffi Boggero, que era Ministro de la Corte Suprema, y con Margarita Arguas. Tuve una experiencia realmente impresionante, vi como ingenieros llevaban pedacitos de tierra para ponerlos en el Néguev y transformarlo en un vergel. Esos mismo ingenieros, arquitectos o científicos podían hacer una cosecha de naranjas, es decir, trabajos comunes. Además ví, como se habían organizado con experiencias sociales únicas, ahí estaban las tres formas de propiedad que se desarrollaron en Israel. Estaba la propiedad individual, capitalista, fuerte, poderosa en la medida que el Estado todavía era pequeño, estaba la propiedad cooperativa los moshav y luego estaban los kibutzim. El kibutz es un asentamiento voluntario sobre una propiedad colectiva de la Central de trabajadores donde cada cual da de acuerdo a sus capacidades y recibe de acuerdo con sus necesidades. Yo los vi funcionando, y los vi convertidos a esos asentamientos en los baluartes de la defensa israelí, de la conducción del Estado, además, de la importancia de sus instituciones y del ejercito.

Es decir, pude contemplar un pueblo esperanzado, iluminado por el libro, por supuesto, pero que tenía fe en si mismo. Atrás dejaban una larga historia, y alcanzaban lo que consideraban el logro, en definitiva, su asentamiento en Jerusalén. Me pareció una experiencia sumamente valiosa y, en cuanto me di cuenta de las restricciones que sufrían los judíos que estaban en la U.RS.S. para emigrar y la forma en la que se los perseguía, participé activamente en la lucha por su liberación e incluso llegue a crear acá “CEMJUS” el único centro de información sobre el tema en América Latina. CEMJUS significa el Centro de Estudios sobre la Situación de la Minoría Judía en la Unión Soviética. Participé en conferencias internacionales a favor de la liberación, de manera que luché por los derechos humanos de la minoría judía en la U.R.S.S. y contra el antisemitismo, que me parece un cáncer del corazón del hombre. Como consecuencia de toda esta labor me dieron así, sin pedirlo, lo que les mostré. Veinte comunidades judías decidieron darme el premio Derechos Humanos.
Distinciones, recuerdos, nostalgia, entusiasmo

Como ya dije, tengo el primer premio Nacional en Derecho y Ciencia Política a la producción por la Comisión Nacional de Cultura, ningún Juez de la Corte Suprema en toda su historia obtuvo ese premio. También fui becario de la Comisión Nacional de Cultura en un trabajo de recopilación también de Derecho Constitucional. Por otro lado, fíjense a quienes les dieron, el premio Derechos Humanos las veinte comunidades judías en América: a Vargas Llosa, a Arciniegas, a muchos presidentes de América, acá lo tienen.

El atentado a la Embajada de Israel

 Luego del atentado, hubo algunos pequeños problemas con la comunidad. Me cuestionaron por más que hice cuanto pude en la investigación de la Embajada de Israel. Yo no estoy ofendido. Estoy acostumbrado a las ingratitudes. Con motivo de la investigación yo publiqué el libro “Criminalidad del Terrorismo Sagrado”, y habrán visto al comienzo cuando me entregan ese premio del que les hablaba. Si leen la critica anticipada -que no pedí- que me hicieron los críticos de la Editorial Atlántida, señalan que es un trabajo que debería ser de obligatoria lectura para las comunidades judías y para los no judíos. Está a libre disposición de ellos. Entregué los libros que yo publiqué -fue la única edición que yo hice hacer-, y la Editorial La Ley tiene dos mil ejemplares para distribuirlos. De manera que les puedo asegurar que hice lo humanamente posible para que se hicieran las cosas bien y así se hicieron. Aquella, también, fue una tarea a la que dediqué mucho tiempo y muchas esperanzas, sin pretender nada. Les aclaro que yo no he recibido, sino atenciones en el sentido de aprecio. Este premio, por ejemplo, pero no he tenido ningún interés económico jamás. Digo, así como no he recibido nada de ningún Presidente de la República Argentina, no le debo nada económicamente a la comunidad judía. Le entregué mi tarea, mi trabajo, por años porque consideré que valía la pena luchar por la liberación de la minoría judía de la U.R.S.S.

Mi experiencia como Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires durante el golpe militar del año 1966

Cuando viene el golpe de Estado del señor Onganía, yo fui el primero que abandonó las aulas. Producido el golpe militar de Onganía vino la noche de los bastones largos, se apalearon a profesores y estudiantes. En la Facultad de Derecho se hizo, por primera vez, una reunión del claustro de profesores, nos citaron. En el fondo era para elegir y designarlo interventor de la Casa a Videla Escalada, esa era la intención. Yo sólo dije que debía investigarse, previamente, el porqué se había realizado y cómo se había realizado ese operativo de la intervención a la Facultad. Ni Soler, ni Oderigo, ni otros hombres que se tenían por maestros me apoyaron. Al contrario, dijeron que no debíamos investigar. Y no faltó el profesor que dijera que los estudiantes habían atacado a la policía.

Es decir, se negaron a investigar los acontecimientos. Eso originó mi renuncia. Yo no quise hacerle caso a mi amigo Isaac Halperin que, además de profesor de Derecho Comercial y juez de la Cámara Comercial, era una de las mentes más claras que tuvo al país. Él me dijo “no cometas el error de la política del gesto, en la Argentina no sirve la política del gesto”. Yo fui el primero que salí de esa Asamblea, renuncié a mi cargo. Y nunca voy a olvidar que el Sr. Caminos, que había sido ordenanza y era, entonces, Prosecretario Administrativo, me acompañó con lagrimas en los ojos hasta la puerta de la salida de la Facultad.

Renuncié también a la Facultad en la Plata y en Ciencias Económicas pero no renuncié, por olvido, ni al Museo Social Argentino ni a la Universidad de Belgrano donde seguí dando clases. En el Museo Social Argentino fui, no solamente Director y Decano de la Facultad de periodismo, sino durante años y hasta hace muy poco tiempo titular de la cátedra de Política Social. Y en la Universidad de Belgrano fui Director del curso de posgrado “Sistemas Políticos Comparados”. Después, claro, al venir acá abandoné la docencia. Intervine, sí, activamente, en la fundación Museo Palacios, por más que renuncié al partido socialista en 1957. Cuando yo renuncio me dedico a terminar de publicar algunos libros. La Historia del Pensamiento Político en 9 tomos, también con una característica muy especial, cada uno de los tomos, que corresponde a una de las épocas: Grecia, Roma, Renacimiento, la Reforma, etc., tiene parte de las obras y lecturas de cada período, que sé que es la única manera de que el estudiante se aproxime a los grandes autores, están hechos para ellos. Posiblemente, vuelva a publicarlos ahora. Además de eso, en el año 1967 salió “La Naturaleza del Peronismo”, que es una obra de cátedra, ustedes tienen ahí quienes me acompañaron y van a encontrar una obra muy completa y muy seria sobre la naturaleza del peronismo, que cobra una inusitada realidad, porque aparentemente es como si todavía hubiera una cultura peronista que se proyecta.

Comentarios de algunos puntos referidos al libro Naturaleza del Peronismo. Quiénes colaboraron en esa obra.

Es interesante este primer libro sobre el Peronismo, del que no hay casi ejemplares. Fue la primera investigación que se hizo en el país, que cobra una actualidad singular porque el señor Lanata que publica dos tomos sobre la Historia de los Argentinos en dos capítulos señala los méritos de ese trabajo. Quiénes colaboraron conmigo allí fueron: Luis Angeleri que era Secretario de la C.G.T.; José Grunfeld que fue un verdadero símbolo del anarquismo y del sindicalismo libre; Juan José Taccone que era el Secretario General de Luz y Fuerza; Aldo Ferrer, economista que fue Ministro de Hacienda, un hombre al que le sobran títulos; Fernando Sabsay, fue profesor universitario, escritor, etc., un hombre de valor (Le hice un prólogo a una de sus últimas obras sobre los caudillos argentinos); Amadeo Soler Alem que lamentablemente murió, era un estudioso; Marcos Kaplan era un colaborador de Silvio Frondizi en el grupo Praxis, que era un grupo leninista, se fue a México -donde fue profesor universitario en la Universidad Autónoma de México-, no sé si murió, creo que sí; Ariel Parentini, que utilizaba el nombre del padre y después se agregó el nombre de la madre que es Posse, inició luego una brillante carrera diplomática y es un escritor fenomenal, embajador en España, fue adjunto mío en la cátedra de Derecho Político (El último libro de él es hermosísimo, se llama “El colapso argentino”); José Manuel Saravia (h) que en ese momento había publicado un trabajo muy bueno de Sociología, realmente excepcional, murió joven; Alfredo Galletti que era presidente del Colegio de Abogados, profesor de la Facultad de Derecho en la Universidad de La Plata de la materia Historia Constitucional, publicó un libro por el Fondo de Cultura Económica sobre los Partidos Políticos argentinos, luego, raptaron, torturaron y desaparecieron a la hija y se suicidó el primer año del gobierno de Alfonsín tirándose de un séptimo piso acá en el centro; Juan Carlos Rubinstein, un gran profesor; Mariano Grondona a quien creo que todo el país conoce y aprecia; Oscar Camilión que fue adjunto mío también.

Cuando yo renuncio -fui el primero en renunciar en la Facultad-, me mandó un carta -él era secretario del diario Clarín en esa época- diciéndome que él, por principios, se quedaba y que iba a ser un baluarte, una trinchera de la casa, con eso demostró la inutilidad de la política del gesto; Alberto Ciria que fue un brillante profesor, estuvo exiliado y no sé si vive; Hugo Álvarez Natale que es profesor consulto de la Facultad, con él fundamos el Instituto Argentino de Ciencias Políticas que lo vamos a refundar para la formación de dirigentes; Darío Cantón que trabajó para la UNESCO, fue investigador del CONICET; Daniel Lura Villanueva quien fuera obispo protestante, murió, un hombre brillante; Félix Alberto Loñ, de una enorme probidad intelectual y moral y brillante profesor de la Facultad de Derecho; y, por último el maestro Germán Bidart Campos. Todos ellos colaboraron en lo que llamé confrontaciones, el primero fue sobre el sindicalismo y el peronismo, los otros fueron sobre los valores, sobre el sistema de creencias, sobre el sistema de partidos y los últimos sobre la religión, las iglesias y el peronismo. Es una obra completa, me gustaría que por lo menos la hojeen. En ella van a encontrar cosas como ésta: El G.O.U., todo el mundo dice que es el Grupo de Oficiales Unidos, no es cierto, es una logia que se llamaba, y están acá los Estatutos de la Logia, Grupo Obra de Unificación del Ejército, que fueron copiados por el G.O.U. de los estatutos de la Logia que tenía el ejército japonés. Otro libro mío es “El Político Armado” que trata sobre el segundo golpe militar, después lo publicó Eudeba sin su parte final. Leyendo “La Naturaleza del Peronismo” y “El Político Armado” se puede tener una idea de algunos períodos de la República Militar.

Recuerdos  de mi  ingreso a la Asociación de Abogados de Buenos Aires.

Siempre tuve mi estudio en la calle Uruguay 634, piso 3° E. Un día bajo y cruzó la calle Uruguay y paso por la calle Tucumán 1381, y leo: “Asociación de Abogados de Buenos Aires”, una chapa, una escalera, y subo. Allí me encuentro con un hombre joven, Arena se llamaba de apellido, estaba escribiendo sentado y me dice: “Doctor, siéntese, ya lo van a atender”. Le pregunté: “¿hay alguno de la comisión directiva?”, respondió: “no, yo soy el gerente”. El estaba solo, lo vi levantarse, y al cabo de unos cinco o diez minutos pasó un abogado, luego pasó otro, y más tarde otro más. Yo le pregunté a este muchacho, cuando me van a atender.

Me respondió que acaban de llegar para atenderlo. Me recibieron, eran amigos, una corriente de simpatía, de cordialidad, de camaradería y de compañerismo, “no tiene más que firmar acá doctor, y gracias por haberse incorporado”. Yo dije: “¿ya me aceptan?”, dicen “si, lo trataremos en la próxima reunión de Comisión Directiva”. Me pareció espléndido, siempre me quedó la espina de qué había pasado, como este muchacho Arena lo había logrado, cuál era la clave.

Luego me enteré que se levantaba y ponía una tarjeta colorada en el balcón que avisaba a los miembros de comisión o subcomisión para que se acerquen ya que había un interesado en asociarse. Eso lo supe después. Arena lo cuenta en su libro, y fue uno de mis amores, le dediqué todas las energías que pude a la Asociación. Yo ocupé todos los cargos de la Asociación.

Resumen de mi actividad en la Asociación de Abogados de Buenos Aires

Yo ingresé en la Asociación de Abogados el 15 de diciembre del año 1944. A lo largo de mis primeros dieciséis años en la Asociación, desarrollé funciones como miembro de la Comisión de Prensa, vocal de la Comisión Directiva y durante cinco o seis períodos estuve en el cargo de Secretario de Prensa. La Asociación fue en 1945 la madre de la Campaña de Educación Cívica que constituimos en su primera época con José Sartorio, Amadeo Allocati y Mario Justo López.

Con ella no llegamos a la plaza pública, se hizo por radio. Esa primera campaña se llevó a cabo en los momentos previos a las elecciones de 1945. Como la Asociación de Abogados tenía un artículo en sus Estatutos que decía “…divulgar los principios de la Constitución Nacional”, comencé a pedir a las radios espacios. Le pedí a Radio El Mundo, Splendid, entre otras. Fueron cinco las radios que conseguí.

La mayoría de los dirigentes de la Asociación participamos en la tarea de divulgar la Constitución y el pensamiento de los próceres, mediante lecciones de instrucción cívica. Amadeo Allocati se encargó de la dirección de los espacios que tenía la campaña en las cinco radios y del envío de 100.000 ejemplares -donados por La Ley- a quien, en todo el país, lo solicitara. Mario Justo López se ocupó de la emisión en las estaciones de radio del hermoso ciclo titulado “Hablan los próceres” que dió luego a publicidad en forma de libro. Los hombres de la Asociación, los abogados hacían de Moreno, de Paso etc. La campaña se hizo creyendo que podíamos llegar a la gente, dándoles nociones frente al gobierno militar. Era un sueño. Por supuesto que quienes lo recibían no era en realidad el hombre común o cotidiano. Ese hombre no tiene tiempo ni siquiera de saber cuáles son sus derechos ni cuáles son sus deberes. También, es importante señalar que durante esta primer etapa nunca quise presidir la “Primera Campaña Nacional de Educación Cívica”, porque aprendí que quien funda una entidad no debe tenerla para sí, como cosa propia.

Que, hay que saber renunciar a las cosas. Saber perder es la clave, que ganar cualquiera sabe, lo difícil es saber perder, tener la nobleza de felicitar al ganador, no quedarse emponzoñado es más difícil. También es importante huir de lo que nos excede. No emprender cosas imposibles, tener conciencia de nuestra capacidad y los límites de nuestras energías.

De manera que, interrumpida su labor, la Campaña de Educación Cívica reinició su tarea en 1956 con los debates públicos en las plazas de la Capital Federal y del interior del país. También, con cursos y conferencias en el local de la Asociación de Abogados, sin otro propósito que llevar a la ciudadanía el conocimiento de los principios constitucionales y contribuir al respeto de la ley, la justicia y la democracia.

En el año 1963 fui elegido Presidente de la Asociación. Durante ese período implantamos el sistema de guardias a cargo de miembros de la Comisión Directiva. El consocio Vanossi fue designado Secretario Letrado de la Corte Suprema. También, se adquirió la octava parte del local que ocupaba la Asociación en la calle Lavalle y se realizaron mejoras. Se designaron subcomisiones de legislación. Se obtuvo la autorización para colocar una vitrina en Tribunales. Se convocó a asamblea extraordinaria para el día 29 de noviembre a fin de escriturar ese local de la calle Lavalle. En ese mismo período, participamos en las Jornadas Universitarias de Arrendamientos organizadas por la Universidad Nacional de La Plata, el Congreso de Derecho Comercial realizado en Montevideo, las reuniones con el Instituto de Derecho Comercial sobre Reformas al Código de Comercio, las Jornadas Latinoamericanas de Derecho Tributario, asimismo, se participó en la VII Conferencia Nacional de Abogados llevada a cabo en Corrientes.

Lo trascendente de ese período es que se establecieron, con carácter abierto, las distintas Comisiones de Legislación y Estudio que se crearon a instancia mía. Las distintas Comisiones de Legislación y estudio que están hoy en el Colegio de Abogados fueron idea mía. No me jacto de ello, simplemente, para que ustedes conozcan la labor llevada a cabo. Se decidió, además, y es también muy importante, la construcción de la sede de la entidad de la calle Uruguay 485.

Se inició el proceso de incorporación de socios. Se llegó a quintuplicar el número de afiliados y se llevó a cabo la primera Jornada sobre Colegiación legal donde se sostuvo la necesidad de un Colegio Público de Abogados para la Capital Federal. Piensen que estamos en el año 1963 o 1964. Durante el ejercicio 1964-1965, se consideró un proyecto del Dr. Giuliani Fonrouge relacionado con “Las contribuciones de los fondos locales y el impuesto de réditos”, se aprobó la reglamentación para la participación de la Asociación en congresos, jornadas y conferencias y se creó la Comisión de Damas. Lo más significativo de ese período fue, a mi entender, la virtual inauguración de la construcción de la nueva sede de la calle Uruguay 485 donde funciona la Asociación de Abogados, cuya escritura de dominio lleva mi firma.

Recuerdo que participamos en la realización de la II Jornada sobre Colegiación y la VII Conferencia de Abogados en Corrientes. En junio de 1971 fui elegido, nuevamente, Presidente de la Asociación. Durante el ejercicio 1972-1973, la Asociación trató, entre otros asuntos: la intervención al Poder Judicial de Formosa, los sucesos ocurridos en Munich, la ley 18.963 sobre Reglamento para detenidos de máxima peligrosidad, la incomunicación de detenidos, la situación de los culpados en lo criminal de sentencias letra A y B, la inconstitucionalidad del artículo 45 del Código de Procedimientos en lo Civil, la sanción de la ley 20.009, la ley 19.948 que suprime a los abogados de la lista de conjueces, la ley de divorcio vincular, adopción y las reformas al artículo 67 bis de la Ley de Matrimonio Civil, las reformas al Código de Procedimientos en lo Civil y Comercial, el Anteproyecto del Código del Menor, la visita a los juzgados en busca de hechos concretos sobre deficiencias, es decir, tratando de defender a los que estaban evidentemente excluidos de la justicia. Además, nos ocupamos de otros temas como el nombramiento de síndicos abogados en los supuestos del artículo 310, inciso 12, de la ley 19.551, el pedido de comunicación de sanciones a magistrados y funcionarios judiciales, el fallo de la Corte sobre suspensiones en la matrícula de abogados.

También, fue objeto de nuestra preocupación, la Ley Electoral y los remates judiciales. Recuerdo el caso de los escribanos, el proyecto del Colegio de Escribanos sobre el trabajo de Lino Palacio por el que se modificaba el Código de Procedimientos y se entregaba las sucesiones a los escribanos. Yo me opuse a ese despojo a los abogados, y, efectivamente, logramos conversaciones directas para que cada colegio profesional de escribanos continuara con su tarea y los abogados con la suya.

Mi rol y el de la Asociación de Abogados de Buenos Aires en los años previos y durante la última dictadura militar sufrida por nuestro país.

Quisiera yo recordar, especialmente, algunas de mis intervenciones porque ahí recibí a las primeras Madres de Plaza de Mayo y, también, tuve que visitar al barco “Granadero” en el Puerto. Lo hice con miembros de la Comisión Directiva para examinar cómo estaban los detenidos, los chicos y las chicas detenidos por la subversión, eran los tiempos en que se los colocaba en camarotes, -verdaderamente- un tratamiento inhumano. Los visité. Recuerdo siempre que cuando subí la planchada empezaron a cantar “Z”, una estremecedora canción que exaltaba la libertad.

Además de eso, he firmado hábeas corpus; abogados que tenían miedo de ser objeto de crimen y que me venían a ver en mi carácter de Presidente para que firmara yo los hábeas corpus, pues no tenían destino ni se les daba trámite, prácticamente, no se cumplía con lo que debía ser el hábeas corpus. Pero no tuve inconveniente en firmar. Me parece importante que también se sepa, porque todo se tira en la bolsa del olvido. En la masacre de Trelew mataron a todos los detenidos, menos a tres que los dieron por muertos y una de las chicas era de apellido Berger. Yo conocí a la mayoría de los jóvenes que luchaban contra la dictadura militar. Por ejemplo, a Duhalde y Ortega Peña. No me refiero al Presidente Duhalde que fue alumno mío.

Bueno, como les decía, recuerdo que el Dr. Villagra, un abogado de un inmenso valor civil-que ya tenía dos muertos en la familia- inició una demanda reclamando, a favor de la chica Berger, el resarcimiento de los daños sufridos. Tenía miedo de firmarla y quería que yo, como Presidente de la Asociación, la firmara y la firmé porque entendí que era mi deber tutelar los fueros de la abogacía.

Memorias de aquella época tan difícil para nuestra Nación

Recuerdo que esas fueron mis palabras para un brillante abogado, que había sido alumno mío en La Plata, el “colorado” Zavala Rodríguez, que fue asesinado en Burzaco. Estaba galvanizado por la muerte del “Che” Guevara, incluso se separó de la mujer, una brillante muchacha, psicóloga. Levantó su estudio, vendió sus bienes. Yo hablé con ellos, con el matrimonio, y a él le dije: “Mirá, si fueras mi hijo te diría lo mismo que te voy a decir ahora, creo que no hay destino en tu lucha, no vas a tener éxito, el éxito tuyo está en la política, sos auténticamente un líder, estás huyendo de tu destino natural, crees que éste, el fusil, es la revolución y no la vas a lograr, no podés luchar contra las Fuerzas Armadas”. Estaba empecinado, obstinado, sentí muchísimo que llevara a cabo la separación, murió, por supuesto, en su ley. El Dr. Zavala Rodríguez pudo haber sido un gran líder juvenil y un gran político argentino. Recuerden el nombre. Yo tenía la sensación que esos jóvenes eran como los gorriones que iban contra el alambrado, y que eran prisioneros del alambre, estaban enloquecidos. Creían que podían crear la patria socialista. Esa también fue una de las tantas tareas que hice mientras estuve en esa segunda presidencia.

El rol que jugó la Asociación de Abogados de Buenos Aires en el proceso que desencadenó, finalmente, en la colegiación legal de los abogados

 La gran bandera que nosotros tuvimos siempre en la Asociación, fue la bandera de la colegiación legal, pero existieron algunas etapas previas. En su momento, Lanusse -que era Presidente de facto- comunicó a las entidades profesionales su interés en que se creara un Foro de los Abogados. Me puse en contacto con el Presidente del Colegio de Abogados de Buenos Aires, Dr. Alejandro Lastra, y diseñamos una ley. Estábamos dispuestos a crear el Foro de Abogados que, básicamente, es la que regula, actualmente, al Colegio Público de Abogados de la Capital Federal. Y se hicieron los padrones, se realizaron todas las entrevistas posibles y se mantenían vivas la Asociación y el Colegio de Abogados, pero se creaba, además, el Foro.

En ese momento se produjo una escisión en la Asociación, que vino a ser, prácticamente, un grupo muy especial de abogados. Surgió la Gremial de Abogados formada por quienes, a su modo, estaban en combate, en la lucha contra el gobierno militar. De manera que esa escisión significó que el gobierno diera marcha atrás, por temor de que ese fuera una especie de punteo, un muestreo de la opinión pública de la Capital, en base a la elección de los abogados y fue sepultada la creación del Foro de Abogados. En lugar de eso se creó el Tribunal de Ética y se confió a la Corte Suprema, una función que no le era propia, la de ser jueces o designar jueces para que juzguen a los abogados.

Por suerte, cuando nosotros vinimos a la Corte dispusimos dejar sin efecto no solamente la ley de facto 22.192 sino también el Tribunal de Ética. Es decir, concluido el denominado Proceso de Reorganización Nacional y restablecido el imperio de la Constitución Nacional, el día 9 de febrero del año 1984, reunidos en la Sala de Acuerdo del Tribunal de la Corte Suprema, los Jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Dres. Genaro Carrió, Augusto César Belluscio, Enrique Petracchi, José Severo Caballero y yo, con la presencia del entonces Procurador General de la Nación, Juan Gauna, analizamos la procedencia de la designación dispuesta por el artículo 24 de la ley 22.192, y dejamos sin efecto tal esquema por Acordada N° 4 de 1984, al resolver que no se encontraba dentro del ámbito de la jurisdicción de la Corte la designación de jueces para los abogados. Reitero, resultaba aplicable en ese caso la doctrina de la resolución dictada el 14 de marzo de 1903, según la cual en situaciones de esa índole corresponde que la Corte se pronuncie de oficio, ya que corresponde a las facultades de este Tribunal la atribución inherente a la naturaleza del poder que ejerce, juzgar en los casos ocurrentes la constitucionalidad y legalidad de los actos que se le someten, toda vez que, en ocasión de ello, ha de cumplir una función que le confiere la Constitución a la ley y a ese efecto la Corte Suprema no es un poder automático. Tiene el deber de examinar y discernir si el acto cometido, reviste o no la validez necesaria. Ninguna duda existía que la facultad conferida por el artículo 24 de la ley 22.192 excedía notoriamente el marco de las atribuciones jurisdiccionales que la Constitución otorga a la Corte Suprema y a las cuales debe ceñirse -estrictamente- en sus acciones.

En consecuencia, no encontrándose contemplada tal situación mal podría ser ejercida sin violentar la letra y el espíritu de nuestra Ley Fundamental. Por lo tanto, resolvimos declarar inaplicable el artículo 24 de la ley de facto 22.192, derogar los artículos 6 a 14 de la Acordada 13/80, así como los artículos 18 y 19 de las Disposiciones Transitorias y notificar lo resuelto a la Cámaras Federales del interior a los fines respectivos. Es decir, terminó así el Tribunal de Ética. Esto dio motivo a que se sancionara la ley 23.137 de creación del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal estableciéndose de esta manera la colegiación obligatoria en la Capital Federal como ya estaba en casi todos los distritos del país. Después de tantos años de lucha la mayoría de los abogados de la Ciudad de Buenos Aires habían logrado que el Congreso de la Nación instituyera por ley el tan ansiado Colegio Público de Abogados. Fue el primer Presidente del Colegio Público el Dr. Alberto Spota. En realidad, su legitimación no solamente surgió de la sanción de la ley por el Congreso de la Nación, sino también por el primer acto eleccionario que se realizó. Es decir, el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal recibió su legitimación por la voluntad de los propios abogados que consagraron las primeras autoridades del Consejo, la Asamblea y el Tribunal de Conducta. Por si no bastaran su naturaleza jurídica, su condición de persona de Derecho Público no estatal, su objetivo de interés público, la delegación por parte del Estado del gobierno de la matrícula y del poder disciplinario, su autarquía financiera y el reconocimiento por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la validez jurídica de su existencia, el primer acto comicial de naturaleza fundacional realizado al 29 de abril de 1986, con la participación de 9 listas y un padrón de 27.000 inscriptos, contó con la concurrencia libre, voluntaria y sincera de 18.500 inscriptos. El Colegio se ha ido desempeñándo hasta ahora. Es decir, la creación del Colegio Público tiene una historia de luchas y fracasos que es, asimismo, parte de la abogacía argentina, cuyas proyecciones no deben dividirse como si fueran de otro lugar, porque no se comprendan o no interesa comprenderlas. La distinción entre colegialistas y anticolegialistas es un vasto proceso que no ha desaparecido. En ese proceso los errores en que pudiera incurrir el Colegio Público serán usados por la anticolegiación como pruebas incontrastables de los daños que ocasiona la colegiación compulsiva. En esencia, se trata de una cuenta aún pendiente grávida de desafíos e interrogantes. Me pregunto si terminará en el siglo XXI el Colegio Público de Abogados tal como la ley lo establecía. La respuesta está depositada en el futuro y en lo profundo en la existencia de una generación de abogados que interprete muy bien los acontecimientos que marcarán el sentido de una nueva etapa del proceso de la colegiación en la Argentina.

Recuerdos del momento en que me ofrecieron un lugar en el Alto Tribunal

Yo no lo conocía al Dr. Alfonsín. Me habla por teléfono la noche siguiente al triunfo Alconada Aramburu y me dice: “Dr. Fayt ahora no se puede negar, necesitamos su colaboración”. Dije, “déjeme pensar cuarenta y ocho horas”. Lo pensé. Yo tenía un estudio con una clientela formada a lo largo de 40 años de ejercicio profesional. Cerré mi estudio, acepté. Creí que era mi deber servir al país. Mi idea era, con claridad, ser un juez imparcial e independiente y trabajar exclusivamente en los fallos y ver todos los fallos. ¿Por qué? porque si yo no veía un fallo dejaba de ser juez, me podían traer una cosa hecha con la renuncia y firmarla. Ya le habían hecho una broma de esas con la renuncia a alguien. Además, entendí que era necesario estudiar, ver las cosas, no improvisar.

En qué modificó mi vida la asunción como Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación

A partir de mi nombramiento no he concurrido a algún acontecimiento internacional de los muchísimos que me invitaron, incluso no he ido a conferencias nacionales e internacionales. De los abogados, a las invitaciones que me realizaron a los actos no voy. Acá mismo, no voy a la mayoría de los actos que se realizan. Aquí hablé, cuando estaba Carrió, y rendimos homenaje a Alberdi, en nombre de la Corte Suprema, di una conferencia sobre Alberdi. Es decir, que hablé en nombre de la Corte Suprema sobre Alberdi. Y he sacado alrededor de doce libros que son como etapas recorridas por la Corte en materia de Prensa, dos libros están dedicadas a las 198 sentencias que dictó la Corte en toda su historia sobre información y comunicación. “La Omnipotencia de la Prensa. Su juicio de realidad en la jurisprudencia argentina y norteamericana” es uno, el otro es “La Corte Suprema y sus 198 sentencias sobre Comunicación y Periodismo”. Además uno muy reciente titulado “La Corte Suprema y la evolución de su jurisprudencia. Leading cases y Holdings. Casos trascendentes” que resume lo realizado por la Corte en estos últimos veinte años.

Cuestiones que estima que la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha innovado durante estos veinte años

Sobre información y comunicación se ha innovado mucho. Se transformó el derecho de publicar las ideas por la prensa, en el derecho de información individual; en derecho a la información, en el derecho social a ser bien informado y el derecho patrimonial que tienen las mega empresas que manejan el negocio de la noticia ya que como ustedes saben, la noticia se ha convertido en una mercancía. Además, se ha establecido el derecho de respuesta, que se conoce como réplica. En defensa de los periodistas se ha consagrado la real malicia. Además, se ha reconocido el control de constitucionalidad de oficio por la Corte. La Corte de los Estados Unidos todavía no lo hizo.

Las cuestiones políticas, que antes estaban prohibidas para la Corte Suprema de Justicia, las cuestiones electorales que antes estaban vedadas. Además de eso, la función dirimente de la Corte. Dirimir no es juzgar, no es conciliar, no es arbitrar. La conciliación busca el arreglo entre las partes, el juez es el que dicta sentencia. El que dirime es el que compone, el dicta el procedimiento y la sentencia de acuerdo a equidad, a lo que le parece, en la Constitución se da esa función a la Corte en los casos entre las Provincias, y acá hemos sostenido que también lo puede tener la Corte cuando sea la Nación y las Provincias, ¿por qué? Porque tiene que componerse el todo y la parte.

Comentario sobre el trabajo realizado por la Corte Suprema en estos años.  Cómo se podría mejorar su funcionamiento

Hay nuevas dimensiones que se abren, en estos veinte años, que fueron establecidas por la Corte y que han merecido el respeto y el comentario de nuestra jurisprudencia en los mejores centros mundiales ¡Acá no! Un argentino no conoce qué es la Corte, ni qué función tiene, ni el nombre de quienes la integran, ni los antecedentes académicos, personales, jurídicos etc.. Y, sin embargo, la ha hecho centro de sus críticas, piensan que es una especie de nido de analfabetos, ignorantes y corruptos. Gritan que se vayan, no saben ellos lo que están haciendo. ¿Cómo modifica usted eso? ¿Cómo lo van a modificar en el futuro? Yo he sostenido que la Corte argentina no debe conocer más que en 200 casos. La Corte norteamericana, con 270 millones de personas que habitan Estados Unidos, conoce entre 80 y 150 casos al año. Yo veo 80 casos en una semana, ahora mismo debo tener 60 afuera. La causa de esta situación es que se ha ido produciendo un fenómeno de descarga en la Corte de todas las cuestiones creadas por la situación económica.

Si no pueden pagarse a los jubilados se establece un recurso ordinario ante la Corte a favor de la A.N.S.E.S. La Corte se ha transformado en un tribunal de ramos generales y no puede ser. ¡No puede ser…! Y han creado también un Consejo de la Magistratura que es para Europa, donde hay parlamento, donde hay otra estructura que no es la americana. Además, se le ha dado al procurador general -que antes era un colaborador directo de la Corte- la función de dictaminar en todos los recursos extraordinarios. Tenemos la obligación de mandarle al procurador general todos los recursos extraordinarios y esperar que dictamine. No podemos rescatar el expediente, no obstante no ser obligatorio para nosotros su dictamen. Hubo veces en que había dos años de atraso en la Procuración. En otras palabras, los cambios profundos, los vamos a ir realizando nosotros mismos. Tenemos plena conciencia de lo que hemos hecho. Con relación a la tarea en la Corte quiero que ustedes hojeen este nuevo libro que esta por publicarse en La Ley. Y que lean la parte primera, el prólogo y los fallos dictados en los últimos veinte años.

El título: “Los leading cases y holdings dictados por la Corte Suprema de Justicia de la Nación”, el control de constitucionalidad de oficio, el derecho de la información y a la información, el derecho de respuesta, la real malicia, las cuestiones políticas y electorales, la función dirimente de la Corte Suprema. Esas son nuevas dimensiones .

Motivos que me impulsaron a interponer la acción de conocimiento a raíz de la disposición del artículo 99, inciso 4°, de la Constitución Nacional reformada

Me quedé porque quiero al país, por amor a la patria. Podría haberme ido cuando se fue Bacqué, cuando se aumentó el número de miembros, o tras la reforma de la Constitución. Podría haberme ido al Colegio Público de Abogados o a la Asociación de Abogados. Podría haber hecho política y ocupar varios lugares. Pero, en realidad, yo soy juez desde hace veinte años, todavía no tengo ni parkinson ni demencia senil. Me voy a ir cuando crea que el país ya no me necesita. Había pensado hacerlo en los próximos meses, pero creo que debo quedarme, porque la Corte Suprema todavía no está integrada y yo puedo aún servir a la Nación.

Obras jurídicas que  recomendaría a un joven estudiante
En primer término recomendaría la lectura de mi Derecho Político, en esta obra, como ya les dije, describo al Derecho Político como un sistema formado por cuatro magnitudes: una Teoría de la Sociedad, una Teoría del Estado, una Teoría de la Constitución y una Teoría de los Actos Políticos. Creo que, a través de ella, los estudiantes pueden adquirir una clara noción del mundo en que viven.

Además, le incluyo, como un acto de amor a los estudiantes, una sinopsis que clarifica los conceptos, y les permite penetrar en cada capítulo teniendo y grabando en la memoria la síntesis, que clarifica el orden lógico de la exposición. Podrán comprender perfectamente el texto y recordar esta materia con sólo pocas horas de lectura. De ahí el éxito que ha convertido a esta obra en un clásico, se publicó en el año 1960 y desde entonces sigue viviendo por eso está en la onceava edición.

Estimo, por otra parte, que algunos autores que menciono a lo largo de la obra merecen un conocimiento directo por parte de los estudiantes, un recorrer las fuentes, en particular les recomiendo la lectura de La Política de Aristóteles; Traité de Science Politique de Georges Burdeau; Derecho Constitucional de Rafael Bielsa; Teoría General del Estado de R. Carré De Malberg; Los Partidos Políticos, Los Regímenes Políticos y L’influence des Systemes Électoraux sur la Vie Politique de Maurice Duverger; El Estado Moderno de Silvio Frondizi; Manual de la Constitución Argentina de Joaquín V. González; Principios de Derecho Público y Constitucional de Maurice Hauriou; Líneas Fundamentales de la Filosofía del Derecho de Guillermo Federico Hegel; Teoría General del Estado de George Jellinek; La Representación Política de Mario Justo López; Teoría General del Estado, Teoría Comunista del Derecho y del Estado, y Esencia y Valor de la Democracia de Hans Kelsen; Tratado de la Ciencia del Derecho Constitucional de Segundo V. Linares Quintana; El Espíritu de las Leyes de C. de S. Montesquieu; Historia de la Teoría Política de G. H. Sabine; Lecciones de Derecho Político de Luis Sánchez Agesta; Derecho Político, Las Instituciones Políticas en la Historia Universal, Manual de Derecho Constitucional y Democracia y Socialismo de Carlos Sánchez Viamonte; Teoría de la Constitución de Carl Schmit y Economía y Sociedad de Max Weber.

Consejo que le daría a un estudiante y a un joven graduado

Como verán, yo estoy desnudando cosas que no pensaba desnudar. Por eso me permito aconsejarles: “Sean como la tierra que es paciente, sean como el agua que es clara y cristalina, sean como el fuego que es fuerte, sean como el viento que es justo”. La tierra es paciente, porque por más que tenga la mayor premura, en ningún momento se aventura a hacer que los ciclos de las estaciones se adelanten. Quiere que el verano sea el verano, el invierno el invierno, el otoño el otoño, es decir las distintas etapas de la naturaleza. Además recibe las eyecciones de los animales y de los seres humanos y las transforma en abonos para que florezcan todo lo que la naturaleza brinda, las flores, los frutos, los árboles, la magnificencia del planeta que habitamos, y es paciente. El agua es cristalina y transparente, canta en las montañas, pero también cuando está sucia se limpia a ella misma, y es absolutamente necesaria para la vida de los seres humanos, los animales y las plantas. El fuego, fuerte, al lapacho, a los árboles y a los troncos más duros, los quema, produce luz y calor. El viento es justo, castiga con las tormentas, con el ciclón, con los huracanes, pero también despeja las nubes y es necesarios para la vida, tiene el oxigeno, el hidrógeno y el nitrógeno, es decir lleva por sobre todo el oxigeno, que es necesarios para la vida de los hombres, de los animales y de las plantas. Entonces sean pacientes como la tierra, claros y transparentes como el agua, fuertes como el fuego y justos como el viento.

Muy bien, ahora vamos al final, como final de esta conversación quisiera repetir tres propósitos que en su momentos formulé en una carta que le enviara a Alberto Spota:

En primer lugar, que la ciudadanía sea consciente de que es absolutamente indispensable comprender que el futuro no nos será dado, sino que debemos hacerlo y, en medio de la crisis que nos rodea, contra esa crisis y sin duda por la misma crisis, trabajar con todas nuestras energías -sin tasa ni medida- por la reconstrucción política, social y económica de la República.

En segundo lugar, poner de resalto que la llama que iluminó nuestro sendero y nos unió fue la de la esperanza, la esperanza de contribuir a la grandeza de nuestro país. Ella nos hizo inmunes a todos los infortunios.

Por último, el propósito -que quisiera gritar en viva voz, en su compañía, con sus amigos, sus alumnos, sus discípulos- de que ¡nadie ni nada arrebate del corazón y el alma de la juventud argentina el derecho de tener esperanza, el derecho a la fe en sí misma y la confianza en el resultado de su propio esfuerzo! 

Dr. Fayt, muchas gracias.

Facultad de Derecho, U.B.A.

“Lecciones y Ensayo” (Una publicación de la U.B.A.)

MC

Salta Argentina

Mayo 2015

El Papa Francisco I y Los Extraterrestres

El Vaticano está preparando una declaración sobre la vida extraterrestre.

Se reporta que el Papa Francisco está preparando una importante declaración mundial sobre la vida extraterrestre y sus implicaciones teológicas.

Rosana Ubanell de VOXXI Noticias que debido a los avances en los métodos científicos de detección para el descubrimiento de vida extraterrestre, el Papa Francisco quiere estar listo con una declaración acerca de “Primer Contacto”.

Ubanell reporta que los detalles aún no han sido anunciados oficialmente, pero que el interés del Vaticano en la vida extraterrestre está bien documentado a través de recientes conferencias de astrobiología en las que el Observatorio Vaticano ha patrocinado o ha participado.

El Padre de Guy Consolmagno, un astrónomo jesuita y uno de los defensores católicos principales para la preparación para el descubrimiento científico de la vida extraterrestre, el 18 de julio (2014), ganó la medalla Carl Sagan de la ciencia de la Sociedad Astronómica Americana.

El Papa Francisco, un compañero jesuita, consulta regularmente con Consolmagno y otros astrónomos líderes del Vaticano sobre cuestiones científicas. Es probable que el Papa Francisco esté preparando el discurso “Urbi et Orbi” – que en latín significa “a la ciudad [de Roma] y el mundo” – sobre el primer contacto con vida extraterrestre.

El interés científico del Vaticano en la vida extraterrestre fue revelado públicamente por primera vez en mayo de 2008, cuando el director del Observatorio del Vaticano, el padre Gabriel Funes, también jesuita, dio una entrevista al periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano.

Funes hizo una serie de declaraciones sorprendentes sobre cómo la vida extraterrestre es probable que sea éticamente más evolucionada que la vida humana, y pueden ser acogido comos hermanos.

En su entrevista, que se tituló “El extraterrestre es mi hermano“, Funes dijo que la vida extraterrestre inteligente puede no haber experimentado una “caída “, y podría ser,

“Libre de pecado original… [habiendo permanecido] en plena amistad con su creador. ”

Esto hace posible considerarlos como nuestros hermanos como explicó Funes:

“Así como hay una multiplicidad de criaturas en la Tierra, puede haber otros seres, incluso inteligentes, creados por Dios. Esto no está en contraste con nuestra fe porque no podemos poner límites a la libertad creadora de Dios…

“¿Por qué no podemos hablar de un ‘hermano extraterrestre’? Seguiría siendo parte de la creación… ”

Lo más importante, la declaración de Funes hace posible la idea de que el cristianismo puede ser exportado a mundos extraterrestres que no han experimentado una “caída” y están libres del pecado original.

Poco más de un año después de su entrevista, Funes fue el organizador del Primer Simposio de Astrobiología en poder de la Academia Pontificia de las Ciencias en noviembre de 2009. Consolmagno y Funes han jugado desde entonces papeles principales para el Observatorio Vaticano en la presentación de una perspectiva teológica sobre el descubrimiento de la vida extraterrestre.

Lo más importante, ambos han sido principales asesores del Papa Francisco sobre cuestiones científicas relativas al descubrimiento de vida extraterrestre.

¿Qué es probable que sea el contenido de la próxima declaración del Papa Francisco o posible discurso “Urbi et Orbi” sobre la vida extraterrestre?

Una pista importante es una  presentación por Fray Consolmagno en un simposio del 18 hasta el 19 de septiembre, 2014, el simposio de astrobiología organizado por la NASA y la Biblioteca del Congreso que se tituló, “Preparación para el descubrimiento – un enfoque racional para el Impacto del Hallazgo de Compleja Vida Microbiana, o vida Inteligente Más Allá de la Tierra.”

Consolmagno es un presentador destacado y discutirá las implicaciones teológicas de descubrir vida extraterrestre.

Su tema, “¿Bautizaría Usted a un extraterrestre?” sugiere que el Papa Francisco está de acuerdo en que los extraterrestres son capaces de una ética superior que participa en la comprensión del mensaje cristiano y que podrían llegar a ser cristianos.

Si el Papa Francisco está de hecho preparando una declaración sobre vida extraterrestre, es probable que destaque que no existe incompatibilidad en las enseñanzas cristianas con la creencia en la vida extraterrestre como el P. Funes propuso en mayo de 2008.

Más importante aún, el Papa Francisco es probable que enfatice temas de extraterrestres:

  • no compartiendo el “pecado original”
  • siendo más éticamente evolucionado
  • siendo capaz de “compartir” el mensaje cristiano
  • siendo nuestros hermanos

No todos darán la bienvenida a una declaración del Papa Francisco abogando a los extraterrestres como hermanos y dignos de ser bautizados en la fe cristiana.

Según Chris Putnam y Tom Horn, autores de Exovaticana, el Papa Francisco I se prepara para dirigir la Iglesia católica a abrazar a los extraterrestres como “hermanos en ‘Cristo'” – reflectantes de los reportes de contactados de benevolentes ‘hermanos del espacio’ de las décadas de 1950 y 1960.

Exovaticana de Putnam y Horn augura una futura guerra religiosa entre aquellos extraterrestres que acepten como “hermanos en ‘Cristo'” y aquellos que creen que son demonios que han regresado para esclavizarnos.

A pesar de la extensa erudición encontrada en Exovaticana, lamentablemente sesga los datos hacia una evaluación excesivamente negativa de las motivaciones de los visitantes extraterrestres.

Afortunadamente, la posición pública del Vaticano en ‘evolución’, como se refleja en las declaraciones de sus principales astrónomos, muestra una postura mucho más ilustrada sobre cómo considerar el descubrimiento de vida extraterrestre desde una perspectiva teológica.

Una declaración o discurso “Urbi et Orbi” del Papa Francisco exponiendo sobre diversos temas relacionados con la opinión de que los extraterrestres son potenciales “hermanos en Cristo” es una posición bienvenida a tomar en un controvertido tema de gran importancia mundial.

MC

Salta, Argentina

Mayo 2015

El imperativo de la Conciencia

Cuando hablamos de interacción con ETI (Inteligencia Extraterrestre), que después de todo, estamos hablando de llegar a los seres inteligentes de conciencia avanzadas, y no la mera observación de algún fenómeno natural o proceso biológico. Por esta razón, la consideración cuidadosa se debe dar no sólo nuestro punto de vista de las intenciones de la ETI, pero lo más importante, son nuestras propias intenciones y actitudes. La tendencia humana – así lo demuestran las reacciones militares y civiles a ETS (nave espacial extraterrestre) – para las reacciones xenófobas, violentas e incluso paranoicas a lo nuevo y desconocido debe ser abordadas y corregidas. La predisposición humana para ver todo lo que no entendemos o control como intrínsecamente hostil y amenazante se deben superar. La búsqueda ciega para beneficio personal, la especulación y una inclinación hacia la visualización de ETS / ETI en predominantemente marco ‘adquisición’ necesita ser alterada. Si estamos motivados por el deseo de la ETI “fuera inteligente” y adquirir su tecnología y fuente de energía, entonces nuestros esfuerzos fracasarán. Si nos acercamos a la ETI con la codicia, el miedo, la supuesta hostilidad y sospecha, entonces vamos a dedicar nuestros esfuerzos en vano.

No hay duda de que estamos tratando con seres que son capaces de leer, tanto por medios telepáticos y convencionales, nuestras verdaderas intenciones y motivaciones, y que puede sentir el “espíritu de nuestro esfuerzo”. El éxito requiere que el espíritu de nuestro esfuerzo sea uno de apertura científica, la búsqueda de la verdad, el altruismo, abnegación, inocuidad y no la codicia. Un deseo para el avance pacífico de la relación humana ETI- es primordial. Por estas razones, “pureza de intención” por parte de los investigadores humanos e investigadores es un requisito primordial mientras que las habilidades específicas, la experiencia y la tecnología son importantes pero secundarios consideraciones. La amplitud y claridad de nuestra conciencia es imprescindible y trasciende cualquier otra consideración. Nuestra obsesión por la tecnología y las cosas externas tiende a oscurecer el panorama de la / relación humana ETI, y todo lo que conlleva. Mientras que la competencia y el conocimiento no pueden ser menospreciados, hay que insistir en la importancia primordial de la conciencia. En este sentido, es probable que un novato en posesión de intenciones nobles y equipado sólo con una linterna se reuniría (ha conocido?) Con mayor éxito que una agencia gubernamental motivada por menores intenciones, a pesar de que ha avanzado la tecnología, el personal y los miles de millones de dólares a su disposición. De hecho, un aborigen con sólo una hoguera puede ir más lejos en el establecimiento de la comunicación y el descubrimiento de la verdad!

De casi igual importancia es la cuestión de cómo vemos las intenciones de la ETI y motivos. Si los tabloides sensacionalistas, libros y fábricas de rumores son ciertos, ETI son todos los dioses, ya sea el espacio como gurú o Darth Vader conquistadores del espacio! Nuestra tendencia a polarizar a ambos lados de este problema es tanto prematura e injustificada – y es peligroso. Es poco probable que ellos son dioses perfecta o agentes del imperio del mal, sin embargo, estos puntos de vista de sus motivos han influido y seguirán influyendo en nuestras actitudes y acciones dirigidas a menos conscientemente. Una revisión de los casos hasta la fecha indicaría que, si bien algunas acciones son enigmáticas e incluso molesto para algunas sensibilidades humanas, no existe evidencia de las intenciones hostiles netos. Aquí, hay que diferenciar entre nuestras percepciones de las acciones e intenciones reales o motivos, ya que se trata de dos consideraciones separadas. (Para un tratamiento más a fondo de este tema, véase “El Caso de no hostilidad). Se puede producir una acción aparentemente perturbador para un propósito neutral o incluso benevolente red. Ciertamente como una emergencia y trauma médico, no pasa un día en que un niño o menoscabado víctima adulta del trauma podría ver más esfuerzos para ayudar a él como dolorosa y, por tanto, motivado por el deseo de hacer daño, a pesar de que mis motivos son todo lo contrario. Que un niño asustado percibe mis acciones como hirientes o malévolos es una función de la nivel de conciencia y conocimiento, y de ninguna manera del niño refleja mis verdaderas intenciones. No podría un proceso análogo estar ocurriendo con algunos eventos de la ETI que la sabiduría convencional ha considerado hostil y, por tanto, como prueba de las intenciones malévolas?

Ciertamente, para el CE-5 Iniciativa de investigación es importante para dar ETI el beneficio de la duda, y hasta que se demuestre lo contrario, se supone que no hostilidad. Un supuesto de ETI hostilidad envenenará la atmósfera de futuro contacto bilateral y prevenir el desarrollo de una relación de ETI-humano libre de conflictos. Esta es una época de la historia humana, donde la fortaleza, la confianza y la auto-disciplina son requisitos previos esenciales para seguir avanzando. El supuesto de no hostilidad no es igual, ya sea ingenuidad ciega o una suposición de que la ETI son salvadores divinos perfectos. Pero sí significa que sostiene una actitud abierta, no sospechoso y positiva hacia los seres ET. Hacer lo contrario es crear una realidad basada en el conflicto y la hostilidad, un espinoso camino ya bien recorrida por la raza humana.

Más allá de la conciencia de los investigadores actuales o los que han tenido encuentros cercanos es la importancia de la conciencia fondo de la humanidad en su conjunto. El tipo y la calidad de las interacciones ETI-humanos más – y por lo tanto los resultados concretos de los esfuerzos de la Iniciativa de CE-5 – estarán en dependiente y limitada por el nivel de la evolución de la sociedad humana parte. No hay que sorprenderse si una civilización ET prefiere limitar el grado de contacto abierto con los seres humanos, dada la actual preocupación por el militarismo, el conflicto y la violencia. Como sociedad humana hace que la transición necesaria para la paz y la cooperación mundiales, creo que vamos a ver un aumento concomitante de la ETI apertura y la comunicación bilateral. En este sentido, el éxito de la Iniciativa de CE-5 es directamente dependiente de la paz y la unificación de la raza humana. La paz mundial y el mundo la unidad y la cooperación son, entonces, los determinantes importantes de futuros eventos ETI-Humanos. La profundidad y la calidad de la Iniciativa de CE-5 puede llegar a ser modesto, pero éstos aumentarán a medida que la sociedad humana evoluciona hacia la paz y la unidad.

MC

Salta,Argentina

Mayo MMXV

Steven M. Greer, MD

E.B.E. Y LA NUEVA COSMOLOGÍA

Entidades Biológicas Extraterrestres y la Nueva Cosmología

El universo está lleno de vida inteligente. De hecho, el propio universo es inteligente y vivo. La multiplicidad de la vida en el universo, mientras diversa, es esencialmente una singularidad; más allá de la división, que existe en el estado unitivo, un maravilloso, Unicidad consciente. Todo lo que existe existe en su verdadera naturaleza tan pura e indiferenciada, Mente eterna. Y sin embargo, desde la conciencia de lo que es relativo, encontramos interior y exterior, la mente y el cuerpo, el bien y el mal, la unidad y la separación. Verdad a menudo nace de la contemplación de estas paradojas; ambas perspectivas son verdaderas, pero dependen del nivel de conciencia del observador.

Al meditar sobre el universo y una nueva cosmología que explica la existencia de formas de vida no humanas avanzadas, la lección de la paradoja nos visite una y otra vez. Pero si miramos fijamente con el ojo de la unidad, tal vez el cosmos ofrecerán hasta algunos de sus misterios.

Confusión cosmológico. Este término describe mejor lo que sucede cuando los seres humanos del siglo 20 se enfrentan a la existencia de formas de vida extraterrestre avanzada. Porque no sólo son estos seres no humanos, que poseen tecnologías que están intrínsecamente desconcertante para nosotros.Es poco probable que un pueblo capaz de viajes interestelares van a utilizar señales de microondas para la comunicación, o de combustibles fósiles o nucleares para la propulsión. Desde un holograma o láser aparecerían mágico para un ser humano hace 200 años, será necesaria una gran dosis de humildad y paciencia científica y cosmológica que nosotros comenzamos a entender estas civilizaciones, su tecnología, y lo más importante, las lecciones sobre la naturaleza de la realidad que podemos aprender de ellos. Por otra parte, la co-existencia de un universo no lineal, no local y trascendental con el llamado “universo físico” no sólo debe tenerse en cuenta en nuestra comprensión de la cosmología en general, sino de las manifestaciones de la gente extraterrestres avanzadas, en particular, .

Formas de vida biológicas, nosotros y los extraterrestres, poseen la mente y el cuerpo, cada uno de nosotros manifestamos una realidad que es tanto física como espiritual, lineal y no local, fijo en el tiempo y en el espacio pero al mismo tiempo trascendente. ¿Y qué pasa cuando la ciencia y la tecnología a encontrar el punto de comunicación entre la fuerza física y el estado unitivo de la mente?Sería verdaderamente confusión tanto al físico moderno y el filósofo moderno o teólogo. Para tal salto cuántico en la comprensión del universo sería poner en estrecha relación los reinos celebradas por separado de la ciencia y la espiritualidad, la mente y la materia, el cuerpo y el espíritu.

Cuando se toma en esta situación desconcertante la existencia de seres inteligentes no físicas que, sin poseer un cuerpo físico, son sin embargo inteligente, sensible, y hasta cierto punto capaz de interactuar con los humanos biológicos y extraterrestres biológicos. La tendencia en la cultura popular es despedir a estos seres como producto de la imaginación de alguien, de pertenecer a un sistema de creencias primitivas, o para agrupar a todos estos seres, ya sea humano, extraterrestre o puramente no biológicos, en una verdadera mezcla heterogénea de entidades diferenciadas ‘ ‘.

Es obvio que el riesgo de confusión profunda cosmológica se eleva exponencialmente a medida que se contempla la multiplicidad de formas de vida inteligente. Se necesita una nueva cosmología si hemos de entender el universo que nos rodea.

En la comunidad OVNI civil, hay mucha confusión sobre la naturaleza de los objetos y las formas de vida que se mueven alrededor en nuestra realidad el tiempo / espacio. Por un lado, nos encontramos con manifestaciones físicas indiscutibles, como la nave espacial se estrelló, ecos de radar, verificadas las fotos y vídeos, muestras de metal, y “carne y sangre” formas de vida extraterrestres biológicos. Sin embargo, por otro lado nos encontramos con varias cuentas de manifestaciones no lineales de estos mismos objetos y seres: comunicación telepática, sueños lúcidos, las interacciones mente-materia, visión remota, bilocación, levitación y otros. Ningún estudiante objetiva del fenómeno extraterrestre puede ignorar estas numerosas y extendidas manifestaciones. Sin embargo, nuestra aceptación de estas manifestaciones realmente requiere que repensar todo nuestro entendimiento de la “realidad”.

Algunas de las tecnologías y capacidades de civilizaciones extraterrestres, especialmente los que la interfaz con la mente y el pensamiento de avanzada, pueden aparecer de manera muy similar a los llamados seres ‘astral’ o espirituales. De hecho, las manifestaciones pueden ser tan similares que llevan a muchos a decir que los seres originarios son una y la misma. No cierto. No todo lo que brilla es oro, y la similitud de la manifestación no equivale a igualdad de origen.

Añadir a todo esto el hecho de que ciertos humanos adeptos pueden manifestar habilidades que son muy similares a los dos extraterrestres y seres astrales ”.

Por último, vamos a añadir un factor más en todo esto. Militar encubierta y grupos humanos paramilitares que se han desarrollado tanto en las tecnologías y capacidades mentales innatas que se aproximan a las de ambos las civilizaciones extraterrestres y los seres espirituales no biológicos.

El universo es un lugar grande y compleja. Pero no tiene por qué ser demasiado difícil de entender. Su comprensión es ayudado por primera utilización de algunos principios y conceptos simples. Esta tarea, recuerda el antiguo sufí diciendo, “el conocimiento es un solo punto, pero los necios lo han multiplicado”!

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA nueva cosmología

  • Lineal, existen simultáneamente realidad relativa y la realidad que no es local, no lineal, tanto como la realidad. Su percepción y la comprensión es totalmente dependiente del nivel de conciencia del observador. Incluso la materia física tiene un aspecto de su carácter que es no local, trascendente y consciente.
  • formas de vida biológica consciente, inteligente, ya sea en la tierra o en algún otro planeta, tienen realidades físicas, así como las realidades espirituales. Mente pura, o la conciencia ilimitada, es innato a todos sus formas de vida. Es el último máximo común denominador que todas las acciones de la vida.
  • Los seres que no tienen cuerpos biológicos (denominados astrales o seres espirituales) son también entidades conscientes, inteligentes, y como tal puede interactuar con otras formas de vida conscientes, tanto biológicos y de otro tipo. En raras ocasiones pueden incluso efectuar una manifestación física. Una vez más, el más alto denominador común que une a estos seres con otras formas de vida es la conciencia ilimitada, o la mente no local.
  • El universo consiste tanto lineal y no lineal, o trascendente, aspectos que, aunque parezca paradójico, existen simultáneamente en todos los puntos en el tiempo / espacio y no-tiempo / espacio.Desde este punto de vista, cada punto en el tiempo y el espacio existe en cualquier otro punto en el tiempo y en el espacio, a través de la calidad de no-localidad.
  • El concepto de Dios, o de un universal, Omnisciente Ser, se realza y magnifica, no disminuido, por el reconocimiento de la gran multiplicidad, la diversidad infinita y el alcance ilimitado de la vida en el cosmos.

Entonces, ¿cómo la vida inteligente en el universo en realidad manifiesta? Manteniendo los conceptos anteriores en mente, revisemos esta diversidad de la vida y la forma en que nuestros sentidos interiores y exteriores pueden percibirlos.

CATEGORÍAS DE LAS FORMAS DE VIDA INTELIGENTE

BIOLÓGICOS: TIPOS

  • Los seres humanos – Inteligente, más alta forma de vida existente inicialmente en un cuerpo biológico y es originaria de la tierra.
  • formas de vida extraterrestre – Inteligentes, formas superiores de vida existentes inicialmente en un cuerpo biológico y es originaria de varios planetas distintos de la tierra.
  • Formas de Vida Planetaria – seres inteligentes no antropomórficas identificados con todo un cuerpo planetario; por ejemplo, la Tierra como Gaia. Otros cuerpos planetarios, solares y galácticos se cree que son los organismos conscientes individuales.
  • Otras formas de vida biológica – En la tierra, los cetáceos son muy inteligentes todavía no humano;teóricamente, otros planetas pueden poseer corolarios.

BIOLÓGICOS: MANIFESTACIONES / PRESENTACIONES

(Esta lista describe cómo biológica formas de vida inteligentes pueden presentar o ser percibida por ambos sentidos interiores y exteriores)

  • Físicamente – En forma corporal física, con o sin naves espaciales
  • Tecnológicamente – Via radio, televisión, y la tecnología ET avanzado implica interfaz tecnológica con la mente / pensamiento
  • Mentalmente – Via telepatía, sueños lúcidos, u otra interfaz mente directa
  • Proyección Astral Cuerpo – La presentación de un ser humano, ET u otra forma de vida biológica en su sutil componente, no biológica, que puede ser percibido por otra forma de vida biológica en la vigilia o el estado de sueño.
  • Causal o Cuerpo Pensamiento Presentación – La percepción de otra forma de pensamiento biológico en su aspecto más sutil individual, la esencia del pensamiento “cuerpo”, que puede ser proyectada sin cualquiera de los componentes del cuerpo biológicas o astrales.
  • Mente pura / Mente – El último estado de la unidad. Todas y cada forma de vida consciente es esencial mente sin límites no local, puro y puede ser por lo percibe.

TIPOS DE EXPERIENCIAS Y HABILIDADES DE formas de vida biológica:

  • Sentidos Físicos – vista, oído, olfato, tacto, gusto
  • Capacidades Físicas – Movimiento / movimiento, etc.with / sin tecnología
  • Habilidades Mentales (tradicional) – El pensamiento, ideas, la creatividad, la visualización, la memoria, la percepción sensorial y el reconocimiento, otros.

Habilidades mentales no locales (no tradicional) – Estos implican el reconocimiento y la utilización de los aspectos no locales de la mente y la materia:

  • Telepatía – La capacidad de enviar y / o recibir el pensamiento de un ser a otro.
  • La precognición – La capacidad de cualquier forma de vida superior inteligente capaz de ser consciente de la conciencia para el acceso a través de la mente no local eventos probables del futuro.
  • ‘Postcognition’ – La capacidad de percibir a través de la mente no local sucesos pasados ​​distantes no experimentados personalmente por el perceptor. Mente no local puede acceder pasado, así como los puntos futuros en el lineal continuo de tiempo / espacio.
  • Visualización remota (o Teledetección) – Aquí se define como la capacidad de ver a través de la mente sin límites eventos no locales, distantes en el espacio, ya sea en tiempo real o en el pasado o el futuro.
  • Habilidades Sueño del Estado – la capacidad, mientras que en el estado de sueño, para experimentar sueños premonitorios, sueños postcognitive, visualización remota y el sueño lúcido.
  • Percepción Celestial – La capacidad de percibir aspectos de physicobjects.
  • Telekinesis – La capacidad de mover un objeto a través del espacio observable a través de interfaz entre la sutil mente, no local y un aspecto comparable de un objeto.
  • Teleportación – La capacidad de mover o manifestar un objeto a una distancia sustancial a través de la mente no local y el aspecto no local de la materia, que niega el aspecto lineal del espacio.
  • La transmutación (no tecnológica) – La capacidad de convertir objeto material a un elemento diferente o un objeto utilizando la interfaz sutil de la mente y la materia no local.
  • La bilocación – La capacidad de manifestar un cuerpo u objeto en dos o más puntos de forma simultánea en el continuo espacio / tiempo. (Ejemplo – Apareciendo y percibir en dos o más lugares al mismo tiempo.) La capacidad relacionado – Bi-sincronización – la capacidad de aparecer en el mismo espacio en más de un punto en el tiempo (llamado tiempo de viaje).
  • Materialización / desmaterialización (Non-Tecnológica) – La capacidad de una forma de vida para manifestar o no manifiesto un objeto material utilizando la interfaz mente / materia.
  • experiencia extracorporal / Astral Proyección – La capacidad de proyectar a voluntad el astral sutil o cuerpo de luz, a un punto en el tiempo y en el espacio fuera del cuerpo biológico.
  • Experiencia Cercana a la Muerte – La separación transitoria del cuerpo sutil o astral del cuerpo biológico física debido a una enfermedad o lesión corporal. Puede implicar la percepción del llamado otro mundo o de aspectos sutiles del cosmos, por lo general las percepciones astrales pero avanzados pueden implicar causal o reino del pensamiento puro.

Y MUCHOS OTROS …

Tenga en cuenta que todas las habilidades anteriores son innatamente posible en ambas formas de vida humanas y extraterrestres. También es importante recordar que cada una de estas habilidades se puede lograr a través de aumento de material tecnológico de las capacidades mentales innatas, o totalmente lograrse avances tecnológicos solo.

Formas de vida inteligente no biológicos

Además de la complejidad del universo es la existencia de reinos, dimensiones y aspectos del cosmos que son totalmente no-material no lineal y, como los que hay actualmente definimos, en realidad más vasta y compleja que el universo material físico. No cosmología puede estar completa sin un intento de evaluar inicialmente sus características básicas y manifestaciones. Debido a que este aspecto del cosmos puede interactuar con el físico de los seres humanos y los extraterrestres que viven en cuerpos biológicos, es importante para nosotros consideramos y dar cuenta de la forma en que se puede parecer y diferenciamos de las diversas manifestaciones de formas de vida biológica como se discute anteriormente.

TIPOS DE formas de vida inteligente no biológicos

Astral o Seres de Luz

  • tierra de origen, es decir, el ser humano fallecido previamente biológicos
  • de origen no la tierra, ya sea formas de vida biológica fallecidos ET,
  • o los procedentes de la causal o reino astral.

Causal o Seres del Pensamiento (existentes principalmente como ‘cuerpos pensado’)

  • de origen terrestre (los humanos biológicos fallecidos)
  • de origen no-tierra (ETs previamente biológicos, o que
  • originado a partir de la causal o reinos astrales)

Tenga en cuenta que los seres no biológicos, de todos los tipos anteriores, puede parecer que las formas de vida biológica en el estado de vigilia, en los sueños, en los estados de meditación, etc. Dependiendo de la cultura, el grado de evolución, y el grado de aceptación de la no material seres, estas entidades pueden ser conocidos por esta lista parcial:

  • Los fantasmas o espíritus
  • Los guías espirituales o ángeles
  • Arcángeles
  • seres iluminados Ascendidos (avatares, profetas – Cristo, Krishna, otros)
  • Naturaleza Planetario Espíritus (conocido como Devas en las tradiciones védicas y otras)
  • Animal Spirits
  • y otros demasiado numerosos para listar

TIPOS DE EXPERIENCIAS Y HABILIDADES DE LAS FORMAS DE VIDA NO BIOLÓGICAS

Esencialmente todo aparece bajo formas de vida biológica, y tal vez otros como materializaciones y la actividad poltergeist, pertenecen a las formas de vida no biológicos, excepto que interactuar con menos frecuencia con el mundo de la materia, ya que existen en los reinos no materiales. Al analizar la multitud de posibles experiencias seres humanos pueden tener, es importante tener una comprensión cosmológica lo suficientemente amplia como para comprender la diversidad del cosmos. De lo contrario, no podremos distinguir una manifestación anómala de la tecnología extraterrestre y un astral inusual o cosmos causales manifestación.

Manzanas, naranjas y STARDUST

Lo anterior no es más que un resumen, para llevarnos a nuestro enfoque principal aquí – la presencia extraterrestre. Un universo lleno de ambas especies inteligentes biológicos y no biológicos presenta un desafío especial para cualquiera que trate de entender los pueblos extraterrestres actualmente visitan la tierra debido a las áreas de superposición fenomenológica entre muy diferentes tipos de seres. ¿Sería una proyección del holograma de una persona no puede interpretar por un ser humano del siglo 17 como un fantasma? Lo que el simple linterna? Magia absoluta!

Por esta razón, entre otras, una crisis cosmológica domina la pregunta ET / UFO. Esto ha sido ayudado por la desinformación deliberada y programas de guerra psicológica de ciertos grupos encubiertos (más sobre esto más adelante). El resultado ha sido una mezcla de manzanas, naranjas y polvo de estrellas – pidiendo a todos una cosa. Se nos recuerda de la película “Los dioses deben estar locos”, donde un pequeño avión deja caer una botella de Coca-Cola en un área remota y primitiva en África, donde se convierte en un objeto de gran misterio, el conflicto, sentido sobrenatural y el poder de los pueblos indígenas que Encuéntralo. Mientras que la película es una comedia, contiene un importante mensaje relevante: ¿Estamos ahora comportando como los buscadores de la botella de Coca-Cola?

Por ejemplo, pueden observadores del fenómeno ET / OVNI concluyen que la nave espacial extraterrestre en realidad no lo son en absoluto físico o material, ya que pueden a veces simplemente “desaparecer”. Mágico? Interdimensional? O tecnología extraterrestre simplemente permite que la nave para ir de vuelo estacionario hasta más allá de la velocidad de la luz en una aceleración cuántica instantánea? Los caminos de los nervios del ojo humano es incapaz de seguir una aceleración de esta magnitud, por lo que el objeto parece simplemente desaparecer.

Tres factores principales contribuyen a esta confusión cosmológica. En primer lugar, la naturaleza innata de la tecnología extraterrestre avanzada está tan avanzada que parece “sobrenatural” en lugar de simplemente súper tecnología. Por esta razón (y buena arrogancia científica pasada de moda), incluso los científicos rigurosos tienden a descartar ciertos aspectos del fenómeno extraterrestre de las manos, o considerarlo como no reales, sobrenatural o supersticioso.

Considerar el desarrollo de la tecnología de la conciencia asistida (CAT). Por ejemplo, en lugar de utilizar las pulsaciones del teclado para introducir datos en un ordenador, se podría pensar que simplemente el comando. El equipo ha sido preprogramado para reconocer y aceptar su firma pensamiento. Varios testigos han visto extraterrestres haciendo precisamente eso a bordo de una nave espacial. ¿Imposible? Magia? Tonterías? Ten cuidado! Un científico muy humano en UNLV llamado Dean Radin está trabajando en un llamado “interruptor psíquica”, que es precisamente lo que se ha descrito anteriormente. ¿Qué tan lejos en este camino podrían ser extraterrestres avanzados?

La otra cara es la conciencia la tecnología asistida (TAC). Aquí, máquinas especializadas ayudan a la función de la mente, el pensamiento o la conciencia. Un ejemplo básico es tonos HEMISINC del Instituto Monroe, diseñados para ayudar al desarrollo de los estados profundos de relajación, la expansión y, eventualmente, poderes y habilidades aumentadas. Una aplicación más avanzada, aunque extraño a los científicos modernos, es la capacidad de la ET utilizar ciertas tecnologías para comunicarse entre sí y con los seres humanos telepáticamente. Hay literalmente cientos de casos de personas diversas y creíbles en todo el mundo que describen esto.

En el caso de las civilizaciones extraterrestres, la capacidad de comunicarse a velocidades superiores a la de la luz se convierte en una tecnología esencial. Para citar a los Moody Blues, “el pensamiento es la mejor manera de viajar”. ¿Por qué? Debido a que es instantánea. Así que realmente no debería ser una sorpresa que los pueblos starfaring habrían desarrollado la comunicación pensamiento en lugar de utilizar las ondas de radio. Hay muchos casos de testigos al ver una nave espacial que piensan algo como, “Oh, me gustaría que lo iba a volver de esta manera para que yo pueda ver mejor!” De repente, la nave cambia de dirección y viene justo a la persona. La alta precisión de tales intercambios bidireccionales indicaría que estas naves y sus ocupantes tienen la tecnología que de hecho se conecta con sus pensamientos y los de otras formas de vida.

TAC también puede ser utilizado por los extraterrestres en la teletransportación, la telequinesis, la visión remota y los estados más altos de conciencia. Una vez que el nexo entre la mente y la materia, y la mente y en el espacio / tiempo se entiende claramente, las posibles aplicaciones son casi ilimitadas, y boggle la imaginación.

La razón por la cuestión de la tecnología extraterrestre avanzada es importante para esta discusión de confusión cosmológica debe ser obvio a estas alturas. Muy tecnologías avanzadas de civilizaciones extraterrestres pueden parecer similares o idénticos a otros de los llamados fenómenos paranormales.Para discernir una de la otra requiere la penetración, conocimiento, paciencia y, sobre todo, la experiencia.

Por ejemplo, las personas con “clásicos experiencias de abducción extraterrestre ‘que se someten a la regresión hipnótica puede inconscientemente completar los detalles, sobre todo para complacer a un hipnotizador, con fuerte sesgo hacia la recuperación de supuestos recuerdos de abducciones extraterrestres. Por lo tanto – ¿es real o es Memorex? Gran cuidado se debe tener cuando se trata de la mente humana, o vamos a confundir los aspectos de la nueva cosmología que tienen áreas claras de superposición, como formas no biológicas inteligentes de vida, los humanos y los extraterrestres.

Un ufólogo puede saltar a la falsa conclusión de que la persona que experimenta un espíritu o astral siendo casi como un holograma en la vigilia, sueño o estado meditativo, ha sido visitado por un extraterrestre. Pero espera. Una cosmología más integral como se indica más arriba nos permitiría considerar que puede haber sido un guía espiritual, ángel, otro ser humano vivo que proyectar su / su cuerpo astral en el dormitorio, un familiar fallecido, una alucinación hypnogogic, O un tecnológico o mental proyección de un extraterrestre en la habitación.

El punto es el siguiente: Si usted no sabe acerca o aceptar la diversidad de posibilidades, es muy probable que malinterpretar el fenómeno. Del mismo modo, muchas personas experimentan una gran variedad de fenómenos inusuales (PLURAL) pero serán considerados como un solo fenómeno (singular).El resultado es la mezcla de manzanas, naranjas y polvo de estrellas. La adopción y la comprensión de una cosmología verdaderamente holístico será enormemente que nos ayuden a evitar esta confusión.Pero incluso entonces, porque hay áreas de superposición profunda donde uno fenómeno imitar otro, tremenda atención y madura experiencia repetida se requiere antes de discernimiento claro es posible.De lo contrario, ¿cómo vamos a diferenciar entre un ser espiritual una interacción mente / materia avanzada efectuado por la tecnología extraterrestre? O, para el caso, de la tecnología humana y experiencias?

Y esto nos lleva al tercer factor que contribuye a la confusión cosmológica: programas encubiertos Humanos diseñados para confundir, engañar y engañar a la sociedad sobre la cuestión extraterrestre.

Hay que recordar que los intentos humanos encubiertas para back-ingeniero de tecnología extraterrestre han estado ocurriendo durante más de 45 años y más que un poco se ha avanzado.Además, ciertas células encubiertas dentro de las agencias militares y de inteligencia han estado trabajando en las técnicas electrónicas y psíquicas que son altamente invasivo, muy específico y operacionalmente efectivo. Estas tecnologías son mucho más largo que la mayoría podría imaginar.Existe la capacidad real para imitar deliberadamente una tecnología y eventos extraterrestre con el propósito de desinformación.

Se nos ha informado por miembros de confianza de los militares con respecto a “la defensa no letal” y campos relacionados. Ellos nos han confirmado que existen tecnologías psychoelectronic, off-the-shelf, que puede apuntar a un individuo o grupo y de forma remota conseguir que tengan una conversación personal con su Dios personal. Y ellos lo creen que era real, que pasaría una prueba de detector de mentiras.

CONCLUSIÓN

Esta es una llamada de atención. El enfoque simple de tomar todas las experiencias anómalas en el valor de cara no sólo es poco científico, es inmensamente peligroso. Existen tecnologías que pueden inducir experiencias personales y colectivas que aparecen ET / OVNI relacionados, pero que son realmente muy humano. Al igual que anteriores experimentos de plutonio en los seres humanos y las pruebas de guerra bacteriológica contra civiles, estos “experimentos” son actividades presupuestarias reales, negro que se han desarrollado y perfeccionado en los últimos 30-40 años. Existen tecnologías electrónicas y de implantes, todo ser humano, lo que puede inducir a un evento muy convincente ‘secuestro’. La agrupación de experiencias de abducción alrededor de instalaciones militares, y la presencia de helicópteros sin marcar, negro, electrónicos llenos cerca de los hogares llamados abducidos no es una coincidencia.

El público ha sido engañado, y la comunidad civil investigación OVNI han sido bastante víctimas de estos proyectos especiales diseñados para engañar, inducir a error y, sobre todo, desinformar al público sobre el tema extraterrestre. La solución “ladrones de cuerpos” de la presencia extraterrestre es impulsado por un complejo plan para convencer al público de que no es “… una amenaza alienígena que todos debemos unirnos y luchar contra …”

No se deje engañar. El futuro de la vida en la tierra, y nuestra relación emergente con civilizaciones extraterrestres puede depender de estar abierto nuestros ojos.

La relevancia de las actividades humanas encubiertas a confusión cosmológica no debe ser subestimada. La conciencia humana sobre el tema de los extraterrestres ha sido manipulado, interpretado como un arpa, por aquellos que ocultar el verdadero oro bajo una montaña de oro de los tontos. Eventos que se ven, se sienten y suenan como los extraterrestres pueden de hecho ser parte de un engaño de orígenes muy humanos. Y si no lo hacemos, al menos, consideramos el papel de los programas de desinformación encubiertas en nuestra lista de opciones cosmológicas, entonces estaremos condenados a identificar erróneamente y malinterpretar muchos de estos eventos.

El factor humano que se suma a la confusión cosmológica no está limitado por las actividades encubiertas. No es la habitual gama de percepciones erróneas, alucinaciones, delirios, wannabees, síndromes de memoria falsas, engaños, la arrogancia científica y el egoísmo humano en general. Todo esto contribuye a una indigestión cosmológica colectiva que está en extrema necesidad de una cura. Y reconociendo que el problema es el primer paso para la curación.

Civilizaciones extraterrestres. Los seres humanos. Las formas de vida no biológicos. El cosmos es un lugar complejo, diverso y fascinante. O no-lugar? En última instancia, la educación y, sobre todo, la experiencia, nos guiará en este viaje. Porque si vamos a zarpar sobre este vasto océano, estamos en la necesidad de un timón, una brújula y un par de viajes a lo largo de la costa, cerca de primera.

Debemos unirnos para reunir nuestro conocimiento y experiencia, y con valentía y resolver zarpó primero a lo largo de la costa, y luego más lejos de la costa y luego en el vasto e ilimitado océano de espacio interior y exterior. Porque no estamos en el final de los tiempos, o de la historia, sino más bien nos encontramos en el umbral de posibilidades ilimitadas, un momento en que todo lo que podemos soñar juntos han de suceder.

MC

Salta – Argentina

Mayo MMXV

Extraido de ET’s & The New Cosmology

– A paper by @DrStevenGreer

Copyright 1995

2 de Mayo Hundimiento del A.R.A. Gral. Belgrano

El hundimiento del Crucero Belgrano fue un crimen de guerra.

“A 33 años de la Guerra de Malvinas, el hundimiento del buque insignia de la Armada Argentina – un minuto después de las cuatro de la tarde del domingo 2 de Mayo de 1982 con la pérdida de 323 soldados de la patria – aún sigue instalando en la conciencia nacional el repudio a una decisión atroz que truncó la posibilidad de un acuerdo de paz en la mesa de negociaciones en la Guerra de Malvinas.

El hundimiento del ARA General Belgrano se produjo el domingo 2 de mayo de 1982, durante la Guerra de las Malvinas, a consecuencia del ataque del submarino nuclear británico HMS Conqueror. El hundimiento del crucero argentino permitió a los británicos la superioridad naval en la zona. El ataque causó la muerte de 323 argentinos —prácticamente la mitad de las bajas de ese país en todo el conflicto—. El hecho generó una polémica en ambos países, al haberse producido fuera del área de exclusión establecida por el gobierno británico alrededor de las islas. Es el único caso de un barco hundido en guerra por un submarino nuclear.

Por parte argentina

A comienzos de marzo de 1982, la flota argentina apostada en Puerto Belgrano entró en estado de alerta debido al endurecimiento de las relaciones diplomáticas con el gobierno británico por la soberanía reclamada por Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. El comandante del ARA General Belgrano, Héctor Bonzo, resumió así la primera notificación que tuvo por parte del Estado Mayor sobre la acción bélica a emprender sobre Malvinas: “[…] se nos pidió un secreto total y absoluto con respecto a esta decisión, visto que el factor sorpresa sería prioritario en esta maniobra […]”.

Como consecuencia, comenzó la preparación para que las unidades comprometidas en la acción pudieran zarpar con el objetivo de recuperar las islas.

El día 28 de marzo partió la flota de mar. Pero el Belgrano, dado que se encontraba en fase de reparaciones anuales, fue el único buque que tuvo que posponer su partida. Las labores de mantenimiento implicaban su estadía en puerto durante dos meses más.

El mantenimiento necesario consistía en:
– Rectificación y nivelación de la artillería.
– Puesta a punto de sistemas de control de tiro.
– Ajuste de circuitos de la unidad de control de los misiles Sea Cat antiaéreos de corto alcance.
– Inspección y mantenimiento de las turbinas.
– Mantenimiento en calderas, electricidad, auxiliares y control de averías.
– Actualización de la parte electrónica.
– Tratamiento preservador del casco y la superestructura.

Finalmente, después de anular dos veces su salida, el día 16 de abril de 1982 el ARA General Belgrano partió bajo las órdenes del comandante Héctor Bonzo. Su dotación fue conformada por oficiales, sub-oficiales, cabos, marineros, conscriptos y dos civiles, encargados de la cantina del buque, voluntarios en la misión.

Normalmente, en tiempos de paz, la tripulación del buque rondaba los 750-770 hombres, pero en este caso se llegó a 1.093 tripulantes. El 100% de la dotación fue distribuida en tres horarios de guardias rotativas. De este modo, cada tripulante cumpliría 8 horas de guardia por día, mientras no se estuviera entablando combate. Esta modalidad mantenía al buque en permanente estado operativo y con posibilidad de inmediata respuesta en todos los sistemas y servicios.

La misión original que se le asignó al buque fue:
– Navegar hasta el teatro de operaciones (zona de conflicto) y estacionamiento en la Isla de los Estados, derrota costera7 y tratar de velar intenciones.
– Cumplir tareas relacionadas con la vigilancia de los accesos Sur al teatro de operaciones (TOAS), interceptar unidades del enemigo, de acuerdo con órdenes, y disuadir en el marco regional.
– Evitar el contacto táctico con unidades del enemigo que portaran misiles superficie-superficie.
– En caso necesario, y de acuerdo con la situación, proceder al reabastecimiento en la Base Naval Ushuaia.

Después de permanecer unos días patrullando en la zona de Isla de los Estados, el 22 de abril a las 18:30, el Belgrano tomó el puerto de Ushuaia, para reabastecerse y cambiar un lote de munición. Este puerto se convirtió así en el último lugar argentino donde estuvo el crucero.

La mañana del 24 de abril, la embarcación abandonó el puerto. Cuatro días más tarde, el día 28, se reunió al norte de Isla de los Estados con los destructores Piedra Buena y Bouchard y el petrolero de YPF Puerto Rosales, conformando así el Grupo de Tareas 79.3 (GT 79.3). Los destructores tenían la función de protegerlo, formar una cortina y tratar de ponerlo a salvo, tanto de enemigos de superficie, como aéreos o submarinos. El General Belgrano, como nave capitana del grupo, se debía mantener en espera en la zona entre los meridianos de Isla de los Estados y el Banco Burdwood. Para la segunda fase se introduciría el concepto de la interceptación de unidades enemigas y/o neutralización, actuando en coordinación con otros grupos de tareas.

El día 29 de abril entre las 9:00 y las 16:00, completó de manera satisfactoria el reabastecimiento de 125 toneladas de combustible en maniobra de navegación (conocida como “operación LOGOS”) por parte del petrolero Puerto Rosales.

La tarde del sábado 1 de mayo, minutos después de las 20:00, el crucero recibió nuevas órdenes. Eran urgentes y de claro carácter ofensivo. El GT 79.3 se convertiría en uno de los brazos de una maniobra de pinzas que se abalanzaría contra los británicos desde el sur, mientras que el GT 79.2, conformado por el portaaviones Veinticinco de Mayo, sería el otro brazo de la maniobra.

El GT 79.3 se ubicaría hacia al este y tendría como misión desgastar al enemigo utilizando los misiles MM-38 Exocet transportados por los dos destructores, ocho en total. En el caso del crucero, su función sería la de rematar con sus cañones a los buques británicos dañados, ya que el alcance y pegada de sus torres de 6 pulgadas lo convertían en una herramienta válida. Para entonces, las alternativas evaluadas por el comandante Bonzo y su plana mayor incluían la entrada a la denominada Zona de Exclusión Total (ZET), contacto táctico con los buques británicos, rechazo de posibles ataques aéreos y soportar posibles ataques de submarinos nucleares en la zona de operaciones.

Las órdenes dadas a los buques del GT 79.3 indicaba la previsión de movimiento hacia las 05:30 del 2 de mayo, con un rumbo 335º que los acercaría a la Task Force británica transitando ya dentro de la ZET. Debido a problemas en el portaaviones por su baja velocidad y la escasez de viento suficiente en la zona, se obligó a retrasar el ataque.

El informe recibido por el GT 79.3 a la 1:00, dio a entender una posible cancelación de la operación, ya que la flota británica había cesado los ataques aéreos contra Puerto Argentino y Pradera de Ganso, además de iniciar el movimiento de los portaaviones que se alejaban de la Isla.

La cancelación definitiva del ataque llegó a las 05:00, sorprendiendo al GT 79.3 mientras estaba en pleno movimiento. Se recibió entonces un mensaje del comando superior donde se ordenaba un cambio de las operaciones planificadas con anterioridad. Ahora debía mantenerse en un área más hacia el oeste en espera de nuevas órdenes.

A las 15:20 el Belgrano se dispuso rumbo 290º, ubicándose a 100 millas de la Isla de los Estados y a 35 de la ZET, de esta manera el GT 79.3 realizaba un giro por estribor con la proa hacia el este, manteniéndose así en el área de espera indicada.

Por parte británica

Después de ser notificados de la acción bélica emprendida por Argentina el 2 de abril de 1982, reclamando la soberanía de las Islas Malvinas (en inglés Falklands), el día 4 de abril la flota británica envió un total de 108 buques9 (liderados por portaaviones a los que acompañaban destructores, fragatas y submarinos además de las auxiliares) con destino a las islas. De esta expedición formó parte el submarino de propulsión nuclear HMS Conqueror.

El Conqueror, comandado por Chris Wreford Brown zarpó desde su base de Faslane, HMNB Clyde, ubicada al sureste de Escocia, y además de su tripulación, llevaba un grupo de comando de unos 12 hombres denominado SBS (Special Boat Squadron). Portaba además 32 torpedos MK24 y MK8 más antiguos pero suficientemente probados y con una carga de torpex de 340 kg.

El embarco de ese grupo comando se veía justificado debido a que el día 3 de abril Argentina había tomado posesión por la fuerza de las Islas Georgias. Era probable que los SBS intentarían un golpe de mano en aquellas costas, y de hecho esa plaza sería vuelta a capturar por los británicos el 25 de abril.

El submarino nuclear recorrió entonces una distancia que equivale a un tercio del total de la línea ecuatorial. Sus órdenes emanarían no del comandante de la Fuerza de Tareas en el Atlántico Sur, sino del Comando Estratégico de Submarinos en Northwood, próximo a Londres.

Las principales características del HMS Conqueror eran:
– Velocidad de hasta 28 nudos sumergido
– Movimientos discretos y reservados
– Como propulsión una Rolls-Royce PWR reactor nuclear
– Independencia operativa
– Autonomía de 4.500 millas náuticas a 18 nudos
– Excelentes sensores y gran capacidad en armas

Cabe destacar que el término reactor nuclear alude a su planta propulsora, y a diferencia de los submarinos que poseen propulsión diesel-eléctrica (obligados a exponer su snorkel en superficie para recargar baterías), los nucleares realizan todas sus operaciones en inmersión, pues su pila atómica produce el vapor para mover las turbinas.

Tienen casi inagotable capacidad material para permanecer sumergidos, ya que la limitación no está en el combustible sino en la resistencia humana. Todas estas características otorgaban a esta unidad y sus similares, una operatividad y poder ofensivo de máximo nivel.

El 28 de abril se le ordenó navegar hacia el Oeste para que localizase naves enemigas, pues se le proveyó información sobre la presencia de unidades argentinas al norte de Isla de los Estados.

Después de 700 millas en dos días, arribó a su estación. En la misma noche del 30 de abril, mientras realizaba tareas de patrullaje, se obtuvo el contacto de un grupo de buques gracias al sonar de largo alcance, lejos de rutas comerciales y navegando en concierto. De inmediato, el comandante Wreford Brown ordenó acercarse hasta obtener un alcance visual y llegar a profundidad de periscopio. El mar estaba relativamente calmo y se tenía buena visibilidad. El sonar de largo alcance había superado aún las expectativas de los más optimistas en la tripulación. Se ordenó descender, aumentar la velocidad y continuar con el mismo rumbo. Una hora más tarde descubrió a los buques argentinos.

Fue entonces que en la mañana del 1 de mayo, tuvo en su periscopio al Grupo de Tareas 79.3 (GT 79.3), en plena fase de reabastecimiento de combustible. El buque se encontraba a unas 200 millas de las Islas Malvinas. Todavía el Conqueror no había recibido la orden para atacar. Por lo tanto, se dedicaron a seguir de cerca a la fuerza de tarea enemiga, persecución que se prolongaría por 30 horas y unas 400 millas.

Hundimiento

El hundimiento del ARA General Belgrano se produjo el día 2 de mayo de 1982 a las 17:00 horas en Latitud 55°24´S y Longitud 61°32´W.10

Pocos minutos antes de las 16:00 el submarino nuclear HMS Conqueror recibió la orden de hundir al ARA General Belgrano. A las 16:02, mientras los artilleros que se encontraban de guardia probaban algunos mecanismos y la torre II buscaba posibles blancos en el horizonte, el buque se sacudió violentamente fruto de una poderosa explosión, seguida del cese inmediato de energía e iluminación que paralizó a los 1093 tripulantes.11 Este fue el primero de los 3 torpedos MK-812 lanzados por el Conqueror desde una distancia de 5 km aproximadamente (aunque solo los 2 primeros dieron en el blanco, el tercero golpeó en el casco del Bouchard sin explotar). El capitán del submarino declaró después que la elección del arma usada fue dictada por la antigüedad del mismo crucero: un torpedo de la Segunda Guerra Mundial hundiría a un crucero del mismo período. El primer torpedo mató a 274 tripulantes.

Unos momentos más tarde una segunda explosión se produjo a la altura de proa de la nave. Este segundo impacto provocó el desprendimiento de 12 metros de la proa del barco. Inmediatamente comenzó la inclinación a babor, cesó la fuerza motriz y se apagaron las luces, la generación eléctrica de emergencia también quedó inutilizada. Hacia las 16:05, se dio la orden de zafarrancho de siniestro, pudiendo constatarse que únicamente las líneas con la Central de Control de Averías estaban totalmente disponibles. Ésta se encontraba en la cubierta 05. Los puestos de combate de Control de Averías distribuidos en todo el buque estaban en una situación muy crítica, habían sido gravemente afectados por las explosiones y los daños causados eran demasiados y muy importantes como para controlarlos con los medios disponibles en ese momento. Se inició la apertura de las puertas estancas que daban a la cubierta principal para permitir agilizar la evacuación de las zonas inferiores, tarea extremadamente complicada debido a que la red de parlantes había quedado fuera de servicio.

En la cubierta principal se localizaba la Central de Comunicaciones, el responsable de la misma ordenó el procedimiento necesario para esas situaciones, incluyendo el embolsado de las claves secretas en bolsas lastradas. Estas bolsas fueron arrojadas luego al mar. El personal de la Central colaboró activamente en todo lo que fuese necesario.

Una cubierta más abajo se encontraba el cuarto de radio y, cercano al camarote del comandante, se encontraba el CIC (Centro de Información y Combate del buque).

Los daños en esta sala fueron variados y provocaron algunas heridas al personal por caída de tuberías y parte de los tableros de información. Pese a la oscuridad y otros inconvenientes, todo el personal salió y logró llegar a la cubierta principal. Los compartimientos de máquinas C-1 y C-2 fueron afectados por el primer torpedo británico.

El impacto fue justo en la cuaderna 106 del mamparo popel del compartimiento, la explosión no dejó supervivientes en ese sector.

La sala C-1 tuvo un repentino corte de energía, pues los generadores principales 1 y 2 habían cesado ya de operar. El comedor de la tripulación, ubicado sobre el compartimiento C-2, fue el área más afectada y donde más efecto tuvo sobre la tripulación, debido al humo las linternas individuales no lograban alumbrar más allá de 30 centímetros.

Los tambores de combustible del helicóptero fueron arrojados al mar, para que no explotaran. La Central de Tiro pudo ser evacuada rápidamente gracias al inmediato funcionamiento de las linternas y a que el zafarrancho de siniestro se había dado justo en el momento en que los problemas comenzaron a agravarse. En las Torres 4 y 5 de popa, el humo que salía era muy denso, puesto que el torpedo había impactado en las proximidades de la cámara de proyectiles de la torre 4 y su correspondiente santabárbara. Las unidades de Control de Averías definieron al sector como área de destrucción total.

La enfermería se situaba en la tercera cubierta. Cuando las explosiones se produjeron, el encargado de guardia organizó el desalojo en medio de la oscuridad reinante. Poco después llegó el médico cirujano que comenzó a prestar ayuda a los heridos y quemados. Un enfermero comenzó a recibir personal que llegaba desde popa, bañados en petróleo y con quemaduras, proveyéndolos sábanas y cubrecamas. El trabajo de primeros auxilios era intenso, además de los heridos y quemados, se debió atender a los hombres con principios de asfixia debido al humo. El personal de sanidad corría por las cubiertas bajas, revisando los camarotes para que no hubiera personal malherido que pudiera quedar abandonado. En el momento que concluyeron en que no había internados en la enfermería y que los camarotes estaban vacíos, se procedió a recoger mantas y se dirigieron hacia cubierta.

Durante esos minutos, el personal comenzó a dirigirse a las estaciones de abandono asignadas. El buque tenía 72 balsas salvavidas, de las cuales 62 eran las necesarias y el resto eran de reserva. Las órdenes llegaban a través de simples megáfonos de mano y se retransmitían gritando lo más alto posible. Abundaban los heridos, quienes llegaban cargados a hombro por sus compañeros. El jefe de sanidad, una vez supervisada la evacuación de los internados en la enfermería, se dirigió también a cubierta y junto a otro oficial de sanidad, aplicó morfina a los casos más graves.

Hacia las 16:10 la inclinación (escora) aumentó 1° por minuto, por lo que el barco ya tenía 10° a babor. El casco comenzó a hundirse con mayor incidencia de popa, debido a la gran entrada de agua al hangar y a la sala de máquinas. Como prevención, se comenzaron a arrojar las balsas al agua, que se abrieron automáticamente al caer. Quedaron flotando al costado sujetas por las amarras. Pocos minutos más tarde se estabilizó la inclinación y creó la esperanza de que el buque se mantendría más tiempo a flote. Por la rapidez de los sucesos, algunos tripulantes llegaron a cubierta muy desabrigados y se les comenzó a auxiliar con lo que se tuvo a mano, se improvisaron una especie de ponchos a partir de las mantas de lana de las camas. Varios intentaron el descenso a las cubiertas inferiores para ayudar a sus compañeros, y algunos perdieron su vida en ese intento.

A las 16:23 el comandante Héctor Elias Bonzo dio la orden de abandonar la nave. Comenzó así la maniobra de abandono. La marejada que había, dificultó la visión y comunicación entre las balsas, por lo cual algunas quedaron sobrecargadas con 30 personas y otras subocupadas con no más de 3. A las 16:50 la escora de 60° preanunciaba el hundimiento, y en 10 minutos el crucero fue engullido por las aguas aproximadamente en el punto 55°24′0″S 61°32′0″O del Océano Atlántico.

Operación de rescate

Una vez que la noticia del hundimiento del ARA Gral Belgrano llegó al continente, se dispuso inmediatamente el operativo de rescate. De tal operación formaron parte las siguientes unidades:

2 Aviones Neptune
1 Avión Focker
1 Avión Electra
Buques Gurruchaga, Bahía Paraíso, Bouchard y Piedra Buena.

Al destructor Piedra Buena se le ordenó regresar a toda máquina al lugar, mientras el Bouchard seguiría aún alejado. Las condiciones meteorológicas eran precarias, había una fuerte tormenta que dificultó seriamente a los buques llegar a la zona. El Piedra Buena fue el primero en hacerlo, pero en el punto de contacto (donde se presumía que había sido el ataque) no quedaban rastros, ni del ARA General Belgrano, ni de las balsas salvavidas.

Aproximadamente a las 09:00 del lunes 3 de mayo, el avión Neptune 2-P-111 de la armada argentina, comandado por el capitán Pérez Roca, avistó en la zona una gran mancha de petróleo, pero la localización de las balsas seguía siendo negativa.

Sin embargo, durante esa búsqueda de sector, cerca de las 13:00, el suboficial Ramón Leiva desde un blister trasparente que el Neptune tenía en su nariz, logró el contacto visual con las balsas. Rápidamente se dio aviso a las demás unidades de búsqueda del avistamiento de un gran campo de balsas que se extendía por aproximadamente dos millas marinas (unos cuatro kilómetros a la redonda), y que se encontraban cerca del destructor Piedra Buena.

Comenzaron así los trabajos de rescate, siempre dificultados por la fuerte tormenta que azotaba el Atlántico. En gran parte de las balsas se encontraba algún fallecido, heridos, quemados, y la mayoría de los supervivientes presentaba principios de congelamiento en algunas partes de su cuerpo (en casi todos los casos las piernas).

En la madrugada del 5 de mayo, los buques arribaron al puerto de Ushuaia con los supervivientes, que fueron transportados por vía aérea a Bahía Blanca, donde los esperaban sus familiares.

La operación de rescate se extendió hasta el día 9 de mayo, verificando la imposibilidad de que quedaran más supervivientes o cadáveres en la zona.

Los buques recogieron un total de 793 tripulantes, entre los que resultaban 23 fallecidos.

El total de bajas sufridas en el ataque ascendió finalmente a 323.

MC
Salta, Argentina
Mayo 2 de 2015
San Luis 24.com.ar

1º de Mayo Bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina

1 DE MAYO. COMIENZA LA LUCHA EN MALVINAS

Cuando el alto mando británico planificó el primer ataque a Puerto Argentino, la capital malvinense era una gran fortaleza sembrada de nidos de ametralladoras, piezas antiaéreas y armas de artillería pesada.

Por entonces, los kelpers la estaban pasando mal ya que los soldados argentinos recelaban de todo, disparándole a cualquier cosa que se moviera. Por ejemplo, la residencia del presbítero Spraggon fue acribillada a balazos, lo mismo la pensión de la señora Stella Perry, sobre la calle John Street, donde el huésped Howard Jhonson encontró su ropa llena de agujeros.

Por las noches, los argentinos cortaban la energía eléctrica y efectuaban patrullas, registrando alguna que otra propiedad en busca de indicios de resistencia. En su mayoría, las propiedades habían sido sometidas a una serie de requisa e inspecciones pero, al cabo de un tiempo, que el timorato general Menéndez ordenó suspenderlas. El general Jofre era diferente a Menéndez; actuaba de otro modo y no estaba dispuesto a permitir que órdenes torpes y actitudes demagógicas (el buen trato a los isleños), entorpecieran sus planes.

Una tarde, el odontólogo Watson y su esposa Catherin llegaron a su domicilio y se encontraron a varios soldados revisando sus pertenencias, después de forzar la cerradura. Lo peor fue que el soldado que montaba guardia estaba sumamente nervioso y al verlos llegar, descorrió el seguro de su arma y apuntó directamente a la mujer. Por otra parte, el superintendente de Educación de las islas, John Fowler, se hallaba sumamente angustiado porque su esposa había dado a luz después de la ocupación y el temor de que algo les ocurriese lo tenía aterrorizado. En su casa de piedra de Road Ross West, la avenida costanera de Puerto Argentino, construyó una suerte de refugio después de escuchar por la BBC que la guerra era inevitable. Adelgazó varios kilos en esos días y una marcada palidez resaltaba su angustia, lo mismo la de su mujer. Gerald Check, del Servicio Aéreo del Gobierno de las Islas (FIGAS), también la pasó mal. Estuvo bajo arresto domiciliario y pasada la guerra contó que numerosas áreas quedaron restringidas para los pobladores. Confesaría más tarde haber experimentado las mismas sensaciones que los franceses, holandeses y belgas durante la Segunda Guerra Mundial.

El 27 de abril por la mañana, llegó hasta su casa una patrulla argentina que irrumpió en su domicilio con sus pistolas desenfundadas, amenazándolo tanto a él como al resto de su familia. Con voz de pocos amigos un oficial le informó que debía preparar algunas pertenencias porque en menos de diez minutos iba a ser trasladado. Su esposa e hijas se pusieron a llorar y él, muy asustado, comenzó a temblar. Temeroso de que lo fueran a deportar a la Argentina, preguntó que habían hecho y que les iba a pasar, pero el oficial a cargo solo se limitó a decir una palabra: “interior”. Por la cabeza de Check pasaron muchos pensamientos. No podía dejar de suponer cosas terribles después de todo lo que había escuchado acerca de los desaparecidos y la brutalidad del régimen militar, pero no le quedó más remedio que resignarse. Los argentinos lo sacaron de su casa y lo subieron a un vehículo en el que fue conducido hasta el puesto de la Policía Militar. Allí se enteró que lo acusaban de pertenecer al movimiento de resistencia y que había llevado a cabo algunos actos de sabotaje. Unos días antes lo habían conducido ante el general Jofre quien le dijo que las fuerzas de seguridad lo vigilaban de cerca porque sabían que pertenecía a la organización local de defensa y era miembro del Comité de las Islas. Sabían también de sus aptitudes para disparar.

Check fue deportado a Bahía Zorro junto a otras 13 personas, que fueron alojadas en la casa de Richard Cockwell, el administrador del lugar, quien junto a su esposa Giselda, intentó atender a los prisioneros lo mejor que pudo. La casa se hallaba atestada de gente y las comodidades que ofrecía no eran suficientes.

Los argentinos hicieron frecuentes patrullajes en ese punto y requisaron las pocas casas del lugar en busca de aparatos de radio. Ignoraban que los habitantes del caserío disponían de uno que guardaban en el más absoluto secreto, cuidándose incluso, de que lo supieran los niños. Lo desarmaban durante el día y lo volvían a armar por las noches para escuchar las últimas novedades, mientras se turnaban haciendo guardia, observando que los invasores no se acercasen.

Fueron días duros, sin ninguna duda, no tan dóciles para los pobladores como los militares y el periodismo obsecuente han pretendido hacer creer. Solo en la Argentina la gente hablaba, como lo hace hoy, del “amable” trato a los kelpers.

Lejos de allí, en Gran Bretaña, Sir Michael Beetham, Mariscal del Aire y Sir Edwin Bramell, comandante general de las fuerzas terrestres, recelaban del plan de bombardeo a la Argentina continental que el alto mando intentaba poner en práctica en esos días. Lograron cambiarlo a último momento por un objetivo mucho más efectivo y menos riesgoso: el ataque a la pista de aterrizaje de Puerto Argentino con bombarderos Vulcan B MK-62.

La flota de esos aviones había sido considerablemente reducida en marzo de 1982, a solo tres escuadrones, el 44, el 50 y el 101, todos con base en Waddington, Lincolnshire, Inglaterra, cuyo personal fue puesto en estado de alerta el 9 de abril, al tiempo que los aparatos comenzaban a ser acondicionados después de 25 años de no operar.

En ese sentido, se revisaron y repararon los equipos de reabastecimiento aire-aire, los puntos de fijación delanteros con los lanzamisiles Skybolt, sus correspondientes conductos de refrigeración en las alas y los equipos de navegación con sistemas inerciales Carrousell que ya habían sido utilizados por los aviones cisterna Victor K2. Se instalaron también equipos extra de contramedidas electrónicas por medio de contenedores con perturbadores Westinghouse AN/ALQ-101 montados sobre pilares subalares y se dispuso su inmediato envío al Atlántico Sur. Seis de los diez aparatos seleccionados fueron desplegados, los matrícula XM391 y XM612 del Escuadrón 44; los XM598 y XM654 del Escuadrón 50 y los XM391 y XM597 del Escuadrón 101, dejando al XM654 en la base para llevar a cabo sus tareas habituales.

Para pilotearlos, se seleccionaron cinco tripulaciones, dos para el Escuadrón 50, una para el 44, otra para el 101 y una quinta como reserva, que formaba parte del recientemente disuelto Escuadrón 9. Las mismas venían de haber tomado parte en los ejercicios “Red Flag”, en la base de la Fuerza Aérea de Nellis, en el estado de Nevada, Estados Unidos, hacia donde habían sido desplegadas en febrero de 1982.

Entre el 14 y el 17 de abril comenzaron los entrenamientos tácticos de bombardeo con reabastecimiento en vuelo por medio de aviones Victor K2, con asiento en Marham. Sus tripulaciones efectuaron entre 16 y 18 horas diarias de prácticas de bombardeo con bombas de 1000 kilogramos, en la Isla de Man, el Cabo Wrath y las aguas próximas a Yorkshire, con vuelos a baja altura y reabastecimientos aéreos.

El 28 de abril los aviones fueron desplegados. Como se ha dicho, para entonces, el máximo jefe de la RAF, el mencionado Michael Beetham, había logrado disuadir al gabinete de guerra de atacar las bases continentales argentinas dado que, desde el punto de vista logístico, la operación iba a ser extremadamente riesgosa e irrealizable. Entre otras cosas se iban a necesitar setenta y seis aviones cisterna a los que resultaría imposible alojar en la isla Ascensión.

Finalmente se decidió atacar el aeropuerto malvinense con el objeto de neutralizar su pista y detener el tráfico aéreo con el continente.

Cuando estalló la crisis, los viejos bombarderos nucleares Vulcan iban a ser desguazados y reemplazado posiblemente, por el mucho más moderno cazabombardero Tornado IDS. La guerra de las Malvinas evitó que eso sucediera y obligó a los mandos a utilizarlos como bombarderos convencionales, dotándolos, como se ha dicho, del armamento y el equipo adecuado.

Las aeronaves llegaron a la base norteamericana de Wideawake a las 09.00Z del 29 de abril, comandados por el capitán John Reeves (en el avión matrícula XM598) y el primer teniente Martin Whiters (en el XM607), enviándose de regreso al XM597 que los acompañaba como reemplazo en vuelo.

El viaje se hizo sin escalas, con el apoyo de reabastecedores Victor K2 que realizaron dos cargas aéreas antes de su aterrizaje. En el lugar los esperaba el comandante del destacamento militar de la isla, capitán Alistair C. Montgomery, quien dio a las tripulaciones la bienvenida y las puso al tanto de las últimas novedades.

La primer misión “Black Buck” de ataque con bombarderos Vulcan comenzó a las 23.50Z del 30 de abril cuando once aviones cisterna Victor K2 despegaron de la base de Wideawake, en isla Ascensión, con intervalos de un minuto entre uno y otro, seguidos detrás por los Vulcan XM598 del capitán John Reeve y el XM607 del teniente Martin Whiters. Con nueve toneladas de explosivos cada uno, los pesados aeroplanos levantaron vuelo atronando la atmósfera con sus reactores al límite, para cubrir una distancia de 6280 kilómetros sobre el océano, en dirección sur, con la pista de la capital malvinense como objetivo.

– Vamos a llevar a cabo un maldito trabajo – informó el teniente Whiters una vez en aire, mientras efectuaba un primer control del panel de mandos y ajustaba el rumbo virando levemente hacia el oeste.

A poco de despegar, el aparato del capitán Reeve comenzó a experimentar fallas al no poder sellar debidamente la ventanilla de visión directa del comandante y por esa razón, después de informar a la torre de control lo que le estaba ocurriendo, se le ordenó regresar. El teniente Whiters debió seguir solo y en esas condiciones estableció el primer contacto con un Victor a 12.000 metros de altitud, cuando la cota adecuada para el reabastecimiento aéreo era de 8000. Para evitar inconvenientes, las aeronaves descendieron hasta los 9300 metros con la idea de lograr una mayor margen de maniobrabilidad.

Ocurrió entonces que, debido a la turbulencia, el Victor perdió contacto momentáneamente aunque lo recobró poco después. Se intentó la maniobra nuevamente pero, al hacerlo, el embudo rompió la lanza del avión cisterna y eso obligó a los mandos a reemplazarlo inmediatamente por otro. El Victor K2 matrícula SL189, al comando del primer teniente Bob Tuxford (Escuadrón 57), logró acoplar sin inconvenientes y así transferir el combustible a los tanques del bombardero.

Seguramente Whiters y los cinco hombres de su tripulación, el copiloto Peter L. Taylor, su radarista Robert D. Wrigth, el navegante Gordon C. Graham., el ingeniero de vuelo Hugh Prior y el instructor de reabastecimiento en vuelo R. J. Russell, respiraron aliviados. A 300 millas del blanco el Vulcan abrió las compuestas e inició el descenso a bajo nivel (unos 90 metros), con el objeto de minimizar el riesgo de ser detectado por los radares y cuando se encontraban a 25 millas, su piloto realizó el último examen, comprobando que todo se hallaba en orden: blanco apuntando, escotillas abiertas, alas paralelas y nivel de vuelo ajustado. De ese modo, a solo un minuto del tiempo calculado, el avión trepó hasta los 10.000 pies (3000 metros) e inició la corrida final.

Cuando se encontraban a solo dos millas del aeropuerto, la computadora de bombardeo puso en marcha el mecanismo de lanzamiento y a las 04.32Z (01.32 hora argentina), las 21 bombas de 1000 libras comenzaron a caer con un lapso de 4 segundos entre una y otra, en línea diagonal a la pista de aterrizaje.

En Puerto Argentino eran las 01.20 (04.20Z) cuando el radar vigía del GADA 601, que había reemplazado al de la Fuerza Aérea, detectó un objeto aproximándose por el noreste. Mientras se ponía en estado de alerta a las secciones de artillería, aparecieron en pantalla otros dos ecos que junto al anterior, se acercaban a 200 kilómetros en la misma dirección. Tras una comunicación telefónica con el CIC, se confirmó que no había aviones propios volando en la zona, por lo que todas las alertas fueron maximizadas y las secciones de artillería prontas a abrir fuego.

A las 01.25 (04.25Z) los ecos del radar eran cinco y avanzaban a 800 kilómetros por hora desde el noreste. Cinco minutos después, los mismos llegaron a seis sin que ninguno respondiera a los pedidos de identificación efectuados por el CIC y eso no dejó dudas de que se trataba de un ataque aéreo. Las secciones de artillería se hallaban listas a abrir fuego cuando a las 01.32 (04.32Z) los ecos desaparecieron.

Casi enseguida, se escuchó una explosión que sacudió las instalaciones del aeropuerto y enseguida otras catorce de igual intensidad. Las defensas antiaéreas no alcanzaron a responder y cuando lo hicieron, era demasiado tarde.

Desde las tierras de Green Match y las alturas de Fitz Roy, los comandos de la Compañía 601 a las órdenes del mayor Castagneto observaban la escena atónitos. Desde allí, los resplandores y los fogonzazos, seguidos inmediatamente por el tétrico sonido de las detonaciones, ofrecían un espectáculo estremecedor. Por su parte, los tripulantes del “Formosa”, que habían estado descargado equipos y provisiones durante todo el día anterior, pudieron observar desde cubierta la estremecedora escena. Los que dormían en sus camarotes, fueron despertados por la alarma de a bordo que los hizo saltar prácticamente de las cuchetas y subir a cubierta para observar y los que se hallaban en sus puestos observaban expectantes mientras la tierra parecía temblar.

Alcanzaron a ver el fuego y el humo elevándose desde un galpón y grandes llamas que se alzaban de un depósito de combustible. Las bombas cayeron en forma oblicua, tal como había sido planeado, estallando 15 de las 21 que se habían lanzado.

Dos de ellas lo hicieron más tarde, a las 03.29 (06.29Z), como consecuencia del retardo de sus espoletas y las cuatro restantes, quedaron enterradas en la turba, sin explotar.

Sin embargo, solo una había alcanzado la pista, abriendo un boquete de 20 metros de diámetro en uno de sus costados. Las restantes erraron pero produjeron daños considerables en el mencionado galpón y en los depósitos de combustible, además de averiar el avión del gobernador.

Como consecuencia del ataque resultaron muertos los conscriptos Guillermo V. García y Héctor R. Bordón, de la Fuerza Aérea y heridos varios efectivos apostados en las inmediaciones de la estación aérea. El general Menéndez se despertó sobresaltado a causa de las explosiones y los fogonazos.

Cuando llegó al lugar, se le informó que había muertos y heridos y que se estaban evaluando los daños. Watson, el médico odontólogo malvinense sintió que el piso de su vivienda se estremecía y John Fowler, que en esos momentos intentaba avivar el fuego de su chimenea, creyó que las paredes de su casa se iban a desplomar.

Según Alexanders Betts, a las 01.30 (04.30Z) de aquella madrugada, todo el pueblo se despertó y por la dirección de la que provenía el sonido de las explosiones, dedujo que el blanco del ataque había sido el aeropuerto.

Casi en el mismo momento en el que el Vulcan arrojaba su mortífera carga, el radar argentino de control de tiro Skyward lo detectó pero Hugh Prior logró anularlo utilizando el equipo ALQ-101 de a bordo. Tras arrojar las bombas, Whiters viró bruscamente hacia estribor y efectuando una maniobra de evasión trepó hasta nivel de crucero económico colocando sus aceleradores a nivel de consumo mínimo. De esa manera, se puso fuera del alcance de los misiles Tiger-Cat y se alejó.

A 400 millas al sur de Río de Janeiro tuvo contacto con el primer Victor K2 que lo reabastecería en su vuelo de regreso, encuentro realmente oportuno ya que el bombardero había consumido más combustible del calculado y por esa razón, el enganche con el cisterna era urgente.

Todo parecía marchar bien cuando se detectaron fallas en el traspaso. El fuel oil comenzó a derramarse y al salpicar el parabrisas, impedió la visión del piloto. Habían acoplado mal y el combustible se estaba derramando, generando la consabida angustia en la tripulación. Whiters puso en marcha el limpiaparabrisas pero de nada sirvió por lo que Wright subió hasta la cabina y haciendo un esfuerzo supremo, mirando a través de las ventanillas, alcanzó a ver que la cesta estaba mal conectada.

En vista de ello, Whiters maniobró para tomar distancia y al cabo de unos segundos, se volvió a acoplar. Esta vez la operación fue exitosa y de ese modo, el Victor pudo transferir los 22.000 litros que los agotados tanques del Vulcan tanto necesitaban. El bombardero aterrizó en Wideawake a las 15.45Z (12.45), dieciséis horas después de su partida, en la que fue la misión de bombardeo más larga de la historia.

La operación demostró a los argentinos que sus oponentes eran capaces de lanzar ataques a grandes distancias pero dejó muchas dudas acerca de su eficacia ya que no habían cumplido su objetivo.

Tres horas después, un Sea Harrier del “Hermes” efectuó reconocimiento aéreo fotográfico a gran altura, constatando los daños que presentaba la pista. Ese día, la BBC propaló la falsa noticia de que los aviones de la RAF habían inutilizado el aeropuerto malvinense, dejándolo completamente inoperable.

Los argentinos lograrían reparar los daños y lo seguirían utilizando hasta el fin del conflicto. A poco de producido el bombardeo, trece buques del grupo de batalla de la Task Force encabezados por sus dos portaaviones, ingresaron en la zona de exclusión total.

A bordo del “Hermes”, los Sea Harrier del Escuadrón 800 hacían los controles finales antes de su partid mientras una febril actividad tenía lugar en torno a ellos. Algunos de sus pilotos llegaron a cubrir períodos de doce horas de espera en el interior de sus cabinas, atentos a la orden de decolar. Cerca de las 07.45 (10.45Z), las unidades navales se hallaban a 95 millas al este-noreste de Puerto Argentino llevando al “Invencible” como unidad de defensa aérea, mientras se concentraban y proveían patrullas aéreas para proporcionar “techo” a la flota. Se decidió lanzar al ataque a las doce unidades del “Hermes”, enviando a nueve de ellas hacia Puerto Argentino y a las tres restantes en dirección a Darwin, en tanto otros cuatro cazas del “Invencible” les suministrarían cobertura aérea continua al este-noreste de la capital.

El Escuadrón de ataque 800 despegó entre las 07.48 (10.48Z) y las 07.57 (10.57Z), con su comandante, el capitán de corbeta Andy Auld, a la cabeza, piloteando el aparato matrícula XZ494. Inmediatamente detrás lo hizo el dinámico teniente de fragata David Morgan a bordo del ZA192, seguido por el capitán de corbeta Mike S. Blisset en el ZA193, el teniente de fragata Ted. H. Ball en el XZ450, el capitán de corbeta Gordon J. “Gordy” Batt en el XZ459, sus iguales en el rango Anthony Ogilvy en el XZ500 y Neil Thomas en el XZ496, el teniente Clive Morrell en el XZ492, el capitán de corbeta Rod Fredericksen en el ZA191, los tenientes Martin Hale y Andy McHarh en los aparatos matrícula en el XZ460 y XZ457 y el teniente de fragata Robert Penfold en el XZ455, que se había visto demorado a causa de ciertas fallas. Los doce aparatos se reagruparon sobre la flota y pusieron rumbo sudoeste, volando a baja altura en dirección a Punta McBride, sobre la costa noreste de la Isla Soledad (20 millas al norte del aeropuerto malvinense).

Mientras eso sucedía, el almirante Woodward ordenaba a los portaaviones retirarse a las 100 millas de la costa para ponerse a distancia de cualquier ataque enemigo. Volando bajo y a alta velocidad, la formación alcanzó la mencionada punta a las 08.05 (11.05Z), dividiéndose en tres secciones, la Roja al mando de Ogilvy, con Batt, Thomas y Morrell; la Negra, al de Auld, integrada por Morgan, Blisset y Penfold y la Tartan comandada por Fredericksen, a la que completaban Hale y McHarg.

La sección Roja se elevó a 3 millas de su objetivo, los emplazamientos antiaéreos ubicados al noroeste y sudoeste del aeropuerto y una vez sobre ellos, dejó caer sus bombas. La Negra, al mando de Auld, apareció desde Monte Low sin ser detectada (5 millas al noroeste de la pista), bombardeando el aeropuerto con explosivos de racimo, de percusión y acción retardada.

Finalmente, los Tartan del capitán Friedericksen, llegaron a Darwin volando a 30 pies de altura, distinguiendo en el pequeño aeródromo de Prado del Ganso a los nueve aviones de su dotación, algunos de los cuales, se aprestaban a despegar.

Lo que no había era helicópteros, cosa que llamó poderosamente la atención de su jefe. Los Sea Harrier arrojaron sus bombas y sin perder un instante pusieron rumbo noroeste, enfilando hacia Cabo Delfín, en el extremo de la Isla Soledad. Pero en esta ocasión hubo respuesta antiaérea.

El avión del teniente Morgan fue alcanzado por un proyectil 20 mm de un cañón bitubo que le perforó el timón de deriva, agujereando con las esquirlas los de profundidad. Además, un misil Tiger-Cat le pasó muy cerca, debiendo efectuar una maniobra brusca para esquivarlo, casi en el mismo momento en que se desenganchaba del radar de otra batería antiaérea arrojando hilos de aluminio.

La escuadrilla de aviones Pucará estacionada en Prado del Ganso carreteaba sobre la pista cuando la aeronave de su comandante hundió su rueda delantera en un pozo y se clavó de nariz, impidiendo el despegue de su sección.

El teniente Hernández y otros pilotos se aprestaban a ubicarse en las cabinas de sus unidades cuando los Sea Harrier pasaron sobre ellos a 20 metros de altura, en formación cerrada, arrojando sus bombas. Cuando los proyectiles comenzaron a estallar, tanto él como el resto del personal se arrojaron al suelo cubriéndose sus cabezas con las manos. El suelo parecía saltar y flamear por las explosiones.

Hernández alzó la cabeza y vio al Pucará de su amigo, el teniente Daniel Jukic partido en dos mientras se incendiaba, con sus cohetes y municiones detonando amenazadoramente. Intentando ponerse a cubierto, se incorporó y corrió a través de un campo lleno de bombas Beluga sin estallar, en pos de uno de los refugios que se habían montado cerca de la pista.

Estaba herido porque una esquirla le había rozado su pierna izquierda, pero alcanzó a llegar aún cuando las bombas de fragmentación inglesas estallaban aquí y allá. Cuando las explosiones cesaron, el personal salió de los pozos y corrió hacia la pista, hallando un cuadro realmente dantesco. Jukic yacía muerto en su cabina, lo mismo ocho de sus mecánicos, los cabos Duarte, Rodríguez, Carrizo, Montaño, Maldonado, Vara, Peralta y Brajich, cuyos cuerpos se hallaban desparramados en torno al aparato. Una Beluga había estallado entre ellos matándolos al instante e hiriendo a varios hombres más, los que fueron cargados en un helicóptero Chinook y evacuados hacia Puerto Argentino ni bien se pudo volar. Un día realmente negro para las fuerzas argentinas. Hernández partió esa misma tarde junto a su jefe de sección, para atacar dos fragatas que merodeaban cerca de la costa pero las mismas se habían replegado al ser atacadas por una formación de aviones Dagger y no las encontraron.

De ahí volaron hasta Puerto Argentino a donde llegaron en menos de diez minutos pero se retiraron sin aterrizar porque el radar les dio el alerta de que dos Harriers los perseguían.

Volaron primero hacia el oeste, a muy baja altura y poco después, aterrizaron en la Estación Aeronaval “Calderón”, sin ser detectados. Después del bombardeo, los tres Sea Harrier de la formación Tartan enfilaron hacia su portaaviones y tras un vuelo sin novedades, aterrizaron a las 08.55 (11.55Z). Las bombas habían causado considerables daños, tanto en Puerto Argentino como en Darwin y Prado del Ganso. En la capital destruyeron los aviones de la flotilla aérea de las islas, los Cessna 17Z matriculados en Malvinas con las siglas VPFAR, VPFAS y VPFBA, uno de ellos propiedad de la gobernación, alcanzados por impactos de cañones Aden de 30 mm. Un Islander ZA matrícula VPFAY del Servicio Interisleño, fue destruido por una de las bombas de Morgan, pero los Aermacchi MB-339A de la Armada quedaron intactos y apenas fueron salpicados por el barro que arrojaron sobre ellos cargas sin detonar.

De los doce Pucará de Prado del Ganso, tres se hallaban en vuelo de reconocimiento cuando se produjo el ataque; el de su jefe de sección se accidentó, el matrícula A-527 del teniente Jukic fue destruido y los otros cuatro terminaron dañados, el A.502, que sería reparado y volvería a operar; el A-517, el A-506 y el A-507, que al quedar inutilizados, serían montados sobre tambores de combustible y colocados en los bordes de las pistas a modo de señuelos. Los tres restantes se encontraban en la Estación “Calderón”.

Cuando las secciones Roja y Negra llegaron al “Hermes”, lo hicieron en formación de escolta, con sus tanques de combustible prácticamente vacíos. Sus pilotos, pese a los pulgares en alto y sus rostros sonrientes, se veían tensos y agotados y así lo demostraron al bajar a cubierta. Una vez de regreso en el portaaviones, los Sea Harrier fueron rearmados con misiles Sidewinder y a las 16.30 (19.30Z) dos de ellos volvieron a despegar al comando de los tenientes Penfold y Hale, con la misión de interceptar un ataque de la aviación argentina.

Fue entonces que el almirante Woodward decidió despachar las primeras unidades navales para cañonear el litoral malvinense. El HMS “Glamorgan”, destructor Clase County de 5400 toneladas de desplazamiento, izó sus insignias de combate y seguido por las fragatas HMS “Arrow” y HMS “Alacrity”, se apartó del grueso de la flota y se encaminó hacia el punto señalado para iniciar el ataque.

Desde las primeras horas de la mañana operaban en las islas patrullas del SAS y el SBS que los británicos habían desembarcado días antes por medio de helicópteros. Debían averiguar la situación imperante en el archipiélago, las posiciones del enemigo, el armamento del que disponía y el número de las tropas apostadas. Tres de esas patrullas se posicionaron en torno a Puerto Argentino mientras las restantes se dedicaron a observar otros sectores como Puerto Darwin, Prado del Ganso, Puerto Howard, Fitz Roy y Bahía Zorro.

Operaban durante la noche y se escondían en refugios que ellos mismos construían durante el día, lo que no quita que de tanto en tanto hubiesen efectuado alguna observación diurna. Según relataron posteriormente algunos de sus integrantes, en una oportunidad se hallaba una de esas avanzadas dentro de su escondite cuando un helicóptero argentino se posó sobre ella, generando una situación de gran tensión. Al cabo de algunos minutos, el aparato remontó vuelo y se alejó del lugar, lo que da a la versión la apariencia de una fábula y no de un hecho real.

La información que pasaron esas patrullas fue bastante fidedigna en cuanto a posiciones, tipo de armamento y defensas antiaéreas pero todo parece indicar que erraron bastante en cuanto al estado sanitario en que se hallaban las tropas enemigas, su aprovisionamiento, las municiones de las que disponían y la moral que imperaba en sus filas.

En ese sentido, los malvinenses resultaron de gran utilidad ya que los comandos lograron infiltrarse entre ellos vistiendo ropas civiles y simulando realizar sus actividades y eso les permitió hacer aproximaciones hasta muy cerca de los objetivos . Sea como fuere, a las 16.15 hora argentina (19.15Z) el “Glamorgan” y sus escoltas tomaron posiciones y a las 16.16 (19.16Z) iniciaron el cañoneo, probablemente guiados por los comandos del SAS y el SBS desde las islas. La guerra había tomado cuerpo y la escalada de violencia parecía incontenible.

Las babas del diablo (Julio Cortázar)

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos.

Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección. Y no es un modo de decir. La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar es también una máquina (de otra especie, una Cóntax 1.1.2) y a lo mejor puede ser que una máquina sepa más de otra máquina que yo, tú, ella —la mujer rubia— y las nubes. Pero de tonto sólo tengo la suerte, y sé que si me voy, esta Rémington se quedará petrificada sobre la mesa con ese aire de doblemente quietas que tienen las cosas movibles cuando no se mueven. Entonces tengo que escribir. Uno de todos nosotros tiene que escribir, si es que esto va a ser contado. Mejor que sea yo que estoy muerto, que estoy menos comprometido que el resto; yo que no veo más que las nubes y puedo pensar sin distraerme, escribir sin distraerme (ahí pasa otra, con un borde gris) y acordarme sin distraerme, yo que estoy muerto (y vivo, no se trata de engañar a nadie, ya se verá cuando llegue el momento, porque de alguna manera tengo que arrancar y he empezado por esta punta, la de atrás, la del comienzo, que al fin y al cabo es la mejor de las puntas cuando se quiere contar algo).

De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece que un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo. Que yo sepa nadie ha explicado esto, de manera que lo mejor es dejarse de pudores y contar, porque al fin y al cabo nadie se avergüenza de respirar o de ponerse los zapatos; son cosas que se hacen, y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa, contarlo a los muchachos de la oficina o al médico. Ay, doctor, cada vez que respiro… Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estómago.
Y ya que vamos a contarlo pongamos un poco de orden, bajemos por la escalera de esta casa hasta el domingo 7 de noviembre, justo un mes atrás. Uno baja cinco pisos y ya está en el domingo, con un sol insospechado para noviembre en París, con muchísimas ganas de andar por ahí, de ver cosas, de sacar fotos (porque éramos fotógrafos, soy fotógrafo). Ya sé que lo más difícil va a ser encontrar la manera de contarlo, y no tengo miedo de repetirme. Va a ser difícil porque nadie sabe bien quién es el que verdaderamente está contando, si soy yo o eso que ha ocurrido, o lo que estoy viendo (nubes, y a veces una paloma) o si sencillamente cuento una verdad que es solamente mi verdad, y entonces no es la verdad salvo para mi estómago, para estas ganas de salir corriendo y acabar de alguna manera con esto, sea lo que fuere.

Vamos a contarlo despacio, ya se irá viendo qué ocurre a medida que lo escribo. Si me sustituyen, si ya no sé qué decir, si se acaban las nubes y empieza alguna otra cosa (porque no puede ser que esto sea estar viendo continuamente nubes que pasan, y a veces una paloma), si algo de todo eso… Y después del «si», ¿qué voy a poner, cómo voy a clausurar correctamente la oración? Pero si empiezo a hacer preguntas no contaré nada; mejor contar, quizá contar sea como una respuesta, por lo menos para alguno que lo lea.
Roberto Michel, franco-chileno, traductor y fotógrafo aficionado a sus horas, salió del número 11 de la rue Monsieur-le-Prince el domingo siete de noviembre del año en curso (ahora pasan dos más pequeñas, con los bordes plateados). Llevaba tres semanas trabajando en la versión al francés del tratado sobre recusaciones y recursos de José Norberto Allende, profesor en la Universidad de Santiago. Es raro que haya viento en París, y mucho menos un viento que en las esquinas se arremolinaba y subía castigando las viejas persianas de madera tras de las cuales sorprendidas señoras comentaban de diversas maneras la inestabilidad del tiempo en estos últimos años. Pero el sol estaba también ahí, cabalgando el viento y amigo de los gatos, por lo cual nada me impediría dar una vuelta por los muelles del Sena y sacar unas fotos de la Conserjería y la Sainte-Chapelle. Eran apenas las diez, y calculé que hacia las once tendría buena luz, la mejor posible en otoño; para perder tiempo derivé hasta la isla Saint-Louis y me puse a andar por el Quai d’Anjou, miré un rato el hotel de Lauzun, me recité unos fragmentos de Apollinaire que siempre me vienen a la cabeza cuando paso delante del hotel de Lauzun (y eso que debería acordarme de otro poeta, pero Michel es un porfiado), y cuando de golpe cesó el viento y el sol se puso por lo menos dos veces más grande (quiero decir más tibio pero en realidad es lo mismo), me senté en el parapeto y me sentí terriblemente feliz en la mañana del domingo.

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros. No se trata de estar acechando la mentira como cualquier repórter, y atrapar la estúpida silueta del personajón que sale del número 10 de Downing Street, pero de todas maneras cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con un pan o una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Contax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/250. Ahora mismo (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira) podía quedarme sentado en el pretil sobre el río, mirando pasar las pinazas negras y rojas, sin que se me ocurriera pensar fotográficamente las escenas, nada más que dejándome ir en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo. Y ya no soplaba viento.

Después seguí por el Quai de Bourbon hasta llegar a la punta de la isla, donde la íntima placita (íntima por pequeña y no por recatada, pues da todo el pecho al río y al cielo) me gusta y me regusta. No había más que una pareja y, claro, palomas; quizá alguna de las que ahora pasan por lo que estoy viendo. De un salto me instalé en el parapeto y me dejé envolver y atar por el sol, dándole la cara, las orejas, las dos manos (guardé los guantes en el bolsillo). No tenía ganas de sacar fotos, y encendí un cigarrillo por hacer algo; creo que en el momento en que acercaba el fósforo al tabaco vi por primera vez al muchachito.
Lo que había tomado por una pareja se parecía mucho más a un chico con su madre, aunque al mismo tiempo me daba cuenta de que no era un chico con su madre, de que era una pareja en el sentido que damos siempre a las parejas cuando las vemos apoyadas en los parapetos o abrazadas en los bancos de las plazas. Como no tenía nada que hacer me sobraba tiempo para preguntarme por qué el muchachito estaba tan nervioso, tan como un potrillo o una liebre, metiendo las manos en los bolsillos, sacando en seguida una y después la otra, pasándose los dedos por el pelo, cambiando de postura, y sobre todo por qué tenía miedo, pues eso se lo adivinaba en cada gesto, un miedo sofocado por la vergüenza, un impulso de echarse atrás que se advertía como si su cuerpo estuviera al borde de la huida, conteniéndose en un último y lastimoso decoro.

Tan claro era todo eso, ahí a cinco metros—y estábamos solos contra el parapeto, en la punta de la isla— que al principio el miedo del chico no me dejó ver bien a la mujer rubia. Ahora, pensándolo, la veo mucho mejor en ese primer momento en que le leí la cara (de golpe había girado como una veleta de cobre, y los ojos, los ojos estaban ahí), cuando comprendí vagamente lo que podía estar ocurriéndole al chico y me dije que valía la pena quedarse y mirar (el viento se llevaba las palabras, los apenas murmullos). Creo que sé mirar, si es que algo sé, y que todo mirar rezuma falsedad, porque es lo que nos arroja más afuera de nosotros mismos, sin la menor garantía, en tanto que oler, o (pero Michel se bifurca fácilmente, no hay que dejarlo que declame a gusto). De todas maneras, si de antemano se prevé la probable falsedad, mirar se vuelve posible; basta quizá elegir bien entre el mirar y lo mirado, desnudar a las cosas de tanta ropa ajena. Y. claro, todo esto es más bien difícil.

Del chico recuerdo la imagen antes que el verdadero cuerpo (esto se entenderá después), mientras que ahora estoy seguro que de la mujer recuerdo mucho mejor su cuerpo que su imagen. Era delgada y esbelta, dos palabras injustas para decir lo que era, y vestía un abrigo de piel casi negro, casi largo, casi hermoso. Todo el viento de esa mañana (ahora soplaba apenas, y no hacía frío) le había pasado por el pelo rubio que recortaba su cara blanca y sombría —dos palabras injustas— y dejaba al mundo de pie y horriblemente solo delante de sus ojos negros, sus ojos que caían sobre las cosas como dos águilas, dos saltos al vacío, dos ráfagas de fango verde. No describo nada, trato más bien de entender. Y he dicho dos ráfagas de fango verde.

Seamos justos, el chico estaba bastante bien vestido y llevaba unos guantes amarillos que yo hubiera jurado que eran de su hermano mayor, estudiante de derecho o ciencias sociales; era gracioso ver los dedos de los guantes saliendo del bolsillo de la chaqueta. Largo rato no le vi la cara, apenas un perfil nada tonto —pájaro azorado, ángel de Fra Filippo, arroz con leche— y una espalda de adolescente que quiere hacer judo y que se ha peleado un par de veces por una idea o una hermana. Al filo de los catorce, quizá de los quince, se lo adivinaba vestido y alimentado por sus padres pero sin un centavo en el bolsillo, teniendo que deliberar con los camaradas antes de decidirse por un café, un coñac, un atado de cigarrillos. Andaría por las calles pensando en las condiscípulas, en lo bueno que sería ir al cine y ver la última película, o comprar novelas o corbatas o botellas de licor con etiquetas verdes y blancas. En su casa (su casa sería respetable, sería almuerzo a las doce y paisajes románticos en las paredes, con un oscuro recibimiento y un paragüero de caoba al lado de la puerta) llovería despacio el tiempo de estudiar, de ser la esperanza de mamá, de parecerse a papá, de escribir a la tía de Avignon. Por eso tanta calle, todo el río para él (pero sin un centavo) y la ciudad misteriosa de los quince años, con sus signos en las puertas, sus gatos estremecedores, el cartucho de papas fritas a treinta francos, la revista pornográfica doblada en cuatro, la soledad como un vacío en los bolsillos, los encuentros felices, el fervor por tanta cosa incomprendida pero iluminada por un amor total, por la disponibilidad parecida al viento y a las calles.

Esta biografía era la del chico y la de cualquier chico, pero a éste lo veía ahora aislado, vuelto único por la presencia de la mujer rubia que seguía hablándole. (Me cansa insistir, pero acaban de pasar dos largas nubes desflecadas. Pienso que aquella mañana no miré ni una sola vez el cielo, porque tan pronto presentí lo que pasaba con el chico y la mujer no pude más que mirarlos y esperar, mirarlos y…) Resumiendo, el chico estaba inquieto y se podía adivinar sin mucho trabajo lo que acababa de ocurrir pocos minutos antes, a lo sumo media hora. El chico había llegado hasta la punta de la isla, vio a la mujer y la encontró admirable. La mujer esperaba eso porque estaba ahí para esperar eso, o quizá el chico llegó antes y ella lo vio desde un balcón o desde un auto, y salió a su encuentro, provocando el diálogo con cualquier cosa, segura desde el comienzo de que él iba a tenerle miedo y a querer escaparse, y que naturalmente se quedaría, engallado y hosco, fingiendo la veteranía y el placer de la aventura. El resto era fácil porque estaba ocurriendo a cinco metros de mí y cualquiera hubiese podido medir las etapas del juego, la esgrima irrisoria; su mayor encanto no era su presente, sino la previsión del desenlace. El muchacho acabaría por pretextar una cita, una obligación cualquiera, y se alejaría tropezando y confundido, queriendo caminar con desenvoltura, desnudo bajo la mirada burlona que lo seguiría hasta el final. O bien se quedaría, fascinado o simplemente incapaz de tomar la iniciativa, y la mujer empezaría a acariciarle la cara, a despeinarlo, hablándole ya sin voz, y de pronto lo tomaría del brazo para llevárselo, a menos que él, con una desazón que quizá empezara a teñir el deseo, el riesgo de la aventura, se animase a pasarle el brazo por la cintura y a besarla. Todo esto podía ocurrir, pero aún no ocurría, y perversamente Michel esperaba, sentado en el pretil, aprontando casi sin darse cuenta la cámara para sacar una foto pintoresca en un rincón de la isla con una pareja nada común hablando y mirándose.

Curioso que la escena (la nada, casi: dos que están ahí, desigualmente jóvenes) tuviera como un aura inquietante. Pensé que eso lo ponía yo, y que mi foto, si la sacaba, restituiría las cosas a su tonta verdad. Me hubiera gustado saber qué pensaba el hombre del sombrero gris sentado al volante del auto detenido en el muelle que lleva a la pasarela, y que leía el diario o dormía. Acababa de descubrirlo, porque la gente dentro de un auto detenido casi desaparece, se pierde en esa mísera jaula privada de la belleza que le dan el movimiento y el peligro. Y sin embargo el auto había estado ahí todo el tiempo, formando parte (o deformando esa parte) de la isla. Un auto: como decir un farol de alumbrado, un banco de plaza. Nunca el viento, la luz del sol, esas materias siempre nuevas para la piel y los ojos, y también el chico y la mujer, únicos, puestos ahí para alterar la isla, para mostrármela de otra manera. En fin, bien podía suceder que también el hombre del diario estuviera atento a lo que pasaba y sintiera como yo ese regusto maligno de toda expectativa. Ahora la mujer había girado suavemente hasta poner al muchachito entre ella y el parapeto, los veía casi de perfil y él era más alto, pero no mucho más alto, y sin embargo ella lo sobraba, parecía como cernida sobre él (su risa, de repente, un látigo de plumas), aplastándolo con sólo estar ahí, sonreír, pasear una mano por el aire. ¿Por qué esperar más? Con un diafragma dieciséis, con un encuadre donde no entrara el horrible auto negro, pero sí ese árbol, necesario para quebrar un espacio demasiado gris…

Levanté la cámara, fingí estudiar un enfoque que no los incluía, y me quedé al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen rígida destruye al seccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible fracción esencial. No tuve que esperar mucho. La mujer avanzaba en su tarea de maniatar suavemente al chico, de quitarle fibra a fibra sus últimos restos de libertad, en una lentísima tortura deliciosa. Imaginé los finales posibles (ahora asoma una pequeña nube espumosa, casi sola en el cielo), preví la llegada a la casa (un piso bajo probablemente, que ella saturaría de almohadones y de gatos) y sospeché el azoramiento del chico y su decisión desesperada de disimularlo y de dejarse llevar fingiendo que nada le era nuevo. Cerrando los ojos, si es que los cerré, puse en orden la escena, los besos burlones, la mujer rechazando con dulzura las manos que pretenderían desnudarla como en las novelas, en una cama que tendría un edredón lila, y obligándolo en cambio a dejarse quitar la ropa, verdaderamente madre e hijo bajo una luz amarilla de opalinas, y todo acabaría como siempre, quizá, pero quizá todo fuera de otro modo, y la iniciación del adolescente no pasara, no la dejaran pasar, de un largo proemio donde las torpezas, las caricias exasperantes, la carrera de las manos se resolviera quién sabe en qué, en un placer por separado y solitario, en una petulante negativa mezclada con el arte de fatigar y desconcertar tanta inocencia lastimada. Podía ser así, podía muy bien ser así; aquella mujer no buscaba un amante en el chico, y a la vez se lo adueñaba para un fin imposible de entender si no lo imaginaba como un juego cruel, deseo de desear sin satisfacción, de excitarse para algún otro, alguien que de ninguna manera podía ser ese chico.

Michel es culpable de literatura, de fabricaciones irreales. Nada le gusta más que imaginar excepciones, individuos fuera de la especie, monstruos no siempre repugnantes. Pero esa mujer invitaba a la invención, dando quizá las claves suficientes para acertar con la verdad. Antes de que se fuera, y ahora que llenaría mi recuerdo durante muchos días, porque soy propenso a la rumia, decidí no perder un momento más. Metí todo en el visor (con el árbol, el pretil, el sol de las once) y tomé la foto. A tiempo para comprender que los dos se habían dado cuenta y que me estaban mirando, el chico sorprendido y como interrogante, pero ella irritada, resueltamente hostiles su cuerpo y su cara que se sabían robados, ignominiosamente presos en una pequeña imagen química.

Lo podría contar con mucho detalle pero no vale la pena. La mujer habló de que nadie tenía derecho a tomar una foto sin permiso, y exigió que le entregara el rollo de película. Todo esto con una voz seca y clara, de buen acento de París, que iba subiendo de color y de tono a cada frase. Por mi parte se me importaba muy poco darle o no el rollo de película, pero cualquiera que me conozca sabe que las cosas hay que pedírmelas por las buenas. El resultado es que me limité a formular la opinión de que la fotografía no sólo no está prohibida en los lugares públicos sino que cuenta con el más decidido favor oficial y privado. Y mientras se lo decía gozaba socarronamente de cómo el chico se replegaba, se iba quedando atrás —con sólo no moverse—y de golpe (parecía casi increíble) se volvía y echaba a correr, creyendo el pobre que caminaba y en realidad huyendo a la carrera, pasando al lado del auto, perdiéndose como un hilo de la Virgen en el aire de la mañana.
Pero los hilos de la Virgen se llaman también babas del diablo, y Michel tuvo que aguantar minuciosas imprecaciones, oírse llamar entrometido e imbécil, mientras se esmeraba deliberadamente en sonreír y declinar, con simples movimientos de cabeza, tanto envío barato. Cuando empezaba a cansarme, oí golpear la portezuela de un auto. El hombre del sombrero gris estaba ahí, mirándonos. Sólo entonces comprendí que jugaba un papel en la comedia.

Empezó a caminar hacia nosotros, llevando en la mano el diario que había pretendido leer. De lo que mejor me acuerdo es de la mueca que le ladeaba la boca, le cubría la cara de arrugas, algo cambiaba de lugar y forma porque la boca le temblaba y la mueca iba de un lado a otro de los labios como una cosa independiente y viva, ajena a la voluntad. Pero todo el resto era fijo, payaso enharinado u hombre sin sangre, con la piel apagada y seca, los ojos metidos en lo hondo y los agujeros de la nariz negros y visibles, más negros que las cejas o el pelo o la corbata negra. Caminaba cautelosamente, como si el pavimento le lastimara los pies; le vi zapatos de charol, de suela tan delgada que debía acusar cada aspereza de la calle. No sé por qué me había bajado del pretil, no sé bien por qué decidí no darles la foto, negarme a esa exigencia en la que adivinaba miedo y cobardía. El payaso y la mujer se consultaban en silencio: hacíamos un perfecto triángulo insoportable, algo que tenía que romperse con un chasquido. Me les reí en la cara y eché a andar, supongo que un poco más despacio que el chico. A la altura de las primeras casas, del lado de la pasarela de hierro, me volví a mirarlos. No se movían, pero el hombre había dejado caer el diario; me pareció que la mujer, de espaldas al parapeto, paseaba las manos por la piedra, con el clásico y absurdo gesto del acosado que busca la salida.

Lo que sigue ocurrió aquí, casi ahora mismo, en una habitación de un quinto piso. Pasaron varios días antes de que Michel revelara las fotos del domingo; sus tomas de la Conserjería y de la Sainte-Chapelle eran lo que debían ser. Encontró dos o tres enfoques de prueba ya olvidados, una mala tentativa de atrapar un gato asombrosamente encaramado en el techo de un mingitorio callejero, y también la foto de la mujer rubia y el adolescente. El negativo era tan bueno que preparó una ampliación; la ampliación era tan buena que hizo otra mucho más grande, casi como un afiche. No se le ocurrió (ahora se lo pregunta y se lo pregunta) que sólo las fotos de la Conserjería merecían tanto trabajo. De toda la serie, la instantánea en la punta de la isla era la única que le interesaba; fijó la ampliación en una pared del cuarto, y el primer día estuvo un rato mirándola y acordándose, en esa operación comparativa y melancólica del recuerdo frente a la perdida realidad; recuerdo petrificado, como toda foto, donde nada faltaba, ni siquiera y sobre todo la nada, verdadera fijadora de la escena. Estaba la mujer, estaba el chico, rígido el árbol sobre sus cabezas, el cielo tan fijo como las piedras del parapeto, nubes y piedras confundidas en una sola materia inseparable (ahora pasa una con bordes afilados, corre como en una cabeza de tormenta). Los dos primeros días acepté lo que había hecho, desde la foto en sí hasta la ampliación en la pared, y no me pregunté siquiera por qué interrumpía a cada rato la traducción del tratado de José Norberto Allende para reencontrar la cara de la mujer, las manchas oscuras en el pretil. La primera sorpresa fue estúpida; nunca se me había ocurrido pensar que cuando miramos una foto de frente, los ojos repiten exactamente la posición y la visión del objetivo; son esas cosas que se dan por sentadas y que a nadie se le ocurre considerar. Desde mi silla, con la máquina de escribir por delante, miraba la foto ahí a tres metros, y entonces se me ocurrió que me había instalado exactamente en el punto de mira del objetivo. Estaba muy bien así; sin duda era la manera más perfecta de apreciar una foto, aunque la visión en diagonal pudiera tener sus encantos y aun sus descubrimientos. Cada tantos minutos, por ejemplo cuando no encontraba la manera de decir en buen francés lo que José Alberto Allende decía en tan buen español, alzaba los ojos y miraba la foto; a veces me atraía la mujer, a veces el chico, a veces el pavimento donde una hoja seca se había situado admirablemente para valorizar un sector lateral. Entonces descansaba un rato de mi trabajo, y me incluía otra vez con gusto en aquella mañana que empapaba la foto, recordaba irónicamente la imagen colérica de la mujer reclamándome la fotografía, la fuga ridícula y patética del chico, la entrada en escena del hombre de la cara blanca. En el fondo estaba satisfecho de mí mismo; mi partida no había sido demasiado brillante, pues si a los franceses les ha sido dado el don de la pronta respuesta, no veía bien por qué había optado por irme sin una acabada demostración de privilegios, prerrogativas y derechos ciudadanos. Lo importante, lo verdaderamente importante era haber ayudado al chico a escapar a tiempo (esto en caso de que mis teorías fueran exactas, lo que no estaba suficientemente probado, pero la fuga en sí parecía demostrarlo). De puro entrometido le había dado oportunidad de aprovechar al fin su miedo para algo útil; ahora estaría arrepentido, menoscabado, sintiéndose poco hombre. Mejor era eso que la compañía de una mujer capaz de mirar como lo miraban en la isla; Michel es puritano a ratos, cree que no se debe corromper por la fuerza. En el fondo, aquella foto había sido una buena acción.
No por buena acción la miraba entre párrafo y párrafo de mi trabajo. En ese momento no sabía por qué la miraba, por qué había fijado la ampliación en la pared; quizá ocurra así con todos los actos fatales, y sea esa la condición de su cumplimiento. Creo que el temblor casi furtivo de las hojas del árbol no me alarmó, que seguí una frase empezada y la terminé redonda. Las costumbres son como grandes herbarios, al fin y al cabo una ampliación de ochenta por sesenta se parece a una pantalla donde proyectan cine, donde en la punta de una isla una mujer habla con un chico y un árbol agita unas hojas secas sobre sus cabezas.
Pero las manos ya eran demasiado. Acababa de escribir: Donc, la seconde clé réside dans la nature intrinsèque des difficultés que les sociétés —y vi la mano de la mujer que empezaba a cerrarse despacio, dedo por dedo. De mí no quedó nada, una frase en francés que jamás habrá de terminarse, una máquina de escribir que cae al suelo, una silla que chirría y tiembla, una niebla. El chico había agachado la cabeza, como los boxeadores cuando no pueden más y esperan el golpe de desgracia; se había alzado el cuello del sobretodo, parecía más que nunca un prisionero, la perfecta víctima que ayuda a la catástrofe. Ahora la mujer le hablaba al oído, y la mano se abría otra vez para posarse en su mejilla, acariciarla y acariciarla, quemándola sin prisa. El chico estaba menos azorado que receloso, una o dos veces atisbó por sobre el hombro de la mujer y ella seguía hablando, explicando algo que lo hacía mirar a cada momento hacia la zona donde Michel sabía muy bien que estaba el auto con el hombre del sombrero gris, cuidadosamente descartado en la fotografía pero reflejándose en los ojos del chico y (cómo dudarlo ahora) en las palabras de la mujer, en las manos de la mujer, en la presencia vicaria de la mujer.

Cuando vi venir al hombre, detenerse cerca de ellos y mirarlos, las manos en los bolsillos y un aire entre hastiado y exigente, patrón que va a silbar a su perro después de los retozos en la plaza, comprendí, si eso era comprender, lo que tenía que pasar, lo que tenía que haber pasado, lo que hubiera tenido que pasar en ese momento, entre esa gente, ahí donde yo había llegado a trastrocar un orden, inocentemente inmiscuido en eso que no había pasado pero que ahora iba a pasar, ahora se iba a cumplir. Y lo que entonces había imaginado era mucho menos horrible que la realidad, esa mujer que no estaba ahí por ella misma, no acariciaba ni proponía ni alentaba para su placer, para llevarse al ángel despeinado y jugar con su terror y su gracia deseosa. El verdadero amo esperaba, sonriendo petulante, seguro ya de la obra; no era el primero que mandaba a una mujer a la vanguardia, a traerle los prisioneros maniatados con flores. El resto sería tan simple, el auto, una casa cualquiera, las bebidas, las láminas excitantes, las lágrimas demasiado tarde, el despertar en el infierno. Y yo no podía hacer nada, esta vez no podía hacer absolutamente nada. Mi fuerza había sido una fotografía, ésa, ahí, donde se vengaban de mí mostrándome sin disimulo lo que iba a suceder. La foto había sido tomada, el tiempo había corrido; estábamos tan lejos unos de otros, la corrupción seguramente consumada, las lágrimas vertidas, y el resto conjetura y tristeza. De pronto el orden se invertía, ellos estaban vivos, moviéndose, decidían y eran decididos, iban a su futuro; y yo desde este lado, prisionero de otro tiempo, de una habitación en un quinto piso, de no saber quiénes eran esa mujer, y ese hombre y ese niño, de ser nada más que la lente de mi cámara, algo rígido, incapaz de intervención. Me tiraban a la cara la burla más horrible, la de decidir frente a mi impotencia, la de que el chico mirara otra vez al payaso enharinado y yo comprendiera que iba a aceptar, que la propuesta contenía dinero o engaño, y que no podía gritarle que huyera, o simplemente facilitarle otra vez el camino con una nueva foto, una pequeña y casi humilde intervención que desbaratara el andamiaje de baba y de perfume. Todo iba a resolverse allí mismo, en ese instante; había como un inmenso silencio que no tenía nada que ver con el silencio físico. Aquello se tendía, se armaba. Creo que grité, que grité terriblemente, y que en ese mismo segundo supe que empezaba a acercarme, diez centímetros, un paso, otro paso, el árbol giraba cadenciosamente sus ramas en primer plano, una mancha del pretil salía del cuadro, la cara de la mujer, vuelta hacia mí como sorprendida iba creciendo, y entonces giré un poco, quiero decir que la cámara giró un poco, y sin perder de vista a la mujer empezó a acercarse al hombre que me miraba con los agujeros negros que tenía en el sitio de los ojos, entre sorprendido y rabioso miraba queriendo clavarme en el aire, y en ese instante alcancé a ver como un gran pájaro fuera de foco que pasaba de un solo vuelo delante de la imagen, y me apoyé en la pared de mi cuarto y fui feliz porque el chico acababa de escaparse, lo veía corriendo, otra vez en foco, huyendo con todo el pelo al viento, aprendiendo por fin a volar sobre la isla, a llegar a la pasarela, a volverse a la ciudad. Por segunda vez se les iba, por segunda vez yo lo ayudaba a escaparse, lo devolvía a su paraíso precario. Jadeando me quedé frente a ellos; no había necesidad de avanzar más, el juego estaba jugado. De la mujer se veía apenas un hombro y algo de pelo, brutalmente cortado por el cuadro de la imagen; pero de frente estaba el hombre, entreabierta la boca donde veía temblar una lengua negra, y levantaba lentamente las manos, acercándolas al primer plano, un instante aún en perfecto foco, y después todo él un bulto que borraba la isla, el árbol, y yo cerré los ojos y no quise mirar más, y me tapé la cara y rompí a llorar como un idiota.

Ahora pasa una gran nube blanca, como todos estos días, todo este tiempo incontable. Lo que queda por decir es siempre una nube, dos nubes, o largas horas de cielo perfectamente limpio, rectángulo purísimo clavado con alfileres en la pared de mi cuarto. Fue lo que vi al abrir los ojos y secármelos con los dedos: el cielo limpio, y después una nube que entraba por la izquierda, paseaba lentamente su gracia y se perdía por la derecha. Y luego otra, y a veces en cambio todo se pone gris, todo es una enorme nube, y de pronto restallan las salpicaduras de la lluvia, largo rato se ve llover sobre la imagen, como un llanto al revés, y poco a poco el cuadro se aclara, quizá el sol, y otra vez entran las nubes, de a dos, de a tres. Y las palomas, a veces, y uno que otro gorrión.

Julio Cortázar
(1914-1984)
(Las armas secretas, 1959)

Los 100 mejores cuentos de la historia
MC
Salta – Argentina
Abril 2015

“Jairo” (Marito Gonzalez que es un orgullo nacional)

Este martes el cantante y compositor argentino, Jairo, recibió la Mención de Honor “Senador Domingo F. Sarmiento”.  Jairo le puso la voz al regreso de la democracia. Por su talento, su trayectoria, y su integridad personal.

Me gusta recordar que un sábado, Jairo, contó que de pronto, como un milagro, la negra Mercedes Sosa se le sentó al lado en su lecho de enfermo. El estaba en terapia intensiva, aturdido de medicamentos y calmantes, peleándole a la muerte. Mercedes se agachó y le cantó a Jairo al oído: “Duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo”. Cuando se recuperó, Jairo les dijo a sus hijos: “Pensé que me había ido para el otro barrio: escuché una voz celestial”.

En ese momento, yo pensé que después del paso de la Negra a la eternidad, la gran voz argentina es la de Jairo. Por su caudal incomparable, por su personalidad, por la transparencia de su corazón y porque es capaz de convertir en oro cualquier canción que caiga en sus manos. Un médico especialista en gargantas de cantores llegó a decir que las cuerdas vocales de Jairo eran fuertes como las piernas de un futbolista.

Confieso que vivo sus recitales en estado de felicidad completa. Pocas veces la emoción se hace catarata de excelencia musical. El orgullo de cantar el traje a medida que le compusieron Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. La poesía arisca y despojada de Don Ata que lo distinguió con su amistad y le hizo decir como declaración de principios: “Yo tengo tanto hermanos que no los puedo nombrar y una hermana muy hermosa que se llama libertad”. Y esa es la palabra, libertad, ese el emblema de lucha de todo artista popular insobornable como Jairo. Libertad para vivir y para crear. Libertad en las formas y en el fondo. Por eso hay pocos que cantan el himno o el Ave María como Jairo. Son como plegarias de coraje y bienaventuranza para su gente. Es como si se hubiera apropiado de la honradez y la humildad del médico de su familia, el ex presidente don Arturo Illia.

Jairo y Luis Landriscina derraman como lágrimas las coplas desgarradas por el desmonte chaqueño que transforma árboles de vida en cementerios de arena. Jairo la canta en castellano y después en mocoví. Porque Landriscina le pidió al cacique mocoví que le tradujera sus palabras como un certificado de autenticidad. Y después canta en francés con su hijo Yaco al piano. Y el tema que escribió a modo de despedida y buenos deseos cuando su hija Lucía se fue a vivir a España. Y el amor por Teresa, la gran mujer que lo sostiene.

Y el recuerdo para Félix Luna con el antiguo dueño de las flechas que hace temblar el teatro y que todos llaman “Indio toba”. Jairo luce como una perla tanto en diálogo con Julio Cortázar en Paris como invitando a la Moña Jiménez a cantar en el primer teatro de Córdoba a donde la Mona no podía entrar por pobre, morocho y cuartetero. De su matrimonio artístico con el Daniel Salzano nacieron varias de sus mejores joyas.

Jairo sí que es un ejemplo. Siempre con la democracia. Siempre contra todo tipo de autoritarismo. Siempre la siembra y nunca la destrucción. Jamás un escándalo, una aflojada. Ética y estética con tonada cordobesa y cadencia de Montmartre. Al final no tuve más remedio que preguntarme por deformación profesional: ¿Cuántos Jairos necesitamos los argentinos para convertirnos en una Nación de ciudadanos? ¿Cuántos artistas populares resumen en forma tan contundente la identidad, la honestidad, la excelencia y el compromiso ciudadano que tanta falta nos hace en todos los niveles? Como hincha de Talleres que soy, el único defecto que le conozco a Jairo es que lleva los colores de Instituto en su corazón. Algo de la gloria siempre tuvo y tendrá, lo debo reconocer. Cruz del Eje se llama así porque el eje de una carreta de los conquistadores se utilizó para clavar un crucifijo sobre la tumba de un valiente cacique Comechingón. Allí nació el hijo de Ramón, el ferroviario riojano y Esther, la tana, en el barrio de La Banda. Allí nació ese muchacho que deslumbro al mundo desde el Olimpia de Paris. Así se hizo gigante y se llamó Jairo. De ese nombre bíblico que en arameo significa iluminado fiel a este morocho argentino que cada día canta mejor y se parece más a Gardel. Fue la música, el himno de la democracia a la hora de su retorno para siempre. Fue su grito de Venceremos y el desafío de no tener miedo nunca más. Hoy es urgente recuperar aquellos valores y firmar un nuevo contrato republicano. Para decir como siempre, Nunca Mas a las dictaduras. Pero para llenar de contenido igualitario y honrado a la democracia. Y la imagen de Jairo nos puede servir como ejemplo.